septiembre 12, 2009

Un Recordatorio… Patch Adams; El Loco; El Genio; Nietzsche; El Jocker

Posted in Belleza, Uncategorized a 9:08 pm por Autor

A lo largo de los años, libros, cómics, chistes, cuadros, frases, y películas se ensamplan en tu interior tocando aquello que no podemos ver. La primera vez que veo una película, admiro el arte que se esconde tras ella, pero es el tiempo que transcurre el encargado de mezclar realidad y ficción. La película en cuestión; Patch Adams.

 

Y en palabras de Nietzsche: 

Nuestras auténticas vivencias no son en modo alguno parlanchinas. No podríamos comunicarlas, aunque quisiéramos. Les falta la palabra, y nosotros ya hemos dejado muy atrás las cosas que se pueden expresar con palabras.

 

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Hunter “Patch” Adams (Washington, DC, 29 de diciembre de 1943), médico estadounidense. Fundó el instituto Gesundheit! en 1971. Su vida fue la base en la cual se inspiró la película Patch Adams (Dr. de la Risa) con el actor Robin Williams interpretando el papel de Hunter.

Adams actualmente vive en Arlington, Virginia, donde promueve medios alternativos de sanación para enfermos en colaboración con el instituto. Es el inventor de la risoterapia con fines médicos y terapéuticos, y el responsable de la inclusión de ésta en la medicina moderna.

Patch Adams es también un activista social, diplomático, payaso profesional, actor y autor. Cada año organiza un grupo de voluntarios, de alrededor de todo el mundo, para viajar a Rusia como payasos, para traer esperanza y diversión a los huérfanos, pacientes y la gente en general. En 1998 también visitó Bosnia-Herzegovina, uno de los países de los Balcanes envuelto en un conflicto bélico. También se manifestó a favor del socialismo tal y como lo vio Albert Einstein. Se mostró muy crítico con la administración Bush, a cuyo presidente y vicepresidente calificó de “genocidas”. En 2005 visitó el Hospital Garrahan de Buenos Aires, Argentina, varios hogares infantiles del partido de San Martín (Buenos Aires) y el Pereira Rossell de Montevideo, Uruguay, en 2007 también se presentó en Ecuador: Quito y Cuenca en donde asistió al Instituto del cáncer SOLCA; visitó Perú con el Dr. Joe Pérez y la Dra. Evelyn Gamarra, Chile, donde ha dado conferencias en algunas universidades y Guatemala donde ofreció una conferencia para jóvenes universitarios y público en general.

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Y que ánimaL acompaña al Loco si no es su GENio…

Extracto de “EL OCASO DE LOS ÍDOLOS”

¿Qué es lo que nos dice de sí mismo el artista trágico? ¿No nos muestra precisamente un estado de ánimo carente de miedo frente a lo terrible y problemático? Ese estado constituye en sí una aspiración elevada; quien lo conoce le tributa los máximos honores; lo transmite, tiene que transmitirlo, si es que se trata de un artista, de un genio de la comunicación. El estado victorioso que el artista elige y glorifica es la valentía y la libertad del sentimiento ante un enemigo poderoso, ante una desgracia sublime, ante un problema que horroriza. Ante la tragedia, lo que hay de guerrero en nuestra alma celebra sus saturnales. El individuo heroico, que está acostumbrado al dolor y que sale a su encuentro, ensalza con la tragedia su existencia. Sólo a él le ofrece el artista trágico la copa de esa crueldad tan dulce.

Los pueblos que han tenido algún valor, que han llegado a valer algo, no lo han conseguido con instituciones liberales: lo que les hizo merecedores de respeto fue el gran peligro, que es el que nos hace tomar conciencia de nuestros recursos, de nuestras virtudes, de nuestras armas de defensa y de ataque, de nuestro ingenio e inteligencia, el que nos impulsa a ser fuertes… Primer principio: hay que tener necesidad de ser fuerte; de lo contrario, nunca llegaremos a serlo.

Mi concepto del genio. Al igual que las grandes épocas los seres superiores son materias explosivas en las que se encuentran acumuladas una fuerza extraordinaria; su condición histórica y fisiológica previa es que durante muchísimo tiempo se haya estado reuniendo, amontonando, ahorrando y acumulando hasta llegar a unos seres así, sin que durante todo ese dilatado proceso se haya producido ninguna explosión. Cuando la tensión existente en la masa ha llegado a ser demasiado grande, basta el estímulo más accidental para hacer que aparezca el «genio», la «acción», el gran destino. ¿Qué importan entonces el medio ambiente, la época, el «espíritu del siglo», la «opinión pública»?

Mientras que los grandes hombres son necesarios, la época en la que aparecen es contingente. El hecho de que casi siempre terminen adueñándose de ella se debe sólo a que son más fuertes y más antiguos, a que se han ido acumulando energías durante un mayor período de tiempo para que se concentren en ellos. Entre un genio y su época se da la misma relación que hay entre lo fuerte y lo débil, o que entre lo joven y lo viejo: la época es siempre, en comparación, mucho más joven, más floja, menos madura, más insegura, más infantil.

El peligro que hay en los grandes hombres y en las grandes épocas es inmenso, porque a ellos les sigue muy de cerca un agotamiento de todo tipo y una esterilidad. El gran hombre es un final; la gran época, como el Renacimiento, por ejemplo, es un final. El genio se derrocha por necesidad en su obra, en su acción; su grandeza radica en entregarse enteramente… El instinto de autoconservación queda en suspenso, por así decirlo; la arrolladora presión de las fuerzas que se desbordan le impide ponerse a salvo y hacer previsiones de cualquier tipo. A esto la gente le llama «holocausto», y alaba en ello el «heroísmo» del gran hombre, su indiferencia frente a su provecho personal, su entrega a una idea, a una causa grande, a una patria…; pero todo esto es fruto de un malentendido. El genio se derrama, se desborda, se gasta, no se ahorra, y ello de una manera fatal, irremediable, involuntaria, al igual que un río que se desborda y se sale de su cauce. Ahora bien, como es tanto lo que se les debe a estos seres explosivos, se les ha concedido también mucho a cambio: por ejemplo, una especie de moral superior. Así es como obra la gratitud humana: malentendiendo a sus benefactores.

El tipo del criminal es el de un hombre fuerte situado en unas condiciones desfavorables, un hombre fuerte que se ha puesto enfermo. Hubiera necesitado una selva virgen, una naturaleza y un modo de vida más libres y peligrosos, donde no hubiese habido más leyes que las armas de defensa y de ataque que adornan el instinto del hombre fuerte. Sus virtudes han sido condenadas por la sociedad; los instintos más enérgicos que son innatos a él se han mezclado pronto con las emociones depresivas, con el recelo, el miedo, el deshonor. Ahora bien, ésta es prácticamente la receta para degenerar fisiológicamente.

En nuestra sociedad domesticada, mediocre y castrada, un hombre que viene de la naturaleza, de las montañas o de correr aventuras por los mares, degenera fácilmente en criminal. O casi necesariamente ya que hay veces en que dicho hombre se muestra más fuerte que la sociedad.

Generalicemos el caso del criminal: pensemos en seres a los que, por cualquier motivo, les falta la aprobación pública, que saben que no se les considera ni beneficiosos ni útiles, que sienten al igual que el chandala, que no les tratan como a iguales, sino como a alguien que se le ha de marginar porque es indigno y mancha a quien se relacione con él. Los pensamientos y los actos de todos esos individuos tienen el color de quien vive bajo tierra; en ellos todo es más pálido que en quienes viven a la luz del día. Sin embargo, casi todas las formas de existencia que hoy veneramos, vivieron en otros tiempos en esa atmósfera casi sepulcral: el hombre de ciencia, el artista, el genio, el espíritu libre, el actor, el comerciante, el gran descubridor… Mientras se estuvo considerando que el tipo superior era el sacerdote se desvalorizó toda clase valiosa de hombres. Pero yo aseguro que ya está cerca el tiempo en que el sacerdote será considerado como el hombre más bajo, como nuestro chandala, como la clase de hombre más falaz e indecente de la tierra. Reparemos en el hecho de que todavía hoy, bajo el régimen de costumbres más suaves que haya existido jamás en la tierra, al menos en Europa, todo el que vive separado de los demás, todo el que está durante mucho tiempo por debajo, todo el que lleva una existencia extravagante e incomprensible, se parece al tipo que encuentra su máxima expresión en el criminal. Todos los innovadores del espíritu llevan durante algún tiempo en la frente la señal pálida y fatídica del chandala; y no porque se les considere así, sino porque ellos mismos notan el abismo que les separa de todo lo tradicional y respetado. Casi todos los genios atraviesan, como una etapa de subdesarrollo, una «existencia catilinaria», caracterizada por un sentimiento de odio, de venganza y de rebelión contra todo lo que ya es, es lo que ya no está en vías de ser. Catilina es la forma de existencia previa de todo César.

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agosto 30, 2009

La puerta de TaNNHäu’SeR; Re-LOVEuZION; VeNuS; aMoR; WaGNeR; PaRSiFaL

Posted in Belleza a 5:29 pm por Autor

En realidad, poco más que decir, salvo recomendar;

TaNNHäuSeR

Tannhäuser por Francisco-Manuel Nácher

PaRSiFaL

WaGNeR?¿PRioRaTo De SioN?¿VeNuS?¿

NO ES CIERTO que el AMOR es lo que MUEVE EL MUNDO entero.

NO ES CIERTO que el ENAMORADO no tenga temor.

NADA ES CIERTO  O TODO ES VERDAD

Y que pasaría… si surgiera una TRIBU URBANA… con CIERTOS VALORES MORALES… con CIERTA ÉTICA… o mejor aún sin NADA de lo ANTERIOR… sólo con UNA COSA EN MENTE… AMOR.

ONE LOVE, ONE WORLD…

Por AMOR al ARTE… SIMPLEMENTE… Por AMARTE… y desArMARTE.

FREEDOM JUST AROUND THE CORNER FOR YOU

VENUS

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Venus es normalmente conocido como la estrella de la mañana (Lucero del Alba) o la estrella de la tarde (Lucero Vespertino) y, cuando es visible en el cielo nocturno, es el objeto más brillante del firmamento, aparte de la Luna.
En particular, la civilización maya elaboró un calendario basado en los ciclos de Venus (ver Calendario maya). El símbolo del planeta Venus es una representación estilizada del espejo de la diosa Venus: un círculo con una pequeña cruz debajo, utilizado también para denotar el sexo femenino.
Además de la rotación retrógrada, los periodos orbital y de rotación de Venus están sincronizados de manera que siempre presenta la misma cara del planeta a la Tierra cuando ambos cuerpos están a menor distancia. Esto podría ser una simple coincidencia pero existen especulaciones sobre un posible origen de esta sincronización como resultado de efectos de marea afectando a la rotación de Venus cuando ambos cuerpos están lo suficientemente cerca.
Los tránsitos de Venus acontecen cuando el planeta cruza directamente entre la tierra y el Sol y son eventos astronómicos relativamente raros. La primera vez que se observó este tránsito astronómico fue en 1639 por Jeremiah Horrocks y William Crabtree. El tránsito de 1761, observado por Mijaíl Lomonosov, proporcionó la primera evidencia de que Venus tenía una atmósfera, y las observaciones de paralaje del siglo XIX durante sus tránsitos permitieron obtener por primera vez un cálculo preciso de la distancia entre la Tierra y el Sol. Los tránsitos sólo pueden ocurrir en junio o diciembre, siendo éstos los momentos en los que Venus cruza la eclíptica (al plano en el que la Tierra orbita alrededor del Sol), y suceden en pares a intervalos de ocho años, separados dichos pares de tránsitos por más de un siglo. El anterior par de tránsitos sucedió en 1874 y 1882, y el presente par de tránsitos son los de 2004 y 2012.

