septiembre 6, 2009

Música, ¿evolución del lenguaje de las emociones?

Posted in Psicologia a 6:54 pm por Autor

Música, ¿evolución del lenguaje de las emociones?

«…la música es formalmente análoga a la vida emotiva; en ambas realidades existen formas de crecimiento y atenuación, de flujo veloz y aminorado, de detención, de terrible excitación, de calma o de sutil activación y de intervalos soñadores.»
Felix Meldensson

Todos, en algún momento, nos hemos emocionado al escuchar alguna canción y, por lo tanto, a partir de esta experiencia, compartimos con la mayoría de las personas la antigua y extendida idea de que la música tiene una capacidad extraordinaria de evocar y expresar nuestras emociones más profundas. De hecho, los efectos emocionales de la música son centrales para que disfrutemos de ella. Esta capacidad es particularmente intrigante porque, a diferencia de la mayoría de los otros estímulos que evocan nuestras emociones, tales como el olor, el gusto o la expresión facial, la música en sí no tiene ningún valor biológico o de supervivencia intrínseco que sea obvio.

El hecho de que la música, tal y cómo lo demuestran numerosos estudios, active estructuras del cerebro que igualmente se activan en otros estados de euforia inducidos por estímulos tales cómo el alimento, el sexo y el abuso de drogas, implica que la estimulación musical se relaciona con estímulos biológicamente muy relevantes para la supervivencia, dada su convergencia con los circuitos del cerebro implicados en el placer y la recompensa.

Esto es muy importante porque la música ni es estrictamente necesaria para la supervivencia biológica ni para la reproducción, ni tampoco es una sustancia farmacológica. La activación de estos sistemas cerebrales en respuesta a un estímulo abstracto como la música puede representar una propiedad emergente de la complejidad de la cognición humana. Quizás a medida que se fueron formando puentes o acoplamientos anatómicos y funcionales entre los sistemas cerebrales filogenéticos, es decir, entre los sistemas más antiguos relacionados con la supervivencia y los sistemas más nuevos relacionados con las capacidades cognitivas, aumentó nuestra capacidad general de asignar significado a los estímulos abstractos y, con ello, nuestra capacidad de experimentar placer con estos estímulos musicales abstractos también aumentó.

Lo interesante de este aspecto es que la existencia de patrones acústicos específicos que influyen en nuestros estados emocionales no es una capacidad exclusiva ni de la música ni tampoco de los seres humanos. Sabemos, a partir de la obra de Darwin, que las vocalizaciones de los animales han sido conformadas por la selección natural para comunicar información específica acerca del estado emocional del emisor de la señal. Por ejemplo, se sabe que muchas de las llamadas de sumisión o afiliativas tienden a estar armónicamente estructuradas, que las llamadas de atención, en su mayoría, tienden a subir en frecuencia, y que las de agresión son generalmente cortas y a modo de “staccato”. Es muy interesante que muchos de estos patrones aparezcan en las vocalizaciones humanas como, por ejemplo, la risa y el llanto, las señales paralingüísticas que están integradas y dan el contexto emocional sobre de nuestro lenguaje verbal, el habla materna e incluso los sonidos que utilizamos para entrenar a los animales. Algunos científicos piensan que estos sonidos son imitados por los diversos instrumentos musicales, que posiblemente actúan como estímulos supernormales, es decir, estímulos artificiales que tienen un mayor impacto como desencadenadores sociales que los estímulos naturales que normalmente provocan las respuestas (un ejemplo clásico es el diseño de un huevo artificial cuatro veces más grande y más llamativo que el natural, al que los padres preferirán incubar, incluso llegando a sacar los huevos naturales del nido).

Por lo tanto, humanos y animales no humanos codificamos información emocional en nuestras vocalizaciones y poseemos sistemas perceptuales que han sido diseñados por la evolución para responder apropiadamente a estas señales. Dada su evolución ancestral, nuestra facultad musical pudo perfectamente haber integrado este mecanismo para utilizarlo en la música, aunque este no haya evolucionado específicamente para esta función. Esto lleva a que hoy en día la música siga desempeñando esta función adaptativa, regulando, o al menos influyendo, nuestras emociones. Por ejemplo, los ritmos activan ciertos procesos fisiológicos, incluso en los vertebrados inferiores. Es así como con un metrónomo se pueden acompasar los movimientos del opérculo branquial de ciertos peces y acelerarlos o retardarlos. Si a un sujeto cuyos latidos se han acelerado previamente mediante algún ejercicio físico, se le cantan canciones de cuna, la frecuencia de su pulso disminuirá más rápidamente que en el caso de personas que no han escuchado nada o sólo música de jazz. Dicho efecto lo logran, también, las canciones de cuna de las más diversas culturas. Este fenómeno universal de las culturas humanas —la canción de cuna—­ se caracteriza por estar compuesto en intervalos de terceras menores y reproducir, en la melodía y el compás, el ritmo respiratorio lento del bebé y el niño al dormir.

Al investigar las reacciones a distintos tipos de música midiendo la presión sanguínea, la frecuencia cardiaca y otros cambios fisiológicos mientras los oyentes escuchaban diversos tipos de música, se concluyó que la música con un tiempo o pulso rápido y escrita en una escala mayor está asociada justamente con la inducción de felicidad, que un tiempo lento en escalas menores induce tristeza y que un tiempo rápido combinado con armonías disonantes induce miedo.

La experiencia musical también tiene un significado interpersonal, creando un mundo de fantasía en donde se elaboran situaciones en las que se participa simbólicamente, evocando tendencias propias hacia otras personas con un significado universal para todos. Un ejemplo claro es la música de marcha militar que se interpreta a los soldados al ir a la guerra. Está diseñada para fomentar una actitud positiva y de autoconfianza, de dominancia, orgullo, exhibicionismo y agresión. En estos mismos términos transculturales, una serie de estudios recientes concluyen que en todas las culturas se hacen juicios similares sobre la emoción que provocan determinadas melodías, lo que sugiere que al menos algunas de las señales emocionales en la música (tiempo, altura y modos) son compartidas interculturalmente, y apuntan a que puedan existir mecanismos innatos para percibir la emoción que tanto compositores como músicos buscan provocar con la música.

Finalmente, existen numerosos estudios que verifican la capacidad de la música para inducir placer intenso y estimular los sistemas endógenos de la recompensa, los que sugiere que, aunque la música puede no ser imprescindible para la supervivencia de la especie humana, puede, de hecho, poseer un beneficio biológico muy significativo, y generalmente subestimado, en cuanto a su potencial para influir en nuestras emociones y nuestra conducta y, por lo tanto, contribuir a nuestro bienestar mental y físico.

septiembre 3, 2009

De lo ANIMAL, lo HUMANO y lo DIVINO; ALMA; eSPIRitu;

Posted in Palabras ardientes, Psicologia a 6:19 pm por Autor

Psicólogo y músico. Doctorando en comportamiento animal (Etología). Su trabajo se enfoca principalmente en el comportamiento social de los Cetáceos (ballenas y delfines) y otros mamíferos marinos. Tratará aquí, cada día 2, de cuáles son las “pautas que conectan” el comportamiento del ser humano con los demás animales, sustentando la idea de la “interrelación” entre todo lo vivo, a partir de una integración de diversas disciplinas tales como la Etología, la Psicología y la Ecología.

Animal, un término que perdió su significado
Uno de los paradigmas más generalizados respecto a nuestra concepción de los animales proviene de la visión experimentada por Rene Descartes el 10 de noviembre de 1619. Descartes, que era creyente, afirmó haberla recibido del “ángel de la verdad”. Su visión, la de un mundo de apariencia mecánica gobernado enteramente por leyes universales escritas en el lenguaje de las matemáticas, sin espontaneidad ni libertad inherente, dio lugar a la teoría mecanicista de la naturaleza. De esta manera, a la naturaleza se le extirpo el alma y con ello, los animales, las plantas y también el cuerpo humano, pasaron a ser máquinas inanimadas. La única parte del mundo material no enteramente mecánica del universo era una pequeña región del cerebro humano, la glándula pineal, en la que la mente consciente y racional del ser humano interactuaba de alguna manera con la maquinaria del sistema nervioso. Anteriormente, el alma se hallaba en el cuerpo o el cuerpo en el alma, pero a partir de este momento, el alma comenzó a existir solo en el cerebro humano.