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VALERIE

Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple:

Sólo con el corΛzón se puede Ver bien.

Lo Esencial es inΛisiVle a los OjOs.

-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió El Principito para acordarse.

-Lo que hace más importante a tu Rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

-Es el tiempo que yo he perdido con ella… -repitió El Principito para recordarlo.

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsaVle para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsaVle de tu Rosa

-Yo soy responsaVle de mi Rosa… -repitió El Principito a fin de recordarlo…

Grandes Maestres del Priorato de Sión

La lista que aquí se presenta a continuación es la de las personas que supuestamente han sido los Grandes Maestres del Priorato:

* Jean de Gisors (1188-1220)
* Marie de Saint-Clair (1220-1266)
* Guillaume de Gisors (1266-1307)
* Edouard de Bar (1307-1336)
* Jeanne de Bar (1336-1351)
* Jean de Saint-Clair (1351-1366)
* Blanche d’Évreux (1366-1398)
* Nicolas Flamel (1398-1418)
* René d’Anjou (1418-1480)
* Yolande de Bar (1480-1483)
* Sandro Botticelli (1483-1510)
* Leonardo da Vinci (1510-1519)
* Charles de Bourbon (1519-1527)
* Ferrante Gonzaga (1527-1575)
* Ludovico Gonzaga (1575-1595)
* Mart Debiasì (1578-1601)
* Robert Fludd (1595-1637)
* Johann Valentin Andreae (1637-1654)
* Robert Boyle (1654-1691)
* Isaac Newton (1691-1727)
* Charles Radclyffe (1727-1746)
* Charles Alenxadre de Lorraine (1746-1780)
* Maxilian Franz von Habsburg-Lothringen (1780-1801)
* Charles Nodier (1801-1844)
* Víctor Hugo (1844-1885)
* Claude Debussy (1885-1918)
* Jean Cocteau (1918-1963)
* Pierre Plantard (1963-2000)

Y en mi opinión personal, a juzgar por el “modus operandi” de los “supuestos” miembros, habría que añadir a muchisimos Artistas de todas las ramas de este gran árbol.



agosto 27, 2009

a-CeRCa de la ALQuiMia; eL aMoR y La QuiMeRa deL ALQuiMiSTa;

Posted in Alquimia, Belleza a 3:24 pm por Autor

Acerca de la alquimia
Gastón BACHELARD

La formación del Espíritu Científico.

Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo, capítulo II (ed. Siglo XXI, traducción de José Babini )

Pero, para probar adecuadamente que lo que hay de más inmediato en la experiencia básica, es siempre nosotros mismos, nuestras sordas pasiones, nuestros inconscientes deseos, estudiaremos algo más ampliamente ciertas fantasías relativas a la materia. Trataremos de poner de manifiesto sus bases afectivas y su dinamismo totalmente subjetivo. Para tal demostración estudiaremos lo que llamaremos el carácter psicológicamente concreto de la Alquimia. Más que cualquier otra, la experiencia alquímica es doble: es objetiva; es subjetiva. Es sobre las verificaciones subjetivas, inmediatas y directas, que llamaremos aquí la atención. Daremos así un ejemplo, algo desarrollado, de los problemas que debiera plantearse un psicoanálisis del conocimiento objetivo. En otros capítulos de esta obra, tendremos, por lo demás, ocasión de volver sobre la cuestión para deslindar la influencia de las pasiones particulares sobre el desarrollo de la Alquimia.

La condena de la Alquimia ha sido pronunciada por químicos y por escritores.

En el siglo XIX, todos los historiadores de la Quimica se han complacido en reconocer el FUROR experimental de los alquimistas; han rendido homenaje a algunos de sus descubrimientos positivos; han mostrado finalmente que la Química moderna ha surgido lentamente de los laboratorios de los alquimistas. Pero, de atenernos a los historiadores, parece que los hechos se hubieran impuesto penosamente a pesar de las ideas, sin que se dé jamás una causa y una apreciación de esa resistencia. Los químicos del siglo XIX, animados por el espíritu positivo, han sido llevads a juzgar el valor objetivo, sin tomar en cuenta la notable cohesión psicológica de la cultura alquimista. Del lado de los literatos, de Rabelais a Montesquieu, el juicio ha sido aún más superficial. Se representa al alquimista como a un espíritu trastornado al servicio de un corazón codicioso. Finalmente, la historia erudita y la narración pintoresca nos pintan una experiencia fatalmente desgraciada. Imaginamos al alquimista ridículo como un vencido. Es el amante, jamás satisfecho, de una Quimera.


Una interpretación tan negativa debiera, sin embargo, haber despertado nuestros recelos. Por lo menos debiera habernos asombrado el hecho que doctrinas tan vanas pudieran tener una historia tan larga, pudieran continuar propagándose, en el transcurso mismo del progreso científico, hasta nuestros días. En verdad, su persistencia en el siglo XVIII no escapó a la perspicacia de Mornet. También Constantin Bila ha consagrado su tesis a seguir la acción de esas doctrinas en la vida literaria del siglo XVIII; mas no ve en ellas sino una medida de la credulidad de los adeptos y de la pillería de los maestros. No obstante podría proseguirse ese examen a lo largo de todo el siglo XIX. Se vería la atracción de la Alquimia sobre numerosos espíritus, en el origen de obras psicológicamente profundas, como la de Villiers de l’ Isle Adam. El centro de resistencia debe, pues, estar más oculto de lo que se imagina el racionalismo ingenuo. La Alquimia debe tener, en el inconsciente, raíces más profundas.

Para explicar la persistencia de las doctrinas alquímicas, ciertos historiadores de la Francmasonería, totalmente imbuídos de misterio, han pintado la Alquimia como un sistema de iniciación política, tanto más oculto, tanto más oscuro, cuanto más manifiesto era el sentido que parecía tener en la obra química. Así G. Kolpaktchy, en un interesante articulo sobre la Alquimia y la Francmasonería, escribe: “Había, pues, detrás de una fachada puramente alquímica (o química) muy real, un sistema de iniciación no menos real… ese sistema de iniciación se encuentra en los fundamentos de todo esoterismo europeo, a partir del siglo XI y, por tanto, en los fundamentos de la iniciación de la RosaCruz y en los fundamentos de la Francmasonería”.

Pero esta interpretación, aunque Kolpaktchy reconozca que la Alquimia no es simplemente “una inmensa mixtificación destinada a engañar a las autoridades eclesiásticas”, es aún demasiado intelectualista. Ella no nos puede dar una justa medida de la resistencia psicológica del obstáculo alquímico frente a los ataques del pensamiento científico objetivo.

Después de todos estos intentos de explicación que no tienen en cuenta la oposición radical entre Química y Alquimia, hay, pues, que arribar al examen de las condiciones psicológicas más íntimas, para explicar un simbolismo tan poderoso, tan completo, tan duradero. Tal simbolismo no podia trasmitirse como simples formas alegóricas si no recubría una realidad psicológica incontestable. Precisamente el psicoanalista Jones ha puesto de manifiesto de una manera general que el simbolismo no se enseña como una mera verdad objetiva. Para enseñarse, el simbolismo debe vincularse a fuerzas simbolizantes que preexisten en el inconsciente. Puede decirse con Jones que “cada uno recrea… el simbolismo con los materiales de que dispone y que la estereotipía tiende a la uniformidad del espíritu humano en cuanto a las tendencias particulares que forman la fuente del simbolismo, vale decir a la uniformidad de los intereses fundamentales y permanentes de la humanidad” (1). Es en contra de esta estereotipía de origen afectivo y no perceptivo que debe actuar el espíritu científico.

Examinada a la luz de la convicción personal, la cultura del alquimista se revela entonces como un pensamiento claramente acabado que recibe, a lo largo de todo el ciclo experimental, confirmaciones psicológicas que revelan bien la intimidad y la solidez de sus símbolos. En verdad, el amor por una Quimera es el más fiel de los amores. Para juzgar bien el completo carácter de la convicción del alquimista no debemos perder de vista que la doctrina filosófica que afirma la ciencia como esencialmente inacabada es de inspiración moderna. Y es también moderno, ese tipo de pensamiento en expectativa, de pensamiento que se desarrolla partiendo de hipótesis consideradas mucho tiempo como presuntas y que se mantienen siempre revocables. Por el contrario, en las edades precientíficas, una hipótesis se apoya sobre una profunda convicción: ella ilustra un estado del alma. Por ello, con su escala de símbolos, la alquimia es un memento para un orden de meditaciones íntimas. No son las cosas y las sustancias las que somete aprueba, lo son los símbolos psicológicos correspondientes a las cosas o aun mejor los diferentes grados de la simbolización íntima cuya jerarquía quiere probarse. En efecto, parece que el alquimista “simboliza” con todo su ser, con toda su alma, al experimentar con el mundo de los objetos. Por ejemplo, después de recordar que las cenizas conservan siempre la marca de su origen sustancial, Becker expresa este singular deseo (que por otra parte es aún registrado por la Encyclopédie en el artículo: Cendre) : “Quiera Dios… que yo tenga amigos que me rindan este último favor; que un día conviertan mis huesos secos y degastados por tantas fatigas, en una sustancia diáfana, que la continuada sucesión de los siglos no pueda alterar, y que conserve su color genérico, no el verdor de los vegetales, mas sí el color del tembloroso narciso; lo que puede hacerse en pocas horas”. El historiador de la Química positiva puede ver especialmente en esto una experiencia de Química, más o menos clara, sobre el fosfato de calcio o, como lo llamaba un autor del siglo XVIII, sobre el “vidrio animal”. Nosotros creemos que el deseo de Becker tiene otra tónica. Ya no son los bienes terrestres los que persiguen esos soñadores, es el bien del alma. Sin esta inversión del interés, se juzga mal el sentido y la profundidad de la mentalidad alquimista.

Por otra parte, cuando la esperada acción material fallaba, ese accidente operatorio no destruiría el valor psicológico de la tensión representada por esa esperanza. No se titubearía en despreciar esta experiencia material desafortunada: las fuerzas de la esperanza quedaban intactas, pues la viva conciencia de la esperanza es de por sí un éxito. Claro que no ocurre lo mismo en el espíritu científico: para éste un fracaso material es de inmediato un fracaso intelectual, puesto que aun el más modesto empirismo científico se presenta como implicado en una contextura de hipótesis racionales. La experiencia de Física de la ciencia moderna es un caso particular de un pensamiento general, el momento particular de un método general. Esa experiencia se ha librado de la necesidad del éxito personal, en la medida precisamente en que ella ha sido verificada en el mundo de la ciencia. Toda la ciencia, en su integridad, no tiene necesidad de ser puesta a prueba por el científico. Pero ¿qué ocurre cuando la experiencia desmiente a la teoría? Puede entonces obstinarse a rehacer la experiencia negativa, puede creerse que no es más que una experiencia fallida. Tal fué el caso de Michelson, quien retomó tan a menudo la experiencia que, según él, debía mostrar la inmovilidad del éter. Pero finalmente cuando el fracaso de Michelson se tomó innegable, la ciencia debió modificar sus principios fundamentales. Así nació la ciencia relativista.

Que una experiencia de Alquimia no tenga éxito, se concluye simplemente que no se ha puesto en la experiencia la materia adecuada, los gérmenes requeridos, o también que aún no han llegado los tiempos de la producción. Podría casi decirse que la experiencia alquímica se desarrolla en una duración bergsoniana en una duración biológica y psicológica. Un huevo que no ha sido fecundado no hace eclosión; un huevo que ha sido mal empollado o empollado sin continuidad se corrompe; una tintura alterada pierde su mordiente y su fuerza generadora. Hay para cada ser, para que crezca, para que produzca, su tiempo adecuado, su duración concreta, su duración individual. Por otra parte, mientras se pueda acusar al tiempo que languidece, al vago ambiente que impide madurar, al suave empuje íntimo que retarda, se tiene todo lo necesario para explicar, desde dentro, los accidentes de la experiencia.

Pero hay una manera aún más íntima para interpretar el fracaso de una experiencia alquímica. Es la de poner en duda la pureza moral del experimentador. Fallar en producir el fenómeno esperado apoyándose sobre los símbolos adecuados, no es un simple fracaso, es un déficit psicológico, es una falta moral. Es el signo de una meditación poco profunda, de una vergonzosa flojedad psicológica, de una plegaria menos atenta y menos ferviente. Como lo dijo muy bien Hitchcock en obras demasiado ignoradas, en los trabajos de los alquimistas, se trata mucho menos de manipulaciones que de complicaciones.

¡Cómo purificaría el alquimista la materia sin purificar en primer lugar su propia alma! ¿Cómo entraría el obrero íntegramente, como lo exigen las prescripciones de los maestros, en el ciclo de la obra si se presenta con un cuerpo impuro, con un alma impura, con un corazón ambicioso? No es raro encontrar, bajo la pluma de un alquimista, una diatriba en contra del oro. Escribe el Filaleto: “Desprecio y detesto con razón esa idolatría del oro y de la plata” (2). Y (pág. 115) : “Yo mismo tengo aversión por el oro, la plata y las piedras preciosas, no como criaturas de Dios que como tales las respeto, sino porque ellas sirven de idolatría a los israelitas así como al resto del mundo”. A menudo el alquimista para lograr éxito en sus experiencias tendrá que practicar largas austeridades. Un Faust, hereje y perverso, necesita del auxilio del demonio para saciar sus pasiones. En cambio un corazón honesto, un alma blanca, animado por fuerzas sanas, reconciliando su naturaleza particular y la naturaleza universal, encontrará naturalmente la verdad. La encontrará en la naturaleza porque la siente en sí mismo. La verdad del corazón es la verdad del Mundo. Jamás las cualidades de abnegación, de probidad, de paciencia, de método escrupuloso, de trabajo obstinado han sido tan íntimamente incorporadas al oficio como en la era alquímica. En nuestros días parece que el hombre de laboratorio pueda más fácilmente desligarse de su función. Ya no mezcla su vida sentimental con su vida científica. Su laboratorio ya no está en su casa, en su granero, en su sótano. Por la tarde lo abandona como se abandona una oficina y vuelve a la mesa familiar donde lo esperan otros cuidados, otras satisfacciones.

En nuestra opinión, revisando todos los consejos que abundan en la práctica alquímica, interpretándolos, como parece siempre posible hacerlo, en su ambivalencia objetiva y subjetiva, se llegaría a constituir una pedagogía más cabalmente humana, en ciertos aspectos, que la pedagogía puramente intelectualista de la ciencia positiva. En efecto, la Alquimia, en su conjunto, no es tanto una iniciación intelectual como una iniciación moral. Por eso, antes de juzgarla desde el punto de vista objetivo, sobre los resultados experimentales, hay que juzgarla desde el punto de vista subjetivo, sobre los resultados morales. Este aspecto no ha escapado a Hélène Metzger quien escribe respecto de Van Helmont (3) : “Esta interpretación del pensamiento de Van Helmont no resultará extraña sí se recuerda que nuestro filósofo no consideraba el trabajo de laboratorio, así como las plegarias y los ayunos, ¡sino como una preparación a la iluminación de nuestro espíritu!” De ahí que por encima de la interpretación materialista de la Alquimia, debe encontrar cabida un psicoanálisis anagógico del Alquimista.

Esta iluminación espiritual y esta iniciación moral no constituyen una simple propedéutica que ha de ayudar a los progresos positivos futuros. Es en el trabajo mismo, en las lentas y suaves maniobras de las materias, en las disoluciones y cristalizaciones alternadas como el ritmo de los días y de las noches, donde se encuentran los mejores temas para la contemplación moral, los símbolos más claros de una escala de íntima perfección. La naturaleza puede ser admirada en extension, en el cielo y en la tierra, La naturaleza puede ser admirada en comprensión, en su profundidad, en el juego de sus mutaciones sustanciales. Pero esta admiración en profundidad, ¡cuán evidentemente es solidaria de una meditada intimidad! Todos los símbolos de la experiencia objetiva se traducen inmediatamente en símbolos de la cultura subjetiva. ¡Infinita simplicidad de una intuición pura! El sol juega y ríe sobre la superficie de un vaso de estaño. El jovial estaño, coordinado a Júpiter, es contradictorio como un dios: absorbe y refleja la luz, su superficie es opaca y pulida, clara y sombría. El estaño es una materia mate que de pronto lanza un hermoso fulgor. Para ello no hace falta más que un rayo bien dirigido, una simpatía de la luz, entonces se revela. Y para un Jacob Boehme, como lo dice tan bien Koyré en un libro al cual hay siempre que recurrir para comprender el carácter intuitivo y subyugador del pensamiento simbólico, eso no es sino “el verdadero símbolo de Dios, de la luz divina, que para revelarse y manifestarse tiene necesidad de lo otro, de una resistencia, de una oposición; que para decirlo de una vez, tiene necesidad del mundo para reflejarse y expresarse en él, para oponerse y separarse de él”.

Si la contemplación de un simple objeto, de un vaso olvidado a los rayos del poniente, nos proporciona tanta luz sobre Dios y sobre nuestra alma, ¡cuán más detallada y más evocadora será la contemplación de los fenómenos sucesivos en las experiencias precisas de la transmutación alquímica! Así interpretada, la deducción de los símbolos no se desenvuelve más sobre un plano lógico o experimental, sino más bien sobre el plano de la intimidad completamente personal. Se trata menos de una comprobación externa que de una comprobación interna. ¿Quién sabrá jamás qué es un renacimiento espiritual y qué valor de purificación tiene todo renacimiento, si no ha disuelto una grosera sal en su mercurio adecuado y si no la ha renovado en una cristalización paciente y metódica, espiando ansiosamente la primera condensación cristalina? Entonces hallar el objeto es verdaderamente hallar el sujeto: es encontrarse en el momento de un renacimiento material. Se tenía la materia en el hueco de la mano. Para que sea más pura y más hermosa, se la ha sumergido en el seno pérfido de los ácidos; se ha arriesgado su tesoro. Un día el ácido apiadado ha devuelto el cristal. El alma toda se regocija por la vuelta del hijo pródigo. El psicoanalista Herbert Silberer, en mil observaciones de singular penetración, ha mostrado así el valor moral de los diferentes símbolos alquímicos. Es significativo que todas las experiencias alquímicas se dejan interpretar de dos maneras: química y moralmente. Mas entonces surge la pregunta: ¿Dónde está el oro? ¿En la materia o en el corazón? Y en seguida, ¿cómo titubear frente al valor dominante de la cultura química? La interpretación de los escritores que describen al alquimista en la búsqueda de la fortuna es un contrasentido psicológico, La Alquimia es una cultura íntima. Es en la intimidad del sujeto, en la experiencia psicológicamente concreta donde ella encuentra la primera lección mágica. Comprender de pronto que la naturaleza obra mágicamente, es aplicar al mundo la experiencia íntima. Hay que pasar por intermedio de la magia espiritual, donde el ser íntimo prueba su propia ascensión, para comprender la valorización activa de las sustancias primitivamente impuras y contaminadas. Un alquimista, citado por Silberer, recuerda que él no hizo progresos importantes en su arte hasta el día en que advirtió que la Naturaleza obra mágicamente. Pero éste es un descubrimiento tardío; hay que merecerlo moralmente para que, según el espíritu, deslumbre a la experiencia.

Esta magia no es taumaturgia. La letra no domina al espíritu. Hay que adherir con el corazón, no con los labios. Y todas las burlas fáciles sobre las palabras cabalísticas que murmura el experimentador, desconocen precisamente la experiencia psicológica que acompaña a la experiencia material. El experimentador se entrega por completo, él en primer lugar. Silberer observa además “que lo que debe ser sembrado en la tierra nueva, se llama habitualmente Amor“. La Alquimia reina en una época en la que el hombre ama a la Naturaleza más que utilizarla. Esta palabra Amor todo lo arrastra. Es la contraseña entre la obra y el obrero. No se puede, sin dulzura y sin amor, estudiar la psicología de los niños. Exactamente en el mismo sentido no se puede, sin dulzura y sin amor, estudiar el nacimiento y el comportamiento de las sustancias químicas. Arder por un tierno amor es apenas una imagen, para quien sabe calentar un mercurio a fuego lento. Lentitud, dulzura, esperanza, he ahí la fuerza secreta de la perfección moral y de la transmutación material. Como dice Hitchcock (4) : “El gran efecto del Amor es el de convertir toda cosa a su propia naturaleza, que es toda bondad, toda dulzura, toda perfección. Es este poder divino el que cambia el agua en vino; el dolor y la angustia en júbilo exultante y triunfante“. Si se acepta esta imagen de un amor más sagrado que profano, no debe asombrar que la Biblia haya sido una obra de práctica constante en los laboratorios de los alquimistas. Sin esfuerzo se pueden encontrar, en las palabras de los Profetas, millares de ejemplos en los que el plomo, la tierra, el oro, la sal expresan las virtudes y los vicios de los hombres. La Alquimia a menudo no hizo sino codificar esta homología. En efecto, todos los grados de la transmutación mágica y material se presentan para algunos como homólogos de los grados de la contemplación mística: “En el Rosarium de Johannes Daustenius los siete grados son objeto de la siguiente descripción:

…De este modo el cuerpo (1) es la causa de que el agua se conserve. El agua (2) es la causa de que el aceite se conserve y que no se inflame sobre el fuego. El aceite (3) es la causa de que la tintura se fije, y la tintura (4) es la causa para que aparezcan los colores, y el color (5) es la causa para que se muestre la blancura; y la blancura (6) es la causa que todo lo fugaz (7) se fije y deje de ser fugaz. Es absolutamente lo mismo cuando Bonaventura describe septem gradus contemplationis y David de Augsburg los siete escalones de la plegaria. Boehme conoce 7 Quellgeister. . . “. Estas escalas homólogas nos indican bastante claramente que una idea de valor está asociada con los productos sucesivos de las manipulaciones alquímicas. En lo sucesivo tendremos muchas ocasiones de mostrar que toda valorización en el orden del conocimiento objetivo debe dar lugar a un psicoanálisis. Será uno de los temas principales de este libro. Por el momento no tenemos sino que retener el carácter directo e inmediato de esta valorización. Ella está hecha de la adhesion apasionada a ideas básicas que en el mundo objetivo no encuentran sino pretextos.