Esta visión de los animales carentes de alma, que atañó a toda la naturaleza, fue el paradigma principal de la revolución científica del siglo XVII y aun hoy día es compartida por gran parte de los científicos modernos. Como consecuencia, los animales no poseen ya alma ni propósitos propios y toda su conducta está sujeta únicamente a leyes mecánicas.

La gran paradoja etimológica es que la palabra animal deriva de la palabra latina “animalis” que significa “lo que vive”, además de “animus” que se traduce como “ser dotado de respiración o del soplo vital”, también llamado “ánima”. Es decir, animal sería aquel ser dotado de ánima, esto es, de alma. Esta palabra posee la misma raíz de la palabra “animar” la cual significa energizar, llenar de respiración, de vitalidad.

Resulta significativo, además, el hecho de que la palabra latina psyche del término griego psykhe, o psiche (el aliento de vida) provienen del verbo psychein, que significa “soplar”, por lo que el término significa soplo, aliento, ánimo (alma). Los griegos creían que en el instante de morir un ser humano exhalaba su último aliento, y éste abandonaba los restos corporales volando en forma de mariposa, de ahí la representación en la mitología de la diosa Psiquis como una adolescente con alas de mariposa. Esta relación entre soplar y espíritu aparece ya en La Biblia, en la que encontramos varias referencias al “espíritu” de Dios en forma de aliento o soplo. Por ejemplo, en el Génesis se menciona que Dios le dio la vida a Adán soplando, traspasándole su aliento, su ánimo, su espíritu. En la actualidad, cuando alguien muere, se dice que “expira”, que exhala su último aliento, que deja ir el alma.

La Psicología (estudio de la psykhe) sería, por tanto, etimológicamente hablando,“el estudio del alma”, la “ciencia del alma”, y si animal significa “el que tiene alma” entonces la Psicología es el estudio del alma en los seres “animados” es decir el estudio de la “Psiquis o alma de los animales”, humanos y no humanos.
Relacionado con el significado de alma se encuentra la palabra “espíritu”, la cual procede del latín spiritus (soplo, aire respirado, aliento), del verbo spirare (spiratus), que significa “soplar el viento”, y por extensión metafórica, respirar, alentar, suspirar, exhalar. Lo que en griego se denominaba pnéuma.
Y siguiendo con las paradojas, la palabra “Biología”, la cual proviene del griego bio (vida) y logía-+ (ciencia) y que originalmente hacía referencia a la vida como “historia o desarrollo espiritual” se utiliza hoy en día solamente para el estudio de la vida orgánica y principalmente desde una visión reduccionista y mecanicista, quedando y manteniéndose completamente separada del estudio del espíritu (o alma, según hemos señalado). El ejemplo original lo tenemos en la palabra “biografía”, que no se refiere a la vida orgánica, sino a la historia. La vida orgánica, por el contrario, era designada por la palabra griega zoé, (zôon) referida a la vida animal, vida animada, con la cual se ha construido la palabra zoología, limitada al reino animal.
En este punto y a modo de resumen, podemos llegar a las siguientes equivalencias: soplo vital = aliento = alma = anima = animal / Alma = psiquis = espíritu

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra animal significa: el ser orgánico que vive, siente y se mueve por propio impulso. Esta definición nos remite a la presencia de sensaciones, percepciones, necesidades, emociones e incluso sentimientos, la presencia de una personalidad, de una “subjetividad”, una estructura que refleja el mundo desde su propia determinación estructural, desde su propio sistema nervioso.

Por lo tanto, si el alma o ánima es la vida que existe y fluye entre los seres animados (a diferencia de los inanimados), entonces todos los animales estamos provistos de alma, ya que todos los animales tenemos y compartimos un nivel de existencia “anímica”.
Obviamente la definición etimológica no es ni el único ni el principal criterio a tomar en cuenta a la hora de realizar distinciones entre lo que caracteriza a los seres vivos y objetos inanimados y a lo que nos distingue del resto de las especies (si así fuera podríamos llegar a decir decir que los “neumáticos” poseen un “alma espiritual”, ya que esta palabra proviene del griego pneumaticos). Dicho esto, creo que entender el origen de la palabra animal nos aporta un interesante “punto de partidapara cuestionar algunas concepciones, que surgiendo con posterioridad al origen de las palabras, han cambiado el verdadero sentido de éstas llevándolas en algunos casos al polo opuesto de su significado original. En la actualidad el mecanicismo cartesiano extirpó el alma a los animales (los dotados de alma), y su enfoque reduccionista ha llevado a que conceptos como alma o espíritu sean tabúes para la ciencia, al menos para una parte muy importante de ella. ¿debemos mantener la paradoja?

agosto 21, 2009

Mundus Imaginalis; CoNCieNCia iMaGiNaTiVa; iMaGiNaCióN CoGNiTiVa;

Posted in Alquimia, Belleza, Kábala, MAGICK, Psicologia a 1:52 pm por Autor

Mundus Imaginalis: lo imaginario & lo imaginal

por Henri Corbin

(traducción de Enrique Eskenazi)

Al proponer las dos palabras latinas “mundus imaginalis” como título de esta discusión, me propongo tratar un orden preciso de realidad que corresponde a un modo preciso de percepción, porque la terminología latina tiene la ventaja de proporcionarnos un punto técnico y fijo de referencia, con el cual podemos comparar los diversos equivalentes más o menos no resueltos que nuestros modernos lenguajes Occidentales sugieren.
Y haré inmediatamente una concesión. La elección de estas dos palabras se me impuso hace tiempo, porque me resultaba imposible quedar satisfecho con la palabra “imaginario” para aquello que tenía que traducir o decir. Esto no es, bajo ningún aspecto, una crítica dirigida a aquellos de nosotros para quienes el uso del lenguaje nos obliga a recurrir a esta palabra, y que intentamos juntamente reevaluarla en un sentido positivo. Sin tomar en cuenta nuestros esfuerzos, empero, no podemos impedir que la expresión “imaginario”, en su uso corriente y no deliberado, equivalga a significar irreal, aquello que es y permanece fuera de la existencia, en breve: algo ‘utópico’. Me vi obligado a encontrar otra expresión, porque a lo largo de muchos años he sido, por vocación y profesión, un intérprete de textos Arabes y Persas, cuyo propósito seguramente habría traicionado si me hubiera contentado -aún con todas las precauciones – con el término ‘imaginario’. Me vi totalmente obligado a hallar otro término para no confundir al lector occidental, ya que es cuestión de desarraigar hábitos de pensamiento largo tiempo establecidos, a fin de despertarle a un orden de cosas, desvelar cuyo significado es la misión de nuestro coloquio en la “Sociedad de Simbolismo
En otras palabras, si usualmente hablamos de ‘imaginario’ como lo irreal, lo utópico, ésto debe ser síntoma de algo. En contraste con este algo, podemos examinar juntos brevemente ese orden de realidad que designo como “mundus imaginalis” y que los teósofos del Islam designan como el “octavo clima”; luego examinaremos el órgano que percibe esta realidad, es decir, la conciencia imaginativa, la Imaginación “cognitiva”; y finalmente, presentaremos varios ejemplos, entre otros, por supuesto, que nos sugieren la topografía de estos mundos internos, tal como han sido vistos por aquellos que “realmente” han estado allí.

1. “NA-KOJO-ABAD” O EL “OCTAVO CLIMA”
Acabo de mencionar la palabra “utópico”. Es raro, o un ejemplo decisivo, que nuestros autores usan un término en Persa que parece su calco lingüístico: “Na-kojo- Abad”, la “tierra de ningún lugar (No-where)”. Esto, empero, es algo completamente distinto de una “utopía”
Tomemos los hermosísimos cuentos -simultáneamenta cuentos visionarios y cuentos de iniciación espiritual- compuestos en Persa por Sohravardi, el joven sheik que, en el siglo XII, fue quien “revivió la teosofía de la antigua Persia” en el Irán islámico. Cada vez el visionario se encuentra, al comenzar el cuento, en presencia de una figura sobrenatural de gran belleza, a quien el visionario pregunta “quién” es y “de dónde” viene. Estos cuentos esencialmente ilustran la experiencia del gnóstico, vivida como la historia personal del Extranjero, el cautivo que aspira regresar a casa.