En este largo parágrafo pretendimos totalizar los caracteres psicológicos y los pretextos más o menos objetivos de la cultura alquímica. Esta masa totalizada nos permite en efecto comprender bien lo que hay de demasiado concreto, de demasiado intuitivo, de demasiado personal en una mentalidad precientífica. Un educador tendrá pues que pensar siempre en desligar el observador de su objeto, en defender al alumno en contra de la masa de afectividad que se concentra sobre ciertos fenómenos demasiado rápidamente simbolizados y, en cierto sentido, demasiado interesantes. Consejos semejantes no son quizá tan inactuales como puede parecer a primera vista. Algunas veces, enseñando química, tuve ocasión de seguir los arrastres de alquimia que todavía trabajan a los jóvenes espíritus. Por ejemplo mientras, en una mañana de invierno, preparaba amalgama de amonio, manteca de amonio como decía todavía mi viejo maestro, mientras amasaba el mercurio que crecía, yo leía pasiones en los ojos atentos. Ante ese interés por todo lo que crece y aumenta, por todo lo que se amasa, recordaba estas antiguas palabras de Ireneo Filaleto (5) : “Alegraos si veis vuestra materia hincharse como la masa, porque el espíritu vital está encerrado en ella y a su tiempo, con el permiso de Dios, devolverá la vida a los cadáveres”. Me pareció también que la clase se alegraba tanto más, cuanto esa pequeña novela de la Naturaleza terminaba bien, al restituir al mercurio, tan simpático a los alumnos, su aspecto natural, su misterio primitivo.

Así, tanto en la clase de química moderna como en el taller del alquimista, el alumno y el adepto no se presentan de primera intención como espíritus puros. La materia misma no es para ellos una razón suficiente de tranquila objetividad. Al espectáculo de los fenómenos más interesantes, más chocantes, el hombre va naturalmente con todos sus deseos, con todas sus pasiones, con toda su alma. No debe pues asombrar que el primer conocimiento objetivo sea un primer error.

(1) JONES: Traité théorique et pratique de Psychoanalyse, trad. 1925, p. 218.

(2) Sin nombre de autor, Histoire de la philosophie hermétique, avec le véritable Philalethe, Paris 1742, 3 tomos, t. III p. 113.

(3) HÉLÈNE METZGER: Les doctrines chimiques en France, du début du XVII, a la fin du XVIII siecle, Paris 1923, p. 174

(4) HITCHCOCK: Remarks upon Alchemy and the Alchemists, p. 133.

(5) Sin nombre de autor, Histoire de la philosophie hermétique, avec le véritable Philalethe, loc. cit., t. II, n. 230.

BELEFORONTE Y SU QUIMERA

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SAN JORGE Y SU DRAGÓN

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BOB Y SU DRAGÓN

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SALQUIMIXTAS COMO MARAVUNTA DESLIZANDOSE BAJO LA TIERRA

TODO VA BIEN… >:D

PoéTiCa del FueGo; CRíTiCa aL PSiCoaNaLiSTa;

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Cómo no…. La BELLEZA DEL FUEGO

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Gastón BACHELARD
Fragmentos de una poética del fuego
Ed. Paidós, Bs. As., 1992

Hay bellezas específicas que nacen del lenguaje, a través del lenguaje, por el lenguaje. Pensándolo bien, el estudio sistemático de la imaginación literaria tiene para nosotros una ventaja: la de que, al reducir nuestro problema, lo hemos precisado. Estamos, por cierto, frente a una imaginación ofrecida con toda sencillez, en la más simple de las intimidades, la de un libro y su lector. La imaginación literaria es el objeto estético que ofrece el literato amigo de los libros. La imagen poética puede caracterizarse como un vinculo directo de un alma a otra, como un contacto de dos seres felices de hablar y de oir, en esa renovación del lenguaje que es una palabra nueva.

La imagen literaria  debe ser ingenua. Tiene, de este modo, la gloria de ser efímera, piscológicamente efímera. Renueva el lenguaje embelleciéndolo. Al leer a los poetas uno se adhiere a ese embellecimiento del lenguaje, a falta de tener el placer de crearlo.
Era entonces para nosotros un buen método abordar el problema más específico de la imaginación literaria: el problema de la expresión poética. Al considerar las imágenes poéticas del fuego tenemos una posibilidad más. Puesto que abordamos el estudio del lenguaje inflamado de un lenguaje que sobrepasa la voluntad del ornamento para alcanzar, alguna vez, la belleza agresiva. En el discurso inflamado, la expresión siempre sobrepasa al pensamiento. Al analizarlo desentrañaremos la psicología del exceso. Todo el psiquismo es arrastrado por imágenes excesivas. Las imágenes del fuego tienen una acción dinámica y la imaginación dinámica es un dinamismo del psquismo. Esa franja de exceso que colorea imágenes literarias nos revela una realidad psicológica que deberemos poner en evidencia.
Al iniciar así el estudio de la estructura y el dinamismo del lenguaje poblado de imágenes, al estudiar con las imágenes literarias, la voluntad que se adueña de la palabra, me fui percatando lentamente, áridamente, de que la imagen literaria tiene un valor propio y directo, de que no es sólo una manera de expresar pensamientos, de traducir, en palabras bien dispuestas, placeres sensibles. Y es así como he llegado a entrever los gérmenes de una ontología poética en cada imagen literaria un poco nueva.

Con la imagen poética, uno puede aprehender el momento en que el lenguaje quiere ser escrito. Cuando se conoce la felicidad de escribir,

a ella es preciso entregarse, cuerpo y alma, mano y obra. George Sand lo sabía bien cuando decía: “De nada vale al pensar al escribir; el pensamiento y la palabra se llevan mal”. La escritura es, de alguna manera, una dimensión que desploma la palabra. La imagen literaria es un verdadero relieve por encima del lenguaje hablado,del lenguaje sometido a la servidumbre de la significación. ¿Un relieve? Más aún: el valor poético consolida las trascendencias que podrían parecer simples retoños de la fantasía. Cuando se vive esa consolidación de la imagen literaria, de jueguetona que era, se convierte en imagen poética, uno se convence de que la Poesía es un reino del lenguaje. El reino Poético no está más en relación con el Reino de la significación: se sitúa por encima de las oscilaciones del significante y el significado que el psicoanalista, a causa de su oficio de esclarecedor de enigmas, debe medir. A veces la imaginación poetica violenta la significación. Los surrealistas proporcionan muchos ejemplos de esta violencia. Había allí una necesidad polémica para provocar la libertad de imaginar. Pero ahora que la poesía ha conquistado su derecho a la verticalidad, una simple exaltación del lenguje nos da esta libertad.

No se recibe, en verdad, comunicación de una imagen poética si no se acepta esta imagen ocmo una exaltación psíquica particular, como una metamorfosis del ser de la Palabra. Una filosofía del Reino poético debería pues sugerir una doble elevación del ser: por encima de la realidad ususal de los objetos, y por encima de la realidad psicológica de lo vivido de la realidad ordinaria.
Contra tales relieves psicológicos y metafísicos, la crítica es fácil. (…) Se nos objetará que al evocar para el lenguaje un reino Poético en el que abandonamos las obligaciones del lenguaje cotidiano, huimos dos veces fuera del ser: fuera del ser del mundo, fuera del ser de nuestro propio vivir. Los filósofos del Ser, los filósofos “ontológicos” se convencen muy fácilmente de la permanencia del ser en todos los modos del ser. Se ocupan del ser hasta en las brumas del ser. Apenas nacidos, existen. Y la realidad del mundo es para ellos una garantía inmediata de su propia existencia en el mundo. Por lo tanto, toda expresión hablada sólo puede ser un eco de una sonoridad natural del ser, de su ser. Los filósofos del ser manifiestan el mundo y manifiestan su ser en un solo y mismo lenguaje. Y siempre el ser, un ser, los seres son una garantía de la Palabra. El ser de la palabra no es más que una forma del Ser. La Palabra jamás conquista una autonomía. Es siempre un instrumento. En la mejor hipótesis, es un grito civilizador. Existe siempre, en el ser de una palabra, un ser antes de su ser; la palabra “expresa”. El ser de su expresión no es más que un ser delegado, un “modo” del ser que habla.

En verdad, el dinamismo de las palabras inflamadas -las imágenes poéticas que nacen en el recinto de la palabra-, un dinamismo semejante responde por el movimiento, por la explosion, a los partidarios del lenguaje estabilizado. Si pudiéramos hacer sentir a continuación que en la imagen poética arde un exceso de vida, un exceso de palabras, habríamos probado, detalle por detalle, que tiene sentido hablar de un lenguaje caldeado, fogón de palabras indisciplinadas donde se consume el ser, en una ambición casi alocada por promover un ser-más, un más que ser.

Uno de los leitmotiv de la fenomenología aplicada es la determinación, en primera conciencia, de las “experiencias vividas”. Lo que uno mismo vive, en si mismo,  tiene -se piensa- un privilegio de clara conciencia. Pero a menudo esta determinación de una conciencia de lo vivido dice demasiadas cosas en una sola palabra. La palabra “vivido” sobrevalora muy fuertemente una experiencia que, como toda experiencia debe afinarse en incesantes análisis.
Bajo la pluma de los filósofos de nuestro tiempo, la palabra “vivido” es, a menudo, una palabra que reivindica. Se la escribe entonces contra otros filósofos de los que se juzga con cierto apresuramiento que no aborda lo “vivido”, que se contentan con un juego fácil de abstracciones, que eluden “la existencia” para consagrarse al “pensamiento”. El problema no nos parece tan simple, y puesto que nosotros mismos utilizamos la palabra “vivido”, cargada tan a menudo de sentido existencialista, no es preciso explicarnos. ¿Como creen en efecto, que se tiene la vida, toda la vida, la vida en profundidad, en un acontecimiento pasajero, en la intensidad relativa de una eleccion psiquica excepcional? Lo vivido conserva la marca de lo efimero si no puede ser revivido. Y ¿como no incorporar con lo vivido la mas grande de las indisciplinas que es lo vivido imaginativamente? Lo vivido humano, la realidad del ser humano, es un factor de un ser imaginario. Deberemos probar que una poética de la vida vive la vida reviviéndola, intensificándola, desligándola de la naturaleza, de la pobre y monótona naturaleza, pasando de la realidad al valor y, suprema acción de la poesía, pasando del valor respecto de mí al valor respecto de las almas afines aptas para la valoraización por lo poético.

Por otra parte, ¿quién vive su vida, quién vive la vida natural en su amplitud y su diversidad? La vida natural se vive en nosotros sin nosotros. Si se la vive bien, la consecuencia es que se la expresa mal. En nosotros la vida no es un objeto que podemos asir en todo momento. No es una unidad de ser que puede determinarse en un estar-ahí. El ser humano es una colmena de seres. Son los pensamientos lejanos, las imágenes alocadas los que hace la miel del ser, la sustancia de la vida poética. La vida de un hombre no tiene un centro. ¿En qué perifería se anima la vida? Y puesto que se anima sobre todo al expresarse, hacia qué imagen, en qué poemas encuentra el ser su verdadera vida, la vida excesiva? El ser humano jamás está fijo, jamás está ahí, jamás vive en el tiempo en que los otros lo ven vivir, donde él mismo dice a los otros que vive. No puede tomarse la vida como una masa que avanza en una oleada y arrastra todo el ser en un devenir general del ser. A menudo, casi siempre, somos seres estancados sacudidos por remolinos. ¿Dónde está la dirección del movimiento de la vida en nosotros? Bergson no tuvo dificultad en demostrar que en una experiencia de lo vivido el cronómetro es un instrumento inútil y engañoso. El cronómetro es el tiempo de los otros, el tiempo de un “otro tiempo” que no puede medir nuestra duración. ¿Pero acaso no somos nosotros la gavilla mal ligada de un millar de otros tiempos? Los “tiempos” entonces abundan en nosotros sin encontrar la cadencia que regularía nuestra duración. ¿Dónde está el tiempo que marcaría de una manera muy fuerte la dinámica de nuestro ser, los múltiples dinamismos de nuestro ser? Basta con cambiar de imágenes para cambiar de tiempos. En el reino del fuego, somos una hoguera de seres. En nuestro fuego que nos da energía y vida, ¿dónde está el tiempo principal? ¿Es acaso el tiempo de la ceniza que mantiene al abrigo al fuego de mañana?