Al comienzo del cuento que Sohravardi titula “El Arcángel Escarlata”, el cautivo, que acaba de huir de la vigilancia de sus carceleros, esto es, que ha abandonado temporalmente el mundo de la experiencia sensorial, se encuentra en el desierto en presencia de un ser al que pregunta, ya que le ve con todos los encantos de la adolescencia, “Oh Joven! ¿De dónde vienes?” Y recibe por respuesta: “¿Qué? Soy el primogénito de los niños del Creador (en términos gnósticos, el “Protoktistos”, el Primer-Creado) y sin embargo me llamas joven?” Ahí, en este origen, está el misterio del color escarlata que reviste su apariencia: aquella de un ser de pura Luz cuyo resplandor se reduce, en el mundo sensible, al escarlata del atardecer. “Vengo de más allá de la montaña de Qaf… Es allí donde estabas tú mismo al comienzo, y es allí adonde retornarás cuando finalmente te liberes de tus ataduras”
La montaña de Qaf es la montaña cósmica constituida de cumbre en cumbre, y de valle en valle, por las Esferas celestes que están encerradas una dentro de otra. ¿Cuál es, entonces, el camino que conduce fuera de ella? ¿Cuán largo es? “No importa cuánto camines” se le responde, “está en el punto de partida el que vuelvas allí”, como la punta del compás que regresa al mismo sitio. ¿Implica esto simplemente dejarse a uno mismo a fin de alcanzarse a uno mismo? No exactamente. Entre los dos, un gran acontecimiento habrá cambiado todo; el “sí mismo” que se encuentra allí es aquél está más allá de la montaña de Qaf, un sí mismo superior, un sí mismo “en segunda persona”. Habrá sido necesario, como Khezr (o Kadir, el misterioso profeta, el eterno viajero, Elijah o alguien como él) bañarse en la Fuente de la Vida. “Aquél que ha encontrado el significado de la Verdadera Realidad ha llegado a esa Fuente. Cuando emerge de la Fuente, ha logrado la Aptitud que le vuelve como un bálsamo, una gota del cual destilas en el hueco de tu mano sujetándolo mientras encaras el sol, y entonces pasa a través del dorso de tu mano. Si eres Khezr, también puedes pasar sin dificultad a través de la montaña de Qaf”

Otros dos cuentos místicos dan nombre a ese “más allá de la montaña de Qaf” y es este mismo nombre el que marca la transformación de montaña cósmica a montaña psicocósmica, esto es, la transición del cosmos físico a lo que constituye el primer nivel del universo espiritual. En el cuento titulado “El murmullo de las alas de Gabriel” reaparece la figura que, en las obras de Avicena, es llamada Hayy ibn Yaqzan (“El Viviente, hijo del Vigía”) y quien, recién ahora, es llamado como el Arcángel Escarlata. Se pregunta la cuestión que ha de ser preguntada, y la respuesta es: Vengo de “Na-koja-Abad”. Finalmente, en el cuento titulado “Vade Mecum del Creyente Enamorado” (Mu’nis al-‘oshshaq) que pone en escena una triada cosmogónica cuyos dramatis personae son respectivamente la Belleza, el Amor y la Tristeza, la Tristeza aparece a Ya’qab llorando por José en la tierra de Canaan. A la pregunta “¿Qué horizonte penetraste para llegar aquí?” se da la misma respuesta: “Vengo de Na-koja-Abad”

“Na-koja-Abad” es un término extraño. No aparece en ningún diccionario Persa, y fue acuñado, por lo que sé, por Sohravardi mismo, a partir de los recursos del más puro lenguaje persa. Literalmente, como he mencionado hace un momento, significa la ciudad, el campo o la tierra (abad) de ningún lugar (no-where): Na-koja. Por ello estamos aquí en presencia de un término que, a primera vista, podría parecer el equivalente exacto de utopía, el cual, a su vez, no aparece en los diccionarios clásicos Griegos, y fue acuñado por Thomas Moro como un término abstracto para designar la ausencia de cualquier localización, de cualquier situs dado en un espacio verificable por la experiencia de los sentidos. Etimológica y literalmente, sería acaso exacto traducir Na-koja-Abad por “utopía”, y sin embargo por lo que refiere al concepto, al sentido, a la intención, creo que sería una mala traducción. Me parece por ello que es de fundamental importancia intentar, al menos, determinar porqué sería ésta una mala traducción.

Es incluso un asunto de precisión indispensable, si queremos entender el significado y la implicación real de la múltiple información referente a las topografías exploradas en el estado visionario, el estado intermedio entre la vigilia y la información del sueño que, por ejemplo, entre los individuos del Islam Chi’ita se refiere como “la tierra del Imam oculto”. Una cuestión de precisión que, al volvernos sensibles a un modo diferente de apreciar una región entera del alma, y por lo mismo a una entera cultura espiritual, nos llevaría a preguntar: ¿qué condiciones hacen posible aquello que ordinariamente llamamos una utopía, y consiguientemente el tipo de un hombre utópico? ¿Cómo y cuándo hace su aparición? Me pregunto, en efecto, si el equivalente se podría encontrar en el pensamiento Islámico en su forma tradicional. No creo, por ejemplo, que cuando Farabi, en el siglo X, describe la “Ciudad Perfecta”, o cuando el filósofo andaluz Ibn Bajja (Avempace) en el siglo XII toma el mismo tema en su “Régimen del Solitario”, no creo que ninguno de ellos tomara en cuenta lo que hoy llamamos una utopía social o política. Entenderlos de este modo sería, me temo, alejarlos de sus propios presuposiciones y perspectivas, a fin de imponerles nuestras propias dimensiones; por encima de todo, me temo que ello implicaría resignarnos a confundir la Ciudad Espiritual con una Ciudad imaginaria.

La expresión Na-koja-Abad no designa algo como un ser inextenso, en un estado sin dimensión. La palabra persa “abad” ciertamente significa una ciudad, una tierra y un pueblo cultivados, y por tanto algo extenso. Lo que Sohravadi significa por estar “más allá de la montaña de Qaf” es lo mismo, y con él toda la tradición teológica del Irán, que representa el compuesto de las ciudades místicas de Jabalqa, Jabarsa, y Hurqalya. Topográficamente, afirma precisamente que esta región comienza “en la superficie convexa” de la Novena Esfera, la Esfera de las Esferas, o la Esfera que incluye la totalidad del cosmos. Esto significa que comienza en el exacto momento en que uno abandona la suprema Esfera, que define toda posible orientación en nuestro mundo (o en este lado del mundo), la “Esfera” a la que se refieren los puntos cardinales celestes. Es evidente que una vez que se cruza este límite, la pregunta “¿dónde?” (ubi, koja) pierde significado, al menos el significado en que se pregunta en el espacio de nuestra experiencia sensible. Así el nombre “Na-koja-Abad”: un lugar fuera del lugar, un “lugar” que no está contenido en un lugar, en un “topos”, que permite una respuesta, con un gesto de la mano, a la pregunta “¿dónde?” Pero cuando decimos “alejarse desde el donde”, ¿qué significa ésto?

Ciertamente no puede relacionarse con un cambio de posición local, un transferir físico de un lugar a otro lugar, como si involucrara lugares contenidos en un simple espacio homogéneo. Como se sugiere, al final del cuento de Sohravardi, por el símbolo de la gota de bálsamo expuesta en el hueco de la mano al sol, es cuestión de entrar, pasar “al interior” y, al pasar al interior, de encontrarse paradójicamente “fuera” o, en el lenguaje de nuestros autores, “en la superficie convexa” de la Novena Esfera, exterior en otras palabras, “más allá de la montaña de Qaf”. La relación involucrada es esencialmente la de lo externo, lo visible, lo exotérico (en Arabe: zahir) y lo interno, lo invisible, lo esotérico (en árabe: batin), o el mundo natural y el mundo espiritual. Alejarse del “donde”, la categoría de ubi, es dejar las apariencias externas o naturales que encierran las realidades internas ocultas, como la almendra está escondida dentro de la cáscara. Este paso se hace a fin de que el Extranjero, el gnóstico, regrese a “casa”- o al menos para emprender a ese regreso.