Las objeciones que creo poder dirigir, en un corto prefacio, a ciertos juicios de los psicoanalistas relativos a la piscología del lenguaje no se dirigen naturalmente a los principios del psicoanálisis. Las obras de Freud, tanto las pequeñas como las grandes, tiene para mí una tonalidad inaugural que debe convercernos de que no se puede ingresar en los estudios psicológicos sin una profunda reforma de los métodos de observación. La introducción de un valor nuevo en el lenguaje – que este valor sea una claridad de pensamiento, una bella imagen o un dicho in-genioso es como el comienzo de la palabra-, cuyo rol en una ética del psiquismo debería señalar la filosofía.

Querría mostrar que, en pirmer lugar que los seguidores de Freud no abordan verdaderamente la estética del lenguaje y, luego, que la estética del lenguaje cumple un rol útil para la salud psíquica.
Centro todo mi debate de una sublimación absoluta. Los poetas, dice Patrice de La Tour du Pin, encuentran “su base elevándose”. Esta base es el umbral mismo de la sublimación absoluta. Ya he propuesto esta noción en mis obras anteriores.

Hay imágenes absolutas, es decir, imágenes liberadas de su sobrecarga pasional. Esas imágenes no subliman nada. La destilación poética ha tenido éxito, esta acabada. La pureza poética fue alcanza. La quintaesencia poética ha sido despojada de todos los residuos sensibles. El psicoanalista no considera este elevarse del lenguaje hasta su propia altura. Todas las imágenes permanecen -para él- impregnadas de materias písquicas mal elaboradas, incluso de materias que rechazan la elaboración.
Para el psicoanalista hay siempre una resistencia a un movimiento, y una profundidad bajo una superficie. El psicoanalista mira en profundidad y mira bien. Ve claramente en los profundos estratos del ser. Pero con ello arriesga perder el sentido de la altura, la sensibilidad a los impulsos de una verticalidad psíquica. Para el psicoanalista la profundidad es lo estable, lo sólido, lo permanente. Para el psicoanalista, no hay vestido adornado que no lleve un grueso forro. Cuanto más adornado el vestido, más grueso el forro. Y está hecho con la sólida tela de los complejos. Un arlequín de retazos de forro, tal es la personalidad profunda de un psiquismo brillante.

Comienzo entonces la elucidación de la realidad psicológica oculta: “Muestras demasiado, en consecuencia escondes”. Tal es el juicio que el psicoanalista pronuncia contra su paciente. Y cuando es en la palabra misma donde se manifiesta la necesidad de adorno, la voluntad de adorno, el placer por el adorno, el psicoanalista no siempre sabe entrar en el diálogo de las palabras juguetonas y encontrar de ese modo el fondo del fondo. Condena globalmente el lenguaje adornado. Cuando la expresión multiplica los matices, cuando matiza los matices, el  psicoanalista ve allí una pantalla abigarrada, una pantalla instalada por una represión sutil. Un ser hábilmente secreto se opone de ese modo a la mirada de un psicoanalista perspicaz. Hace ya largo tiempo que se ha dicho que la palabra fue dada al hombre para que pudiera ocultar su pensamiento.

Pero situar el problema bajo el signo de un pensamiento hábil en preservar los secretos equivale a no tener en cuenta la exuberancia de las palabras que expresan imágenes. Filtrarse en nuevas imágenes es un destino normal de la palabra.
En general, la excitación por hablar es una mala señal a los ojos de un psicoanalista. Emplea una palabra grosera, propia del manicomio, para condenar la exuberancia de las palabras como “verborragia”. Cree que la excitación por hablar es una excitación sustitutiva. Jamás piensa en el beneficio directo que recibe un psiquismo. De todas maneras, para un psicoanalista esta exuberancia es un trastorno superficial. Los psicoanalistas se lanzan a investigar causalidades psicológicas más profundas.
En consecuencia, para un soñador del lenguaje poético, para un soñador del lenguaje completo, los psicoanalistas son como psicólogos linguísticamente mono-orientados, más exactamente como psicólogos semiverticalizados. No conocen la amplitud de toda la verticalidad del lenguaje. Y como no piensan incluir en el lenguaje los valores cimeros, los valores que sobrepasan la cima -es decir, los valores poéticos-, son insensibles a la dinámica de la verticalidad positiva, aquella que atrae, que entusiasma a los poetas, los grandes del habla. Se sorprenderían si se les dijera que esos derrames de palabras poéticas son manifestaciones del soplo vital, de una forma muy humana de soplo vital. En la poesía el soplo vital del lenguaje se renueva sin cesar. Al leer a los poetas se tiene mil oportunidades de vivir en un lenguaje joven.

Una de las acciones más directas del lenguaje es preciso encontrarla en el lenguaje imaginativo. Al soñar entre abundante imágenes poéticas, el fenomenólogo puede suplantar al psicoanalista. Es posible incluso que un doble método que enlace dos métodos contrarios, uno que vuelva hacia atrás y otros que asuma las imprudencias de un lenguaje no controlado, uno dirigido hacia la profundidad y otro dirigido hacia las alturas, produjera oscilaciones útiles y permitiera hallar el punto de unión entre las pulsiones y la inspiración, entre lo que empuja y lo que aspira. Es preciso remitirse siempre al pasado y también, sin cesar, desembarazarse del pasado. Para vincularse al pasado es menester amar la memoria. Para desligarse del pasado es preciso imaginar mucho. Y esas obligaciones contrarias vivifican el lenguaje.
Una filosofía completa del lenguaje debería, pues, unir las enseñanzas del psicoanálisis y de la fenomenología. Sería entonces menester añadir al psico-análisis un poético-análisis donde se pondrían en orden las aventuras del lenguaje, donde se daría libre curso a todos los medios, a todos los talentos de expresión.

Para desentrañar en todas sus sutilezas un poético-análisis de un hombre que se expresa, no hay que contar con los psicoanalistas. Son escasos los psicoanalistas que leen a los poetas,(Aun que habrá psicoanalistas poetas tmb…) que señalan cada día de su vida por el amor a un poema. El poético-análisis debería ser una profundización muy íntima de la alegría de imaginar. Cada uno comenzara entonces, por medio de su poético-análisis, su propio psicoanálisis. Un autopsicoanálisis es fácil cuando se es viejo. Para un poético-análisis bueno y fervoroso sería necesario ser joven. Así el largo relato de mis tormentos de método, cuya historia he querido narrar, no conducen a una tranquilidad homogénea. Cuanto más trabajo, más me diversifico. Para encontrar una unidad de ser, sería necesario tener todas las edades a la vez.

agosto 26, 2009

GRouCHo MARX;

Posted in Belleza a 8:20 pm por Autor

Grouchoicon

Groucho Marx ha demostrado un gran ingenio en cualquier situación. Incluso para su descanso eterno preparó una de sus citas más célebres:

“Disculpen que no me levante”

Sus citas más célebres

Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio.

¿A quien va usted a creer?, ¿a mi, o a sus propios ojos?

Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros.

Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota.

Nunca olvido una cara. Pero en su caso, estaré encantado de hacer una excepción.

Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cinco años!

Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún ida espero leerlo.

¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Que ha hecho la posteridad por mi?

La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música.

La inteligencia militar es una contradicción en los términos.

Una mañana me desperté y maté a un elefante en pijama. Me pregunto como pudo ponerse mi pijama.

La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro.

He pasado una noche estupenda. Pero no ha sido esta.

Debo confesar que nací a una edad muy temprana.

O usted se ha muerto o mi reloj se ha parado.

Recordad que estamos luchando por el honor de esa mujer, lo que probablemente es más de lo que ella hizo jamás.

Partiendo de la nada alcance las mas altas cimas de la miseria.

Citadme diciendo que me han citado mal.

El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución.

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnostico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.

Bebo para hacer interesantes a las demás personas.

Solo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Y si responde “sí”, sabes que es un corrupto.

¿Que por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti más que tú.

¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación mas grande.

La política no hace extraños compañeros de cama. El matrimonio sí.

El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla, está hecho.

Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera virgen.

Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente esta demasiado oscuro para leer.

No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo.

Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Detrás de ella, esta su esposa.

El matrimonio es la principal causa de divorcio.

Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.

Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no los conozco muy bien.

¿Pagar la cuenta?… ¡Qué costumbre tan absurda!

Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína.

Me casé por el juzgado. Debería haber pedido un jurado.

Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida… lo cual no dice mucho en mi favor.

Hasta luego cariño… ¡Caramba!, la cuenta de la cena es carísima… ¡Es un escándalo!… ¡Yo que tú no la pagaría!

Señorita… envíe un ramo de rosas rojas y escriba “Te quiero” al dorso de la cuenta.

El verdadero amor sólo se presenta una vez en la vida… y luego ya no hay quien se lo quite de encima.

No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual.

Está loca por mí. ¡Qué mujer no lo está! Yo sé que va usted a preguntarme cuál es mi secreto… ¡Voto al diablo que sois osado! El secreto es no darles a entender que se las quiere. No ir nunca tras ellas. Que ellas vayan detrás de ti. Hay que avivar el cariño del amor con el abanico de la indiferencia… (Los Hermanos Marx en el Oeste)

Oh! Nunca podré olvidar el día que me casé con aquella mujer… Me tiraron píldoras vitamínicas en vez de arroz.

¿Quiere usted casarse conmigo? ¿Es usted rica? Conteste primero a la segunda pregunta.

– ¿Por qué y cómo ha llegado usted a tener veinte hijos en su matrimonio? – Amo a mi marido. – A mí también me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca.

M. Dumont: Dime Wolfie, cariño, ¿tendremos una casa maravillosa? Groucho: Por supuesto, ¿no estarás pensando en mudarte, verdad? M. Dumont: No, pero temo que cuando llevemos un tiempo casados, una hermosa joven aparezca en tu vida y te olvides de mí. Groucho: No seas tonta, te escribiré dos veces por semana.

¿Me lavaría un par de calcetines? (…) Es mi forma de decirle que la amo, nada más.

Cásate conmigo y nunca más miraré a otro caballo.

No permitiré injusticias ni juego sucio, pero, si se pilla a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared… ¡Y daremos la orden de disparar!

¡Cavar trincheras! ¡Con nuestros hombres cayendo como moscas! No tenemos tiempo para cavar trincheras. Las tendremos que comprar prefabricadas.

“Chico: Un coche y un chófer cuestan demasiado. He vendido mi coche. Groucho: ¡Qué tontería! En su lugar, yo hubiera vendido el chófer y me hubiera quedado con el coche. Chico: No puede ser. Necesito el chófer para que me lleve al trabajo por la mañana. Groucho: Pero, ¿cómo va a llevarle si no tiene coche?. Chico: No necesita llevarme. No tengo trabajo.”

Oiga mozo, ¿y no sería más fácil que en lugar de intentar meter mi baúl en el camarote, metiera mi camarote dentro del baúl?

Perdonen que no me levante. (Epitafio de Groucho)

Que de le den el 10% de mis cenizas a mi promotor artístico.

Mi madre adoraba a los niños. Hubiera dado cualquier cosa porque yo lo fuera.

Si quisiera un centavo rompería la hucha de mi hijo -si tuviera un hijo-.

Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la única posibilidad de beber algo a media noche sin pisar al gato.

Durante mis años formativos en el colchón, me entregué a profundas cavilaciones sobre el problema del insomnio. Al comprender que pronto no quedarían ovejas que contar para todos, intento el experimento de contar porciones de oveja en lugar del animal entero.

Es una tontería mirar debajo de la cama. Si tu mujer tiene una visita, lo más probable es que la esconda en el armario. Conozco a un hombre que se encontró con tanta gente en el armario que tuvo que divorciarse únicamente para conseguir donde colgar la ropa.

Dices que conociste a John en un ascensor, y mi pregunta es: ¿subía o bajaba? Esto es muy importante porque, cuando bajamos en un ascensor, siempre tenemos una sensación de vacío en el estómago que a veces puede confundirse con amor. En cambio, si subía, se trata de un caso claro de flechazo a primera vista, y también demuestra que John es un joven en periodo de ascenso. (De una carta a su hija Miriam)

Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…

Hace tiempo conviví casi dos años con una mujer hasta descubrir que sus gustos eran exactamente como los míos: los dos estábamos locos por las chicas.

En las fiestas no te sientes jamás; puede sentarse a tu lado alguien que no te guste.

He disfrutado mucho con esta obra de teatro, especialmente en el descanso.

AGLA; Último discurso JFK; HÉROES del SILENCIO;

Posted in Belleza, Palabras ardientes a 1:07 pm por Autor

http://es.wikipedia.org/wiki/AGLA

http://www.tu.tv/videos/heroes-sirena-varada-letra_2

phispiralyw7

agosto 25, 2009

Mutus Liber, tratado Al’CHEmico

Posted in Alquimia, Belleza a 2:17 pm por Autor

El Mutus Liber es una serie de 15 láminas o planchas de un manuscrito de grabados emblemáticos de la Alquimia, publicado en 1677 en La Rochelle (Francia). El autor del MUTUS LIBER es desconocido. El nombre de “Altus”, que figura en la primera plancha, no corresponde a persona alguna y parece ser un seudónimo. Barbier, en su Diccionario de anónimos, basándose en las observaciones de un historiador local, cree que el verdadero autor es un médico de La Rochelle llamado Tollé, opinión considerada errónea por Marc Haven. También se le ha atribuido a Jacob Sullat, basándose en el anagrama del seudónimo Altus (“Alto”).

Fue reeditado en 1967 por Jean_Jacques Pauvert (París), con la adición de una introducción y comentarios. Posteriormente, en 1702, estás láminas fueron re grabadas, versión que se encuentra en la “Mangent´s Biblioteca Chemica Curiosa”.

Mutus Liber

agosto 21, 2009

Mundus Imaginalis; CoNCieNCia iMaGiNaTiVa; iMaGiNaCióN CoGNiTiVa;

Posted in Alquimia, Belleza, Kábala, MAGICK, Psicologia a 1:52 pm por Autor

Mundus Imaginalis: lo imaginario & lo imaginal

por Henri Corbin

(traducción de Enrique Eskenazi)

Al proponer las dos palabras latinas “mundus imaginalis” como título de esta discusión, me propongo tratar un orden preciso de realidad que corresponde a un modo preciso de percepción, porque la terminología latina tiene la ventaja de proporcionarnos un punto técnico y fijo de referencia, con el cual podemos comparar los diversos equivalentes más o menos no resueltos que nuestros modernos lenguajes Occidentales sugieren.
Y haré inmediatamente una concesión. La elección de estas dos palabras se me impuso hace tiempo, porque me resultaba imposible quedar satisfecho con la palabra “imaginario” para aquello que tenía que traducir o decir. Esto no es, bajo ningún aspecto, una crítica dirigida a aquellos de nosotros para quienes el uso del lenguaje nos obliga a recurrir a esta palabra, y que intentamos juntamente reevaluarla en un sentido positivo. Sin tomar en cuenta nuestros esfuerzos, empero, no podemos impedir que la expresión “imaginario”, en su uso corriente y no deliberado, equivalga a significar irreal, aquello que es y permanece fuera de la existencia, en breve: algo ‘utópico’. Me vi obligado a encontrar otra expresión, porque a lo largo de muchos años he sido, por vocación y profesión, un intérprete de textos Arabes y Persas, cuyo propósito seguramente habría traicionado si me hubiera contentado -aún con todas las precauciones – con el término ‘imaginario’. Me vi totalmente obligado a hallar otro término para no confundir al lector occidental, ya que es cuestión de desarraigar hábitos de pensamiento largo tiempo establecidos, a fin de despertarle a un orden de cosas, desvelar cuyo significado es la misión de nuestro coloquio en la “Sociedad de Simbolismo
En otras palabras, si usualmente hablamos de ‘imaginario’ como lo irreal, lo utópico, ésto debe ser síntoma de algo. En contraste con este algo, podemos examinar juntos brevemente ese orden de realidad que designo como “mundus imaginalis” y que los teósofos del Islam designan como el “octavo clima”; luego examinaremos el órgano que percibe esta realidad, es decir, la conciencia imaginativa, la Imaginación “cognitiva”; y finalmente, presentaremos varios ejemplos, entre otros, por supuesto, que nos sugieren la topografía de estos mundos internos, tal como han sido vistos por aquellos que “realmente” han estado allí.

1. “NA-KOJO-ABAD” O EL “OCTAVO CLIMA”
Acabo de mencionar la palabra “utópico”. Es raro, o un ejemplo decisivo, que nuestros autores usan un término en Persa que parece su calco lingüístico: “Na-kojo- Abad”, la “tierra de ningún lugar (No-where)”. Esto, empero, es algo completamente distinto de una “utopía”
Tomemos los hermosísimos cuentos -simultáneamenta cuentos visionarios y cuentos de iniciación espiritual- compuestos en Persa por Sohravardi, el joven sheik que, en el siglo XII, fue quien “revivió la teosofía de la antigua Persia” en el Irán islámico. Cada vez el visionario se encuentra, al comenzar el cuento, en presencia de una figura sobrenatural de gran belleza, a quien el visionario pregunta “quién” es y “de dónde” viene. Estos cuentos esencialmente ilustran la experiencia del gnóstico, vivida como la historia personal del Extranjero, el cautivo que aspira regresar a casa.

Al comienzo del cuento que Sohravardi titula “El Arcángel Escarlata”, el cautivo, que acaba de huir de la vigilancia de sus carceleros, esto es, que ha abandonado temporalmente el mundo de la experiencia sensorial, se encuentra en el desierto en presencia de un ser al que pregunta, ya que le ve con todos los encantos de la adolescencia, “Oh Joven! ¿De dónde vienes?” Y recibe por respuesta: “¿Qué? Soy el primogénito de los niños del Creador (en términos gnósticos, el “Protoktistos”, el Primer-Creado) y sin embargo me llamas joven?” Ahí, en este origen, está el misterio del color escarlata que reviste su apariencia: aquella de un ser de pura Luz cuyo resplandor se reduce, en el mundo sensible, al escarlata del atardecer. “Vengo de más allá de la montaña de Qaf… Es allí donde estabas tú mismo al comienzo, y es allí adonde retornarás cuando finalmente te liberes de tus ataduras”
La montaña de Qaf es la montaña cósmica constituida de cumbre en cumbre, y de valle en valle, por las Esferas celestes que están encerradas una dentro de otra. ¿Cuál es, entonces, el camino que conduce fuera de ella? ¿Cuán largo es? “No importa cuánto camines” se le responde, “está en el punto de partida el que vuelvas allí”, como la punta del compás que regresa al mismo sitio. ¿Implica esto simplemente dejarse a uno mismo a fin de alcanzarse a uno mismo? No exactamente. Entre los dos, un gran acontecimiento habrá cambiado todo; el “sí mismo” que se encuentra allí es aquél está más allá de la montaña de Qaf, un sí mismo superior, un sí mismo “en segunda persona”. Habrá sido necesario, como Khezr (o Kadir, el misterioso profeta, el eterno viajero, Elijah o alguien como él) bañarse en la Fuente de la Vida. “Aquél que ha encontrado el significado de la Verdadera Realidad ha llegado a esa Fuente. Cuando emerge de la Fuente, ha logrado la Aptitud que le vuelve como un bálsamo, una gota del cual destilas en el hueco de tu mano sujetándolo mientras encaras el sol, y entonces pasa a través del dorso de tu mano. Si eres Khezr, también puedes pasar sin dificultad a través de la montaña de Qaf”

Otros dos cuentos místicos dan nombre a ese “más allá de la montaña de Qaf” y es este mismo nombre el que marca la transformación de montaña cósmica a montaña psicocósmica, esto es, la transición del cosmos físico a lo que constituye el primer nivel del universo espiritual. En el cuento titulado “El murmullo de las alas de Gabriel” reaparece la figura que, en las obras de Avicena, es llamada Hayy ibn Yaqzan (“El Viviente, hijo del Vigía”) y quien, recién ahora, es llamado como el Arcángel Escarlata. Se pregunta la cuestión que ha de ser preguntada, y la respuesta es: Vengo de “Na-koja-Abad”. Finalmente, en el cuento titulado “Vade Mecum del Creyente Enamorado” (Mu’nis al-‘oshshaq) que pone en escena una triada cosmogónica cuyos dramatis personae son respectivamente la Belleza, el Amor y la Tristeza, la Tristeza aparece a Ya’qab llorando por José en la tierra de Canaan. A la pregunta “¿Qué horizonte penetraste para llegar aquí?” se da la misma respuesta: “Vengo de Na-koja-Abad”

“Na-koja-Abad” es un término extraño. No aparece en ningún diccionario Persa, y fue acuñado, por lo que sé, por Sohravardi mismo, a partir de los recursos del más puro lenguaje persa. Literalmente, como he mencionado hace un momento, significa la ciudad, el campo o la tierra (abad) de ningún lugar (no-where): Na-koja. Por ello estamos aquí en presencia de un término que, a primera vista, podría parecer el equivalente exacto de utopía, el cual, a su vez, no aparece en los diccionarios clásicos Griegos, y fue acuñado por Thomas Moro como un término abstracto para designar la ausencia de cualquier localización, de cualquier situs dado en un espacio verificable por la experiencia de los sentidos. Etimológica y literalmente, sería acaso exacto traducir Na-koja-Abad por “utopía”, y sin embargo por lo que refiere al concepto, al sentido, a la intención, creo que sería una mala traducción. Me parece por ello que es de fundamental importancia intentar, al menos, determinar porqué sería ésta una mala traducción.

Es incluso un asunto de precisión indispensable, si queremos entender el significado y la implicación real de la múltiple información referente a las topografías exploradas en el estado visionario, el estado intermedio entre la vigilia y la información del sueño que, por ejemplo, entre los individuos del Islam Chi’ita se refiere como “la tierra del Imam oculto”. Una cuestión de precisión que, al volvernos sensibles a un modo diferente de apreciar una región entera del alma, y por lo mismo a una entera cultura espiritual, nos llevaría a preguntar: ¿qué condiciones hacen posible aquello que ordinariamente llamamos una utopía, y consiguientemente el tipo de un hombre utópico? ¿Cómo y cuándo hace su aparición? Me pregunto, en efecto, si el equivalente se podría encontrar en el pensamiento Islámico en su forma tradicional. No creo, por ejemplo, que cuando Farabi, en el siglo X, describe la “Ciudad Perfecta”, o cuando el filósofo andaluz Ibn Bajja (Avempace) en el siglo XII toma el mismo tema en su “Régimen del Solitario”, no creo que ninguno de ellos tomara en cuenta lo que hoy llamamos una utopía social o política. Entenderlos de este modo sería, me temo, alejarlos de sus propios presuposiciones y perspectivas, a fin de imponerles nuestras propias dimensiones; por encima de todo, me temo que ello implicaría resignarnos a confundir la Ciudad Espiritual con una Ciudad imaginaria.