Pero ocurre algo extraño: una vez se logra esta transición, resulta que a partir de ahora esta realidad, previamente interna y oculta, se revela como envoltura, entorno, conteniendo lo que al principio era del todo externo y visible, ya que mediante la “interiorización” uno ha abandonado esa realidad “externa”. De aquí en adelante, es la realidad espiritual la que encierra, rodea, contiene la realidad llamada material. Por ello la realidad espiritual no está “en el dónde”. Es el “donde” el que está en ella. O, mejor aún, es ella misma el dónde de todas las cosas; no está, por tanto, ella misma en un lugar, no cae bajo la pregunta :”¿dónde?” -al referirse la categoría ubi a un lugar en espacios sensibles. Su sitio (su abad) en relación a esto es Na-koja (ningún lugar, no-where), porque su ubi en relación a lo que está en el espacio sensible, es un ubique (por todas partes). Cuando hemos comprendido ésto, quizás hemos comprendido qué es esencial para seguir la topografía de las experiencias visionarias, para distinguir su significado (esto es, el significado y la dirección simultáneamente) y también para distinguir algo fundamental, o sea: lo que diferencia las percepciones visionarias de nuestros individuos espirituales (Soharavardi y muchos otros) con respecto a cualquier cosa que es subsumida por nuestro vocabulario moderno bajo el sentido peyorativo de invenciones, imaginaciones, incluso locura utópica.

Pero lo que debemos comenzar a destruir, hasta el límite en que podamos, aún a costa de una lucha retomada diariamente, es lo que puede llamarse la “reflexión agnóstica” en el hombre occidental, que ha consentido al divorcio entre “pensar” y “ser”. Cuántas teorías recientes se originan tácitamente en esta reflexión (entendida también como reflejo), gracias a la cual esperamos eludir la “otra realidad” ante la cual ciertas experiencias y evidencias nos colocan- y eludirla, en el caso donde secretamente nos sometemos a su atracción, dándole todo tipo de explicaciones ingeniosas, excepto una: aquella que verdaderamente permitiría que signifique para nosotros, por su existencia, lo que es! Para que signifique eso para nosotros, debemos, en todos los casos, disponer de una cosmología de tal tipo que hasta la más sorprendente información de la ciencia moderna respecto al universo físico es inferior a ella. Por que, en tanto sea una cuestión de ese tipo de información, permanecemos ligados a lo que está “de este lado de la montaña de Qaf”. Lo que distingue la cosmología tradicional de los teósofos del Islam, por ejemplo, es que la estructura en la cual los mundos e intermundos “más allá de la montaña de Qaf”, es decir, más allá de los universos físicos, están arreglados en niveles sólo es inteligible para una existencia en la cual el acto de ser esté de acuerdo con su presencia en aquellos mundos, ya que recíprocamente, es de acuerdo con este acto de ser que estos mundos se le presentan. ¿Qué dimensión, entonces, tiene que tener este acto de ser, a fin de ser o de devenir en el curso de sus futuros renacimientos, el sitio de estos mundos que están fuera del sitio de nuestro espacio natural? Y antes que nada, ¿qué son esos mundos?

Sólo puedo referirme aquí a pocos textos. Un número mayor se encontrará traducido y agrupado en el libro que he titulado “Cuerpo Espiritual y Tierra Celestial”. En su “Libro de Conversaciones” Sohravardi escribe: “Cuando aprendes en los tratados de los antiguos sabios que existe un mundo provisto con dimensiones y extensiones, distinto del pleroma de Inteligencias (esto es, un mundo por debajo de aquél de las puras Inteligencias arcangélicas)” y distinto del mundo gobernado por las Almas de las Esferas (esto es, un mundo que, mientras tiene dimensión y extensión, es diverso del mundo de los fenómenos sensoriales y superior a él, incluyendo el universo sideral, los planetas y las estrellas fijas), un mundo donde hay ciudades cuyo número es imposible de contar, ciudades entre las cuales nuestro Profeta mismo nombró a Jabalqa y Jabarse, no te precipites en llamarlo una mentira, pues los peregrinos del espíritu pueden contemplar ese mundo y allí encuentran todo lo que es objeto de su deseo

Estas pocas líneas nos remiten a un esquema sobre el cual están de acuerdos todos nuestros teósofos místicos, un esquema que articula tres universos, o mejor aún, tres categorías de universo. Está nuestro mundo sensorial físico, que incluye tanto nuestro mundo terrenal (gobernado por almas humanas) y el universo sideral (gobernado por las Almas de las Esferas); éste es el mundo sensible, el mundo de los fenómenos (molk). Hay el mundo suprasensorial de el Alma o Angeles-Almas, los Malakut, en el cual están las ciudades místicas que acabamos de nombrar, y que comienza “en la superficie convexa de la Novena Esfera“. Está el universo de las puras Inteligencias arcangélicas. A estos tres universos les corresponden tres órganos de conocimiento: los sentidos, la imaginación y el intelecto, una triada a la que corresponde la triada de la antropología: cuerpo, alma, espíritu -una triada que regula el triple crecimiento del hombre, extendiéndose desde este mundo a las resurrecciones en los otros mundos.

Observamos inmediatamente que ya no estamos reducidos al dilema de pensamiento y extensión, al esquema de una cosmología y una gnoseología limitada al mundo empírico y al mundo del entendimiento abstracto. Entre los dos está ubicado un mundo intermedio, al cual nuestros autores llaman “alam al-mithal”, el mundo de la Imagen, mundus imaginalis: un mundo tan ontológicamente real como el mundo de los sentidos y el mundo del intelecto, un mundo que requiere una facultad de percepción que le pertenece, una facultad que es una función cognitiva, de valor noético, tan plenamente real como las facultades de percepción sensorial o la intuición intelectual. Esta facultad es el poder imaginativo, que hay que evitar confundir con la imaginación que el hombre moderno identifica con “fantasía” y que, de acuerdo a él, produce sólo lo “imaginario”. Aquí estamos simultáneamente en el corazón de nuestra investigación y de nuestro problema terminológico.

¿Qué es este universo intermedio? Es aquél que mencionamos hace un momento como “el octavo clima”. Para todos nuestros pensadores, de hecho, el mundo de la extensión perceptible a los sentidos incluye los “siete climas” de su geografía tradicional. Pero hay aún otro clima, representado por este mundo que, empero, posee extensión y dimensiones, formas y colores, sin que sean perceptibles a los sentidos, como lo son cuando son propiedades de cuerpos físicos. No, estas dimensiones, formas y colores son el objeto propio de la percepción imaginativa o “los sentidos psico-espirituales”; y es mundo, plenamente objetivo y real, donde todo lo que existe en el mundo sensorial tiene su análogo pero no perceptible para los sentidos, es el mundo designado como “el octavo clima”. El término es suficientemente elocuente por sí mismo, ya que significa un clima “fuera” de los climas, un lugar “fuera” del lugar, fuera del “donde” (Na-koja-Abad!)

El término técnico que lo designa en Arabe: alam a mithal, puede también traducirse acaso como mundus archetypus, evitando la ambigüedad. Pues es la misma palabra que sirve en Arabe para designar las Ideas Platónicas (Interpretadas por expresiones de la angeleología Zoroastriana en Sohravardi)
Empero, cuando el término se refiere a las Ideas Platónicas, casi siempre está acompañado por esta precisa cualificación: mothol (plural de mithal) aflatuniya nuraniya, los “arquetipos Platónicos de la luz”. Cuando el término se refiere al mundo del octavo clima, designa técnicamente, por un lado, las Imágenes-Arquetipos de las cosas individuales y singulares: en este caso, se relaciona con la región “oriental” del octavo clima, la ciudad de Jabalqa, donde estas imágenes subsisten preexistentes y ordenadas antes del mundo sensorial. Pero por el otro lado, el término también se relaciona con la región “occidental”, la ciudad de Jabarsa, como el mundo o intermundo en el que se encuentran los Espíritus después de su presencia en el mundo terrestre natural y como un mundo en el cual subsisten las formas de todas las obras realizadas, las formas de nuestras ideas y nuestros deseos, de nuestros presentimientos y nuestra conducta. Es esta composición lo que constituye alam al-mithal, el mundus imaginalis.

Técnicamente, nuevamente, nuestros pensadores lo designan como el mundo de “Imágenes en suspenso” (mothol mo’allaqa)- Sohravardi y su escuela entendían por esto un modo de ser propio de las realidades de ese mundo intermediario, al que designamos como Imaginalia. La naturaleza precisa de este status ontológico resulta de la visión y las experiencias espirituales, en las cuales Sohravardi exige que confiemos plenamente, exactamente como en la astronomía confiamos en las observaciones de Hiparcos o Ptolomeo. Debiera reconocerse que las formas y configuraciones en el mundus imaginalis no subsisten del mismo modo que las realidades empíricas del mundo físico; de otro modo, cualquiera podría percibirlas. También hay que advertir que no pueden subsistir en el puro mundo inteligible, ya que tienen extensión y dimensión, una materialidad “inmaterial”, ciertamente, en relación a aquella del mundo sensorial, pero de hecho, tienen su propia “corporalidad” y espacialidad (uno podría pensar aquí en la expresión usada por Henry More, un platónico de Cambridge: “spissitudo spiritualis”, expresión que tiene su equivalente en el trabajo de Sadra Shirazi, un platónico persa). Por la misma razón, quedaría excluido que sólo podrían tener unas ideas como un substrato, como también que pudieran ser irreales, nada; de otro modo, no podríamos discernirlas, clasificarlas en jerarquías, o hacer juicios sobre ellas. La existencia de este mundo intermedio, mundus imaginalis, parece así metafísicamente necesaria; la función cognitiva de la Imaginación se ordena hacia él; es un mundo cuyo nivel ontológico está por encima del mundo de los sentidos y por debajo del mundo puramente inteligible; es más inmaterial que el primero y menos inmaterial que el último. Siempre ha habido aquí algo de gran importancia para todos nuestros teósofos místicos. De esto depende, para ellos, tanto la validez de los informes visionarios que perciben y relacionan “los acontecimientos en el Cielo” y la validez de los sueños, los rituales simbólicos, la realidad de los lugares formados por intensa meditación, la realidad de visiones inspiradas imaginativamente, cosmogonías y teogonías, y por ello, en primer lugar, la verdad del sentido espiritual percibido en los datos imaginativos de las revelaciones proféticas.

En resumen, ese mundo es el mundo de los “cuerpos sutiles”, cuya idea resulta indispensable si uno quiere describir un lazo entre el espíritu pura y el cuerpo material. Esto es lo que relaciona a la designación de su modo de ser como “en suspenso” o sea, un modo de ser tal que la Imagen o la Forma, ya que es ella misma su propia materia, es independiente de cualquier substrato en cual sería inmanente al modo de un accidente. Esto significa que no subsistiría como el color negro, por ejemplo, subsiste mediante el objeto negro en el cual es inmanente. La comparación a la que recurren usualmente nuestros autores es el modo de aparición y subsistencia de Imágenes en suspenso en un espejo. La substancia material del espejo, el metal o el mineral, no es la substancia de la imagen, una substancia cuya imagen sería un accidente. Es simplemente el “lugar de su aparición”. Esto conduce a una teoría general de sitios y formas epifánicos (mazhar, plural mazahir) tan característico de la Teosofía Oriental de Sohravardi.

La Imaginación activa es el espejo preeminente, el sitio epifánico de las Imágenes del mundo arquetípico; por ello la teoría del mundus imaginalis está vinculada con una teoría del conocimiento imaginativo y la función imaginativa -una función realmente central y mediadora, a causa de la posición media y mediadora del mundus imaginalis. Es una función que permite que cada universo se simbolice en otro (o existan en relación simbólica el uno con el otro) y esto nos conduce a captar, experimentalmente, que las mismas realidades substanciales asuman formas correspondientes relativas a cada universo (por ejemplo, Jabalqa y Jabarsa corresponden en el mundo sutil a los Elementos del mundo físico, mientras Hurqalya corresponde allí al Cielo). Es la función cognitiva de la imaginación la que permite el establecimiento de un riguroso “conocimiento analógico“, evitando el dilema del racionalismo corriente, que deja sólo una elección entre los dos términos de un dualismo banal: o “materia” o “espíritu”, un dilema que la socialización de la conciencia resuelve substituyéndola por otra elección no menos fatal: o bien “historia” o bien “mito”
Este es el tipo de dilema al que nunca han sucumbido aquellos familiarizados con el “octavo clima”, el “reino de los cuerpos sutiles”, confín del Malakut o mundo del Alma. Entendemos que cuando dicen que el mundo de Hurqalya comienza “en la superficie convexa de la Esfera suprema”, quieren decir simbólicamente que este mundo está en el límite donde hay una inversión de la relación de interioridad expresada por la preposición “en” o “dentro”, “en el interior de”. Los cuerpos espirituales o las entidades espirituales ya no están “en” un mundo, ni siquiera “en” su mundo del mismo modo que un cuerpo material está en su lugar, o está contenido en otro cuerpo. Es más bien su mundo el que está “en” ellos. Por ello la Teología atribuida a Aristóteles, la versión árabe de las últimas tres Eneadas de Poltino, que Avicena comentó y que fueron leídas y meditadas por todos nuestros pensadores, explica que cada entidad espiritual está “en la totalidad de las esferas de su Cielo”; cada una subsiste, ciertamente, independientemente de la otra, pero todas son simultáneas y cada una está está dentro de la otra. Sería completamente falso describir ese otro mundo como un cielo indiferenciado, informal. Hay multiplicidad, por supuesto, pero las relaciones del espacio espiritual se diferencian de las relaciones de espacio entendido “bajo” los Cielos estrellados, tanto como el hecho de estar “en” un cuerpo difiere del hecho de estar “en la totalidad de su Cielo”. Es por ello que puede decirse que “detrás de este mundo hay un Cielo, una Tierra, un océano, animales, plantas y hombres celestiales; pero cada ser allí es celestial; las entidades espirituales allí corresponden a los seres humanos allí, mas no hay cosa terrenal allí”

La formulación más exacta de todo esto, en la tradición teosófica de Occidente, se encuentra acaso en Swedenborg. No se puede sino sorprenderse por la convergencia o concordancia de las afirmaciones del gran visionario sueco con aquellas de Sohravardi, Ibn Arabi o Sadra Shirazi. Swedenborg explica que “todas las cosas en el cielo parecen, así como en el mundo, estar en el sitio y en el espacio, y sin embargo los ángeles no tienen noción o idea de lugar o espacio” Esto es porque “todos los cambios de espacio en el mundo espiritual son efectuados por cambios de estados interiores, lo que significa que el cambio de sitio no es nada más que el cambio de estado… Aquellos que están cerca el uno del otro, están en estados semejantes, y los que están lejos están en estados (modos de ser) diferentes; y los espacios en el cielo son simplemente las condiciones externas que corresponden a los estadios internos. Por la misma razón los cielos son distintos el uno del otro…. Cuando alguien va de un sitio a otro, llega más rápidamente cuando lo desea con ansiedad, y menos rápidamente cuando no es así, alargándose o acortándose el camino de acuerdo con el deseo… Esto lo he visto con frecuencia para mi sorpresa. Todo esto nuevamente aclara cómo las distancias, y consiguientemente los espacios están plenamente de acuerdo con los estados del interior de los ángeles; y siendo así, ninguna idea o concepto de espacio puede entrar en su mente, aunque hay espacios entre ellos igualmente como en el mundo”