La expresión Na-koja-Abad no designa algo como un ser inextenso, en un estado sin dimensión. La palabra persa “abad” ciertamente significa una ciudad, una tierra y un pueblo cultivados, y por tanto algo extenso. Lo que Sohravadi significa por estar “más allá de la montaña de Qaf” es lo mismo, y con él toda la tradición teológica del Irán, que representa el compuesto de las ciudades místicas de Jabalqa, Jabarsa, y Hurqalya. Topográficamente, afirma precisamente que esta región comienza “en la superficie convexa” de la Novena Esfera, la Esfera de las Esferas, o la Esfera que incluye la totalidad del cosmos. Esto significa que comienza en el exacto momento en que uno abandona la suprema Esfera, que define toda posible orientación en nuestro mundo (o en este lado del mundo), la “Esfera” a la que se refieren los puntos cardinales celestes. Es evidente que una vez que se cruza este límite, la pregunta “¿dónde?” (ubi, koja) pierde significado, al menos el significado en que se pregunta en el espacio de nuestra experiencia sensible. Así el nombre “Na-koja-Abad”: un lugar fuera del lugar, un “lugar” que no está contenido en un lugar, en un “topos”, que permite una respuesta, con un gesto de la mano, a la pregunta “¿dónde?” Pero cuando decimos “alejarse desde el donde”, ¿qué significa ésto?

Ciertamente no puede relacionarse con un cambio de posición local, un transferir físico de un lugar a otro lugar, como si involucrara lugares contenidos en un simple espacio homogéneo. Como se sugiere, al final del cuento de Sohravardi, por el símbolo de la gota de bálsamo expuesta en el hueco de la mano al sol, es cuestión de entrar, pasar “al interior” y, al pasar al interior, de encontrarse paradójicamente “fuera” o, en el lenguaje de nuestros autores, “en la superficie convexa” de la Novena Esfera, exterior en otras palabras, “más allá de la montaña de Qaf”. La relación involucrada es esencialmente la de lo externo, lo visible, lo exotérico (en Arabe: zahir) y lo interno, lo invisible, lo esotérico (en árabe: batin), o el mundo natural y el mundo espiritual. Alejarse del “donde”, la categoría de ubi, es dejar las apariencias externas o naturales que encierran las realidades internas ocultas, como la almendra está escondida dentro de la cáscara. Este paso se hace a fin de que el Extranjero, el gnóstico, regrese a “casa”- o al menos para emprender a ese regreso.

Pero ocurre algo extraño: una vez se logra esta transición, resulta que a partir de ahora esta realidad, previamente interna y oculta, se revela como envoltura, entorno, conteniendo lo que al principio era del todo externo y visible, ya que mediante la “interiorización” uno ha abandonado esa realidad “externa”. De aquí en adelante, es la realidad espiritual la que encierra, rodea, contiene la realidad llamada material. Por ello la realidad espiritual no está “en el dónde”. Es el “donde” el que está en ella. O, mejor aún, es ella misma el dónde de todas las cosas; no está, por tanto, ella misma en un lugar, no cae bajo la pregunta :”¿dónde?” -al referirse la categoría ubi a un lugar en espacios sensibles. Su sitio (su abad) en relación a esto es Na-koja (ningún lugar, no-where), porque su ubi en relación a lo que está en el espacio sensible, es un ubique (por todas partes). Cuando hemos comprendido ésto, quizás hemos comprendido qué es esencial para seguir la topografía de las experiencias visionarias, para distinguir su significado (esto es, el significado y la dirección simultáneamente) y también para distinguir algo fundamental, o sea: lo que diferencia las percepciones visionarias de nuestros individuos espirituales (Soharavardi y muchos otros) con respecto a cualquier cosa que es subsumida por nuestro vocabulario moderno bajo el sentido peyorativo de invenciones, imaginaciones, incluso locura utópica.

Pero lo que debemos comenzar a destruir, hasta el límite en que podamos, aún a costa de una lucha retomada diariamente, es lo que puede llamarse la “reflexión agnóstica” en el hombre occidental, que ha consentido al divorcio entre “pensar” y “ser”. Cuántas teorías recientes se originan tácitamente en esta reflexión (entendida también como reflejo), gracias a la cual esperamos eludir la “otra realidad” ante la cual ciertas experiencias y evidencias nos colocan- y eludirla, en el caso donde secretamente nos sometemos a su atracción, dándole todo tipo de explicaciones ingeniosas, excepto una: aquella que verdaderamente permitiría que signifique para nosotros, por su existencia, lo que es! Para que signifique eso para nosotros, debemos, en todos los casos, disponer de una cosmología de tal tipo que hasta la más sorprendente información de la ciencia moderna respecto al universo físico es inferior a ella. Por que, en tanto sea una cuestión de ese tipo de información, permanecemos ligados a lo que está “de este lado de la montaña de Qaf”. Lo que distingue la cosmología tradicional de los teósofos del Islam, por ejemplo, es que la estructura en la cual los mundos e intermundos “más allá de la montaña de Qaf”, es decir, más allá de los universos físicos, están arreglados en niveles sólo es inteligible para una existencia en la cual el acto de ser esté de acuerdo con su presencia en aquellos mundos, ya que recíprocamente, es de acuerdo con este acto de ser que estos mundos se le presentan. ¿Qué dimensión, entonces, tiene que tener este acto de ser, a fin de ser o de devenir en el curso de sus futuros renacimientos, el sitio de estos mundos que están fuera del sitio de nuestro espacio natural? Y antes que nada, ¿qué son esos mundos?

Sólo puedo referirme aquí a pocos textos. Un número mayor se encontrará traducido y agrupado en el libro que he titulado “Cuerpo Espiritual y Tierra Celestial”. En su “Libro de Conversaciones” Sohravardi escribe: “Cuando aprendes en los tratados de los antiguos sabios que existe un mundo provisto con dimensiones y extensiones, distinto del pleroma de Inteligencias (esto es, un mundo por debajo de aquél de las puras Inteligencias arcangélicas)” y distinto del mundo gobernado por las Almas de las Esferas (esto es, un mundo que, mientras tiene dimensión y extensión, es diverso del mundo de los fenómenos sensoriales y superior a él, incluyendo el universo sideral, los planetas y las estrellas fijas), un mundo donde hay ciudades cuyo número es imposible de contar, ciudades entre las cuales nuestro Profeta mismo nombró a Jabalqa y Jabarse, no te precipites en llamarlo una mentira, pues los peregrinos del espíritu pueden contemplar ese mundo y allí encuentran todo lo que es objeto de su deseo

Estas pocas líneas nos remiten a un esquema sobre el cual están de acuerdos todos nuestros teósofos místicos, un esquema que articula tres universos, o mejor aún, tres categorías de universo. Está nuestro mundo sensorial físico, que incluye tanto nuestro mundo terrenal (gobernado por almas humanas) y el universo sideral (gobernado por las Almas de las Esferas); éste es el mundo sensible, el mundo de los fenómenos (molk). Hay el mundo suprasensorial de el Alma o Angeles-Almas, los Malakut, en el cual están las ciudades místicas que acabamos de nombrar, y que comienza “en la superficie convexa de la Novena Esfera“. Está el universo de las puras Inteligencias arcangélicas. A estos tres universos les corresponden tres órganos de conocimiento: los sentidos, la imaginación y el intelecto, una triada a la que corresponde la triada de la antropología: cuerpo, alma, espíritu -una triada que regula el triple crecimiento del hombre, extendiéndose desde este mundo a las resurrecciones en los otros mundos.

Observamos inmediatamente que ya no estamos reducidos al dilema de pensamiento y extensión, al esquema de una cosmología y una gnoseología limitada al mundo empírico y al mundo del entendimiento abstracto. Entre los dos está ubicado un mundo intermedio, al cual nuestros autores llaman “alam al-mithal”, el mundo de la Imagen, mundus imaginalis: un mundo tan ontológicamente real como el mundo de los sentidos y el mundo del intelecto, un mundo que requiere una facultad de percepción que le pertenece, una facultad que es una función cognitiva, de valor noético, tan plenamente real como las facultades de percepción sensorial o la intuición intelectual. Esta facultad es el poder imaginativo, que hay que evitar confundir con la imaginación que el hombre moderno identifica con “fantasía” y que, de acuerdo a él, produce sólo lo “imaginario”. Aquí estamos simultáneamente en el corazón de nuestra investigación y de nuestro problema terminológico.

¿Qué es este universo intermedio? Es aquél que mencionamos hace un momento como “el octavo clima”. Para todos nuestros pensadores, de hecho, el mundo de la extensión perceptible a los sentidos incluye los “siete climas” de su geografía tradicional. Pero hay aún otro clima, representado por este mundo que, empero, posee extensión y dimensiones, formas y colores, sin que sean perceptibles a los sentidos, como lo son cuando son propiedades de cuerpos físicos. No, estas dimensiones, formas y colores son el objeto propio de la percepción imaginativa o “los sentidos psico-espirituales”; y es mundo, plenamente objetivo y real, donde todo lo que existe en el mundo sensorial tiene su análogo pero no perceptible para los sentidos, es el mundo designado como “el octavo clima”. El término es suficientemente elocuente por sí mismo, ya que significa un clima “fuera” de los climas, un lugar “fuera” del lugar, fuera del “donde” (Na-koja-Abad!)

El término técnico que lo designa en Arabe: alam a mithal, puede también traducirse acaso como mundus archetypus, evitando la ambigüedad. Pues es la misma palabra que sirve en Arabe para designar las Ideas Platónicas (Interpretadas por expresiones de la angeleología Zoroastriana en Sohravardi)
Empero, cuando el término se refiere a las Ideas Platónicas, casi siempre está acompañado por esta precisa cualificación: mothol (plural de mithal) aflatuniya nuraniya, los “arquetipos Platónicos de la luz”. Cuando el término se refiere al mundo del octavo clima, designa técnicamente, por un lado, las Imágenes-Arquetipos de las cosas individuales y singulares: en este caso, se relaciona con la región “oriental” del octavo clima, la ciudad de Jabalqa, donde estas imágenes subsisten preexistentes y ordenadas antes del mundo sensorial. Pero por el otro lado, el término también se relaciona con la región “occidental”, la ciudad de Jabarsa, como el mundo o intermundo en el que se encuentran los Espíritus después de su presencia en el mundo terrestre natural y como un mundo en el cual subsisten las formas de todas las obras realizadas, las formas de nuestras ideas y nuestros deseos, de nuestros presentimientos y nuestra conducta. Es esta composición lo que constituye alam al-mithal, el mundus imaginalis.