Tal descripción es eminentemente apropiada para Na-koja-Abad y sus Ciudades misteriosas. En breve, se sigue que hay un sitio espiritual y un sitio corpóreo. La transferencia de uno a otro no se efectúa de acuerdo a las leyes de nuestro espacio físico homogéneo. En relación al sitio corpóreo, el sitio espiritual es un “ningún lugar (no-where) y para el que alcanza Na-koja-Abad todo ocurre inversamente a los hechos evidentes de la conciencia ordinaria, que permanece orientada hacia el interior de nuestro espacio. Pues de aquí en adelante es el “donde”, el lugar, el que reside en el alma; es la substancia corpórea la que reside en la sustancia espiritual; es el alma la que envuelve y contiene al cuerpo. Por ello no es posible decir “donde” está situado el lugar espiritual; no está situado, es más bien aquello que sitúa, es situativo. Su “ubi” es un ubique. Ciertamente, puede haber correspondencias topográficas entre el mundo sensorial y el mundus imaginalis, uno simbolizado en el otro. Pero no hay pasaje sin ruptura del uno al otro. Muchos informes nos muestran esto. Uno parte; en un momento dado, hay un corte con las coordenadas geográficas que pueden ubicarse en nuestros mapas. Pero el “viajero” no es consciente del momento preciso; no se da cuenta de ello, con inquietud o sorpresa, hasta más tarde. Si se diera cuenta de ello, podría cambiar su camino a voluntad, o podría indicárselo a los demás. Pero sólo puede describir adonde estuvo; no puede mostrar el camino a nadie.

2. LA IMAGINACIÓN ESPIRITUAL

Tocaremos ahora el punto decisivo para el cual nos ha preparado lo que precede, es decir, el órgano que permite la penetración en el mundus imaginalis, la migración al “octavo clima”. ¿Cuál es el órgano por medio del cual ocurre esa migración, la migración que es el retorno ab extra ad intra (del exterior al interior), la inversión topográfica (la intussusception)?
No son ni los sentidos ni las facultades del organismo físico, ni el puro intelecto, sino que es aquél poder intermedio cuya función aparece como la mediación preeminente: la Imaginación activa. Seamos muy claros al hablar de ésto. Es el órgano que permite la transmutación de los estados espirituales internos en estados externos, en acontecimientosvisiones que simbolizan esos estados internos. Es por medio de esta transmutación que se cumple toda progresión en el espacio espiritual o, mejor, esta transmutación es ella misma lo que espacializa ese espacio, lo que hace que el espacio, la proximidad, la distancia y la lejanía estén allí.

Un “primer postulado” es que esta Imaginación es una facultad puramente espiritual, independiente del organismo físico, y consiguientemente es capaz de subsistir después de la desaparición de este último. Sadra Shirazi, entre otros, se ha expresado repetidamente sobre este mundo con particular énfasis.
Dice que así como el alma es independiente del cuerpo físico material al recibir las cosas inteligibles en acto, de acuerdo a su poder intelectual, el alma es igualmente independiente con respecto a su poder imaginativo y sus operaciones imaginativas. En adición, cuando está separada de este mundo, puesto que continúa teniendo la Imaginación activa a su servicio, puede percibir por sí misma, por su propia esencia y por esa facultad, las cosas concretas cuya existencia, en tanto se actualiza en su conocimiento y en su imaginación, constituye eo ipso la misma forma de la existencia concreta de aquellas cosas (en otras palabras: la conciencia y su objeto son aquí ontológicamente inseparables). Todos estas potencias están reunidas y concentradas en una sola facultad, que es la Imaginación activa. Como entonces ha dejado de dispersarse en las diversas fronteras que son los cinco sentidos del cuerpo físico, y ha dejado de ser requerida por los intereses del cuerpo físico, propicio a las vicisitudes del mundo externo, la percepción imaginativa puede finalmente mostrar su superioridad esencial sobre la percepción sensorial.

“Todas las facultades del alma” escribe Sadra Shirazi, “se han vuelto como si fueran una sola facultad, que es el poder de configurar y tipificar (taswir y tamthil); su imaginación se ha vuelto ella misma como una percepción sensorial de lo suprasensorial: su visión imaginativa es ella misma como su visión sensorial. Similarmente, sus sentidos de oído, olfato, gusto y tacto – todos estos sentidos imaginativos – son ellos mismos como facultades sensoriales, pero reguladas por lo suprasensorial. Pues aunque externamente las facultades sensibles son cinco en número, cada una con su órgano localizado en el cuerpo, internamente en efecto todas ellas constituyen una única syn-aisthesis (hiss moshtarik)”
Al ser la Imaginación por tanto como el currus subtilis (en griego okhema, vehículo o – en Proclo, Jámblico, etc – cuerpo espiritual) del alma, hay una entera fisiología del “cuerpo sutil” y por ello del “cuerpo de resurrección”, que Sadra Shirazi discute en este contexto. Por ello reprocha incluso a Avicena que haya identificado estos actos de percepción imaginativa póstuma con lo que ocurre durante el sueño en esta vida, pues aquí durante el sueño, el poder imaginativo se ve obstruido por las operaciones orgánicas que ocurren en el cuerpo físico. Mucho se exige para que disfrute su máximo de perfección y actividad, libertad y pureza. De otro modo el sueño sería simplemente un despertar en otro mundo. Este no es el caso, como se alude en su apunte atribuido a veces al Profeta, y otras veces al Primer Imam de los Chi’itas: “Los Humanos sueñan. Es cuando mueren que despiertan”

Un “segundo postulado”, cuya prueba compele al reconocimiento, es que la Imaginación espiritual es un poder cognitivo, un órgano de verdadero conocimiento. La percepción imaginativa y la conciencia imaginativa tienen su propia función y valor noéticos (cognitivos) en relación al mundo que es suyo – el mundo, hemos dicho, que es el alam al-mithal, el mundus imaginalis, el mundo de las ciudades místicas tales como Hurqalya, donde el tiempo deviene reversible y donde el espacio es función del deseo, puesto que es sólo el aspecto externo de un estado interno.
La Imaginación está así firmemente “equilibradaentre otras dos funciones cognitivas: su propio mundo “simboliza con” el mundo al cual las otras dos funciones (conocimiento sensorial y conocimiento intelectual) corresponden respectivamente. Del mismo modo, hay algo como un control que impide que la Imaginación ande a la deriva y se desperdigue, y que le permite asumir su plena función: provocar por ejemplo la ocurrencia de los acontecimientos que están relacionados por los cuentos visionarios de Sohravardi y todos los del mismo tipo, porque cada acercamiento al octavo clima se hace mediante el sendero imaginativo. Se puede decir que esta es la razón para la extraordinaria gravedad de los poemas épicos místicos escritos en Persa (desde ‘Attar a Jami y a Nur ‘Ali-Shah) que constantemente amplifican los mismos arquetipos en nuevos símbolos. Para que la Imaginación divagara y se desperdigara, para que cesara de cumplir su función, que es percibir o generar símbolos que guían al sentido interno, es necesarios que desaparezca el mundus imaginalis -el dominio adecuado del Malakut, el mundo del Alma. Acaso sea necesario fechar en Occidente el comienzo de esta decadencia en el tiempo en que el Averroismo rechazó la cosmología de Avicena, con sus jerarquía angélica intermedia de las Animae o Angeli caelestes. Estos Angeli caelestes (una jerarquía por debajo de la de los Angeli intellectuales) tenían el privilegio del poder imaginativo en su estado puro. Una vez que el universo de estas Almas desapareció, la función imaginativa quedo desequilibrada y devaluada. Es fácil de entender, entonces, el consejo que más tarde daría Paracelso, previniendo contra cualquier confusión de la Imaginatio vera, como decían los alquimistas, con la fantasía, “esa piedra angular del loco

Esta es la razón por la que ya no podemos evitar el problema de la terminología. ¿Cómo es que no tenemos ni en francés, ni en inglés (ni en castellano), un término común y perfectamente satisfactorio para expresar la idea del ‘alam al-mithal’? He propuesto el “mundus imaginalis” latino para esto, porque estamos obligados a evitar cualquier confusión entre lo que aquí es el objeto de la percepción imaginante o imaginativa, y lo que comúnmente llamamos “lo imaginario”. Esto es así, porque la actitud usual consiste en oponer lo real a lo imaginario como si fuera lo irreal, lo utópico, como si se confundiera símbolo con alegoría, la exégesis del “sentido espiritual” con una interpretación alegórica. Ahora bien, toda interpretación alegórica es inofensiva; la alegoría es un revestimiento o, mejor, un disfraz, de algo que ya se conoce o se puede conocer de otro modo, mientras que la aparición de una Imagen que tiene la cualidad de un símbolo es un fenómeno primordial (Urphänomen), incondicional e irreductible, la aparición de algo que no puede manifestarse de otro modo al mundo en el que estamos.

Ni los cuentos de Sohravardi, ni los cuentos que en la tradición Chi’ita nos cuentan cómo alcanzar la “tierra del Imam Oculto” son imaginarios, irreales o alegóricos, precisamente porque el octavo clima o la “tierra de ningún lugar (no-where)” no es lo que usualmente llamamos una “utopía”. Es ciertamente un mundo que permanece más allá de la verificación empírica de nuestras ciencias. De otro modo, cualquiera podría encontrar acceso a él y pruebas para él. Es un mundo suprasensorial, en tanto no es perceptible salvo por la percepción imaginativa, y en tanto los acontecimientos que ocurren en él no pueden experimentarse salvo por la conciencia imaginante o imaginativa.
Asegurémonos de entender, de nuevo aquí, que esto no es simplemente cuestión de lo que el lenguaje de nuestro tiempo llama imaginación, sino de una “visión” que es “Imaginatio vera”. Y es a esta Imaginatio Vera que debemos atribuir un valor noético o plenamente cognitivo. Si ya no somos capaces de hablar acerca de la imaginación, excepto como “fantasía”, si no podemos utilizarla o tolerarla salvo como tal, es quizás porque hemos olvidado las normas y las reglas y el “ordenamiento axial” que son responsables de la “función cognitiva” del poder imaginativo (la función que a veces he designado como “imaginatoria”)

Pues el mundo en el cual han penetrado nuestros testigos – encontraremos dos o tres de estos testigos en la sección final de este estudio- es un mundo perfectamente “real”, más evidente incluso y más coherente, en su propia realidad, que el mundo empírico “real” percibido por los sentidos. Esos testigos fueron por tanto perfectamente conscientes de que habían estado “en otra parte”; no son esquizofrénicos. Es cuestión de un mundo que está escondido en el acto mismo de la percepción sensorial, y uno que debemos encontrar bajo la aparente certeza objetiva de ese tipo de percepción. Por ello positivamente no podemos calificarlo de “imaginario”, en el sentido ordinario en que se toma la palabra como significando irreal, inexistente. Así como la palabra latina “origo” nos ha dado el derivativo “original”, creo que la palabra “imago” puede darnos, aparte de “imaginario” y por derivación regular, el término “imaginal“. Tendremos así la palabra “imaginal” como la intermediaria entre el mundo sensorial y el mundo intelectual. Cuando nos encontremos con el término árabe jism mithali que designa el cuerpo sutil que penetra en el “octavo clima” o el “cuerpo de resurrección”, seremos capaces de traducirlo literalmente como “cuerpo imaginal”, pero ciertamente no como “cuerpo imaginario”. Quizás entonces tendremos menos dificultad en ubicar las figuras que no pertenecen ni al “mito” ni a la “historia”, y quizás tendremos una especie de pasaporte para el camino hacia el “continente perdido”

A fin de fortalecernos en este camino, tenemos que preguntarnos qué constituye nuestra “realidad”, lo “real” para nosotros, de modo que si lo abandonamos, tengamos más que lo imaginario, lo utópico. ¿Y qué es lo “real” para nuestros pensadores orientales tradicionales, de modo que pueden tener acceso al “octavo clima”, a Na-koja-Abad, abandonado el lugar sensorial sin por ello dejar lo real o, mejo aún, teniendo precisamente por ello acceso a lo real? Esto presupone una escala de ser con muchos más grados que la nuestra. Pero no nos equivoquemos. No es suficiente conceder que nuestros predecesores, en Occidente, tenían una concepción de la Imaginación que era demasiado racionalista y demasiado intelectualizada. Si no disponemos de una cosmología cuyo esquema pueda incluir la pluralidad de universos en orden ascensional, como la que pertenece a nuestros filósofos tradicionales, nuestra Imaginación permanecerá desequilibrada, y sus recurrentes conjunciones con la voluntad de poder serán una inagotable fuente de horrores. Estaremos continuamente en busca de una nueva disciplina de la Imaginación, y tendremos gran dificultad en hallarla en tanto persistamos en ver en ella sólo un cierto modo de preservar nuestra “distancia” con respecto a lo que llamamos “real”, y a fin de ejercer una influencia sobre eso real. Ahora bien, eso real se nos aparece como arbitrariamente limitado, tan pronto como lo comparamos con lo real que han contemplado nuestros teósofos tradicionales, y esa limitación degrada la realidad misma. En adición, siempre aparece la palabra “fantasía” como una excusa: fantasía literaria, por ejemplo, o preferentemente al gusto y estilo de nuestros días, fantasía social.

Pero es imposible evitar preguntarse si el mundus imaginalis, en el adecuado sentido del término, se perdería necesariamente y sólo dejaría lugar para lo imaginario, si no se requiriría algo así como una secularización de lo imaginal en lo imaginario para que triunfe lo fantástico, lo horrible, lo monstruoso, lo macabro, lo miserable y lo absurdo. Por otra parte, el arte y la imaginación de la cultura islámica en su forma tradicional se caracterizan por lo hierático y lo serio, por la gravedad, estilización y el significado. Ni nuestras utopías ni nuestras ciencia ficción, ni el siniestros “punto omega” – nada de ese tipo consigue dejarnos acceder a ese mundo o realizar Na-koja-Abad. Aquellos que han conocido el “octavo clima” no han inventado utopías, tampoco es una fantasía social o política la idea última del Chi’ismo, porque es una “expectación” la cual, como tal, es “una Presencia real” aquí y ahora de otro mundo, y un testimonio de ese otro mundo.

alchemy23

talismánarbolsephirotico

agosto 11, 2009

iMAGInATio;

Posted in Belleza, Kábala, Psicologia a 7:45 pm por Autor

Cuando, en los Evangelios, Jesús se refiera al consuelo que proporciona el rúaj ha-kodesh o pneuma hagion, es decir el Espíritu Santo, aludirá, implícitamente, a aquel polo de la Trinidad que liga la criatura a la Creación, lo microcósmico a lo macrocósmico, representado, en parte, por la letra hebrea hei(h) que aparece dos veces en el Tetragrama o Nombre Divino para señalar la entrada y salida del soplo viviente(hwhy), tanto como por la actividad imaginaria, la propia percepción del discípulo que, a través de la cadena de semejanzas, unifica criterios por encima del espacio-tiempo que le ha tocado vivir.

La imaginación, en hebreo dimión(nwymd), encierra, en efecto, aquella clave cuyo secreto mismo se halla en la sangre o dam(md), letras que-como vemos-figuran en dimión. Allí donde el soplo del Espíritu entra en sangre, por decirlo de algún modo, activa las imágenes que navegan entre hematíes y plasma metamorfoseando las formas en alimentos a la par que resucitando en nosotros saberes que no sabíamos, incluso, que eran nuestros. Esa es la razón por la cual, sin duda alguna, hay consuelo en la actividad espiritual. La imaginación ensaya, esboza el primer peldaño de la comprensión, permitiéndonos visualizar o establecer nexos allí donde la realidad necesita puentes para ser cruzada de enigma en enigma. La imaginación es a la sangre lo que los archivos akásicos al aire: el depósito de los arquetipos colectivos al mismo tiempo que el mar donde navegan todas las metáforas. No debería, entonces, sorprendernos que la voz ión(nwy) que significa ´´palomo´´ y se escribe con las tres letras-yod, vav y nun-finales de imaginación, dimión(nwymd), aparezca junto a dam, la sangre.

En su monumental trabajo Psicología y alquimia, Jung escribió: ´´Cuando los alquimistas hablan de meditar no se refieren en modo alguno a la mera reflexión, sino a un coloquio interior y, por tanto, se valen del concepto de meditar (para señalar) un diálogo creador por lo cual las cosas que se hallan en un estado potencial en el inconsciente pasan a un estado manifiesto. La imaginatio era, también, una actividad física que quedaba incluida en el circuito de los cambios materiales que determina y por el cual es determinada.´´

Pero lo que Jung no podía de ningún modo saber era que, por su valor guemátrico o numérico, imaginación o dimión(nwymd:::110) equivale a nes, milagro(sn: 110), tanto como al vocablo iel(ly(: 110)que alude a un enhebrar, ensartar y ligar. De ese modo, el trabajo milagroso de la imaginación consiste en enhebrar imágenes de significado cada vez más hondo para que, salvando el vacío de los siglos, podamos actualizar-y de ahí el ´´consuelo´´ otra vez-aquello que hemos heredado en forma de parábolas y enseñanzas.

Así como la sangre es el camino equidistante entre el medio interno y el externo, la barrera inmunológica y la corriente nutricia que riega y alimenta todos los órganos, por el nuevo pacto de sangre fundado mediante la simbólica Eucaristía-rito sobre todo imaginario-, dice San Pablo que Jesús hace de mediatorem entre los hombres y Dios, entre cada uno de nosotros y su Creador, vehiculizando también, en tanto maestro, el tránsito místico entre uno y uno mismo, nuestra parte temporal y nuestra parte eterna. Por lo tanto, él imagina para que, nosotros, a nuestra vez, por la misma imaginación, lo reencontremos.¿De qué otro modo puede entenderse, si no, que la versión hebrea del pasaje paulino de Hebreos 12:24:´´Jesús(es)el mediador del Nuevo Pacto y la sangre rociada´´, emplee para mediador el vocablo melitz(jylm), cuya raíz nace en melitzá o metáfora(hCylm)? El maestro de Nazaret es, entonces, un mago de la metáfora y el símil, un artista-dijo Buber- de la parábola para quien el mundo externo es la proyección del interno y el reino de los cielos se halla en el corazón humano.

´´La imaginación-escribió William Blake, el poeta romántico inglés-es el genio poético en el hombre´´, el ámbito interno en cual, constantemente, el universo imprime sus estampas.

agosto 8, 2009

ReSPiRaCióN HoLoNéRiCa

Posted in Alquimia, MAGICK, Psicologia a 8:23 pm por Autor

Son diversas las tradiciones milenarias que han descubierto que el aire que re-spiramos es un alimento más importante que los alimentos sólidos o líquidos. Una persona puede permanecer viva durante días sin beber y semanas sin comer, pero no puede estar más que unos pocos minutos sin respirar. De ahí que los cambios en el ritmo, intensidad, frecuencia y orden de las cuatro fases de la respiración pueden producir modificaciones en el estado general de las personas con mayor rapidez que los cambios que pueden producir la ingesta de substancias. Por medio de un cierto control de la respiración, las personas podemos modificar nuestro estado de ánimo, el estado de la consciencia, los procesos fisiológicos, el tono energético del cuerpo, etcétera.

La Respiración Holorénica es una técnica de respiración rápida que produce estados modificados de consciencia de carácter catártico y extático. Tales estados especiales de la mente y del cuerpo favorecen la capacidad para revisar la propia vida a niveles profundos y, además de la descarga de presiones emociones implícita en toda catarsis, ayuda a tomar consciencia de los propios límites existenciales y a atravesarlos.

Se sitúa dentro de las técnicas de respiración rápida como el milenario Kapalabhati yóguico, ciertas técnicas sufis de próximo Oriente, o técnicas modernas como la respiración holotrópica. La diferencia de la respiración holorénica respecto de otras técnicas reside en la mayor velocidad de las fases de respiración, en la preparación previa hacia un objetivo específico y en la orientación de los estados de consciencia para activar los arquetipos inconscientes.

Se han realizado diversos estudios universitarios sobre el efecto terapéutico permanente de la respiración holorénica en las personas que han pasado por alguno de los talleres en que se practica.

“Holorénica” es un neologismo acuñado por el Dr. Josep Mª Fericgla que apareció por primera vez en un escrito del año 1989 (FERICGLA, 1989, El sistema dinámico de la cultura y los diversos estados de la mente humana, ed. Anthropos, Barcelona) para referirse a un estado específico de consciencia humana ampliada.

La etimología proviene del conocido término griego holós (“globalidad”, “totalidad”) y del verbo griego arcaico renicós (“buscar algo” pero en el sentido específico de buscar justamente en un lugar donde se sabe que está aquello que se está buscando). La acepción etimológica, pues, indica una acción, la de buscar la totalidad (de la consciencia) en la dirección en que se sabe o intuye que se encuentra.

La Respiración Holorénica es una forma de respirar inspirada en varias fuentes previas: las milenarias técnicas de respiración yóguica conocidas por Kapalabhati, la respiración holotrópica creada por el Dr. Stan Grof, las respiraciones chamánicas de algunos grupos altaicos como técnica para buscar la catarsis y las forma de respirar que descubren los púberes y adolescentes de forma espontánea en cada generación para perder la consciencia. Además de las fuentes citadas hay aportaciones propias y específicas, por lo que se ha nominado con esta denominación propia: Respiración Holorénica.

Técnicamente consiste en respirar rápido en extremo, siguiendo secuencias crecientes de 13 a 16 minutos y con un ritmo de respiración también creciente de 140 a 160 tiempos/minuto. Cada etapa de respiración rápida es seguida por un intermedio de descanso de 3 a 5 minutos. Por este procedimiento, más la posible ayuda de manipulaciones corporales especiales, se consigue que los respirantes imploten y luego exploten en una profunda catarsis de liberación emocional seguida de una etapa de apnea que puede durar entre una y dos horas. Durante esta segunda etapa de la sesión, la música especial que guía la Respiracion Holorénica conduce por un recorrido biográfico que permite a los participantes en las sesiones revisar su vida y, muy a menudo, descubrir los episodios de su vida en los que están atrapados tanto desde el punto de vista emocional como de relaciones sociales.

Para una información técnica más extensa se puede consultar el artículo del Dr. Josep Mª Fericgla “Las respiraciones catárticas, entre la biología y la cultura” también disponible en esta misma web.

La técnica de respiración empleada en los Talleres Vivenciales de Integración de la Propia Muerte, la respiración holorénica (también denominada holotrópica), es una técnica de respiración rápida que induce una hiperventilación y una hipoxia final no dañina, que posibilita a la persona entrar en contacto con el material que hay depositado en su inconsciente profundo, tanto personal como arquetípico. No se trata tan sólo de recordar o ver cosas, aunque ello se suele dar, sino que la experiencia es un auténtico retornar a las fuentes de nuestra vida actual, a veces al origen de algún trauma de nuestro pasado que nos condiciona el presente, reviviéndolo y permitiendo así comprenderlo e integrarlo. También ayuda a entrar en contacto inmediato con las fuentes espirituales o energéticas que aportan al individuo una mayor armonía en su existencia cotidiana, entendiéndolo todo ello como un proceso simbólico dotado de significado.

Se trata de una delicada técnica cuyo origen étnico se halla en los trances chamánicos de diversos pueblos, especialmente entre los innuit. En la actualidad occidental, se podría considerar la respiración holorénica como la principal herramienta de la psicología transpersonal, ya que permite al individuo un reencuentro real con su pasado por medio de abrirse a la experiencia espiritual primaria, común a toda la humanidad. En este sentido, la usamos en los TM en tanto que técnica eficaz que permite el encuentro frontal con los miedos que nos mantienen atados al pequeño ego cotidiano.

El acceso al mundo del imaginario profundo a través de la respiración holorénica puede llevarse a cabo en un marco individual, caso en que el terapeuta acompaña a la persona dándole soporte en todo momento; o bien puede realizarse dentro de una estructura de grupo, como en los TM, donde cada persona que se sumerge en la experiencia catártica tendrá un compañero/a que le atenderá de forma permanente en todo aquello que sea de menester, y le ayudará en el su proceso de autodescubrimiento interior y en el momento de enfrentarse a sí mismo por medio de la experiencia disolutoria y catártica.

http://www.etnopsico.org/