Técnicamente, nuevamente, nuestros pensadores lo designan como el mundo de “Imágenes en suspenso” (mothol mo’allaqa)- Sohravardi y su escuela entendían por esto un modo de ser propio de las realidades de ese mundo intermediario, al que designamos como Imaginalia. La naturaleza precisa de este status ontológico resulta de la visión y las experiencias espirituales, en las cuales Sohravardi exige que confiemos plenamente, exactamente como en la astronomía confiamos en las observaciones de Hiparcos o Ptolomeo. Debiera reconocerse que las formas y configuraciones en el mundus imaginalis no subsisten del mismo modo que las realidades empíricas del mundo físico; de otro modo, cualquiera podría percibirlas. También hay que advertir que no pueden subsistir en el puro mundo inteligible, ya que tienen extensión y dimensión, una materialidad “inmaterial”, ciertamente, en relación a aquella del mundo sensorial, pero de hecho, tienen su propia “corporalidad” y espacialidad (uno podría pensar aquí en la expresión usada por Henry More, un platónico de Cambridge: “spissitudo spiritualis”, expresión que tiene su equivalente en el trabajo de Sadra Shirazi, un platónico persa). Por la misma razón, quedaría excluido que sólo podrían tener unas ideas como un substrato, como también que pudieran ser irreales, nada; de otro modo, no podríamos discernirlas, clasificarlas en jerarquías, o hacer juicios sobre ellas. La existencia de este mundo intermedio, mundus imaginalis, parece así metafísicamente necesaria; la función cognitiva de la Imaginación se ordena hacia él; es un mundo cuyo nivel ontológico está por encima del mundo de los sentidos y por debajo del mundo puramente inteligible; es más inmaterial que el primero y menos inmaterial que el último. Siempre ha habido aquí algo de gran importancia para todos nuestros teósofos místicos. De esto depende, para ellos, tanto la validez de los informes visionarios que perciben y relacionan “los acontecimientos en el Cielo” y la validez de los sueños, los rituales simbólicos, la realidad de los lugares formados por intensa meditación, la realidad de visiones inspiradas imaginativamente, cosmogonías y teogonías, y por ello, en primer lugar, la verdad del sentido espiritual percibido en los datos imaginativos de las revelaciones proféticas.

En resumen, ese mundo es el mundo de los “cuerpos sutiles”, cuya idea resulta indispensable si uno quiere describir un lazo entre el espíritu pura y el cuerpo material. Esto es lo que relaciona a la designación de su modo de ser como “en suspenso” o sea, un modo de ser tal que la Imagen o la Forma, ya que es ella misma su propia materia, es independiente de cualquier substrato en cual sería inmanente al modo de un accidente. Esto significa que no subsistiría como el color negro, por ejemplo, subsiste mediante el objeto negro en el cual es inmanente. La comparación a la que recurren usualmente nuestros autores es el modo de aparición y subsistencia de Imágenes en suspenso en un espejo. La substancia material del espejo, el metal o el mineral, no es la substancia de la imagen, una substancia cuya imagen sería un accidente. Es simplemente el “lugar de su aparición”. Esto conduce a una teoría general de sitios y formas epifánicos (mazhar, plural mazahir) tan característico de la Teosofía Oriental de Sohravardi.

La Imaginación activa es el espejo preeminente, el sitio epifánico de las Imágenes del mundo arquetípico; por ello la teoría del mundus imaginalis está vinculada con una teoría del conocimiento imaginativo y la función imaginativa -una función realmente central y mediadora, a causa de la posición media y mediadora del mundus imaginalis. Es una función que permite que cada universo se simbolice en otro (o existan en relación simbólica el uno con el otro) y esto nos conduce a captar, experimentalmente, que las mismas realidades substanciales asuman formas correspondientes relativas a cada universo (por ejemplo, Jabalqa y Jabarsa corresponden en el mundo sutil a los Elementos del mundo físico, mientras Hurqalya corresponde allí al Cielo). Es la función cognitiva de la imaginación la que permite el establecimiento de un riguroso “conocimiento analógico“, evitando el dilema del racionalismo corriente, que deja sólo una elección entre los dos términos de un dualismo banal: o “materia” o “espíritu”, un dilema que la socialización de la conciencia resuelve substituyéndola por otra elección no menos fatal: o bien “historia” o bien “mito”
Este es el tipo de dilema al que nunca han sucumbido aquellos familiarizados con el “octavo clima”, el “reino de los cuerpos sutiles”, confín del Malakut o mundo del Alma. Entendemos que cuando dicen que el mundo de Hurqalya comienza “en la superficie convexa de la Esfera suprema”, quieren decir simbólicamente que este mundo está en el límite donde hay una inversión de la relación de interioridad expresada por la preposición “en” o “dentro”, “en el interior de”. Los cuerpos espirituales o las entidades espirituales ya no están “en” un mundo, ni siquiera “en” su mundo del mismo modo que un cuerpo material está en su lugar, o está contenido en otro cuerpo. Es más bien su mundo el que está “en” ellos. Por ello la Teología atribuida a Aristóteles, la versión árabe de las últimas tres Eneadas de Poltino, que Avicena comentó y que fueron leídas y meditadas por todos nuestros pensadores, explica que cada entidad espiritual está “en la totalidad de las esferas de su Cielo”; cada una subsiste, ciertamente, independientemente de la otra, pero todas son simultáneas y cada una está está dentro de la otra. Sería completamente falso describir ese otro mundo como un cielo indiferenciado, informal. Hay multiplicidad, por supuesto, pero las relaciones del espacio espiritual se diferencian de las relaciones de espacio entendido “bajo” los Cielos estrellados, tanto como el hecho de estar “en” un cuerpo difiere del hecho de estar “en la totalidad de su Cielo”. Es por ello que puede decirse que “detrás de este mundo hay un Cielo, una Tierra, un océano, animales, plantas y hombres celestiales; pero cada ser allí es celestial; las entidades espirituales allí corresponden a los seres humanos allí, mas no hay cosa terrenal allí”

La formulación más exacta de todo esto, en la tradición teosófica de Occidente, se encuentra acaso en Swedenborg. No se puede sino sorprenderse por la convergencia o concordancia de las afirmaciones del gran visionario sueco con aquellas de Sohravardi, Ibn Arabi o Sadra Shirazi. Swedenborg explica que “todas las cosas en el cielo parecen, así como en el mundo, estar en el sitio y en el espacio, y sin embargo los ángeles no tienen noción o idea de lugar o espacio” Esto es porque “todos los cambios de espacio en el mundo espiritual son efectuados por cambios de estados interiores, lo que significa que el cambio de sitio no es nada más que el cambio de estado… Aquellos que están cerca el uno del otro, están en estados semejantes, y los que están lejos están en estados (modos de ser) diferentes; y los espacios en el cielo son simplemente las condiciones externas que corresponden a los estadios internos. Por la misma razón los cielos son distintos el uno del otro…. Cuando alguien va de un sitio a otro, llega más rápidamente cuando lo desea con ansiedad, y menos rápidamente cuando no es así, alargándose o acortándose el camino de acuerdo con el deseo… Esto lo he visto con frecuencia para mi sorpresa. Todo esto nuevamente aclara cómo las distancias, y consiguientemente los espacios están plenamente de acuerdo con los estados del interior de los ángeles; y siendo así, ninguna idea o concepto de espacio puede entrar en su mente, aunque hay espacios entre ellos igualmente como en el mundo”

Tal descripción es eminentemente apropiada para Na-koja-Abad y sus Ciudades misteriosas. En breve, se sigue que hay un sitio espiritual y un sitio corpóreo. La transferencia de uno a otro no se efectúa de acuerdo a las leyes de nuestro espacio físico homogéneo. En relación al sitio corpóreo, el sitio espiritual es un “ningún lugar (no-where) y para el que alcanza Na-koja-Abad todo ocurre inversamente a los hechos evidentes de la conciencia ordinaria, que permanece orientada hacia el interior de nuestro espacio. Pues de aquí en adelante es el “donde”, el lugar, el que reside en el alma; es la substancia corpórea la que reside en la sustancia espiritual; es el alma la que envuelve y contiene al cuerpo. Por ello no es posible decir “donde” está situado el lugar espiritual; no está situado, es más bien aquello que sitúa, es situativo. Su “ubi” es un ubique. Ciertamente, puede haber correspondencias topográficas entre el mundo sensorial y el mundus imaginalis, uno simbolizado en el otro. Pero no hay pasaje sin ruptura del uno al otro. Muchos informes nos muestran esto. Uno parte; en un momento dado, hay un corte con las coordenadas geográficas que pueden ubicarse en nuestros mapas. Pero el “viajero” no es consciente del momento preciso; no se da cuenta de ello, con inquietud o sorpresa, hasta más tarde. Si se diera cuenta de ello, podría cambiar su camino a voluntad, o podría indicárselo a los demás. Pero sólo puede describir adonde estuvo; no puede mostrar el camino a nadie.

2. LA IMAGINACIÓN ESPIRITUAL

Tocaremos ahora el punto decisivo para el cual nos ha preparado lo que precede, es decir, el órgano que permite la penetración en el mundus imaginalis, la migración al “octavo clima”. ¿Cuál es el órgano por medio del cual ocurre esa migración, la migración que es el retorno ab extra ad intra (del exterior al interior), la inversión topográfica (la intussusception)?
No son ni los sentidos ni las facultades del organismo físico, ni el puro intelecto, sino que es aquél poder intermedio cuya función aparece como la mediación preeminente: la Imaginación activa. Seamos muy claros al hablar de ésto. Es el órgano que permite la transmutación de los estados espirituales internos en estados externos, en acontecimientosvisiones que simbolizan esos estados internos. Es por medio de esta transmutación que se cumple toda progresión en el espacio espiritual o, mejor, esta transmutación es ella misma lo que espacializa ese espacio, lo que hace que el espacio, la proximidad, la distancia y la lejanía estén allí.

Un “primer postulado” es que esta Imaginación es una facultad puramente espiritual, independiente del organismo físico, y consiguientemente es capaz de subsistir después de la desaparición de este último. Sadra Shirazi, entre otros, se ha expresado repetidamente sobre este mundo con particular énfasis.
Dice que así como el alma es independiente del cuerpo físico material al recibir las cosas inteligibles en acto, de acuerdo a su poder intelectual, el alma es igualmente independiente con respecto a su poder imaginativo y sus operaciones imaginativas. En adición, cuando está separada de este mundo, puesto que continúa teniendo la Imaginación activa a su servicio, puede percibir por sí misma, por su propia esencia y por esa facultad, las cosas concretas cuya existencia, en tanto se actualiza en su conocimiento y en su imaginación, constituye eo ipso la misma forma de la existencia concreta de aquellas cosas (en otras palabras: la conciencia y su objeto son aquí ontológicamente inseparables). Todos estas potencias están reunidas y concentradas en una sola facultad, que es la Imaginación activa. Como entonces ha dejado de dispersarse en las diversas fronteras que son los cinco sentidos del cuerpo físico, y ha dejado de ser requerida por los intereses del cuerpo físico, propicio a las vicisitudes del mundo externo, la percepción imaginativa puede finalmente mostrar su superioridad esencial sobre la percepción sensorial.

“Todas las facultades del alma” escribe Sadra Shirazi, “se han vuelto como si fueran una sola facultad, que es el poder de configurar y tipificar (taswir y tamthil); su imaginación se ha vuelto ella misma como una percepción sensorial de lo suprasensorial: su visión imaginativa es ella misma como su visión sensorial. Similarmente, sus sentidos de oído, olfato, gusto y tacto – todos estos sentidos imaginativos – son ellos mismos como facultades sensoriales, pero reguladas por lo suprasensorial. Pues aunque externamente las facultades sensibles son cinco en número, cada una con su órgano localizado en el cuerpo, internamente en efecto todas ellas constituyen una única syn-aisthesis (hiss moshtarik)”
Al ser la Imaginación por tanto como el currus subtilis (en griego okhema, vehículo o – en Proclo, Jámblico, etc – cuerpo espiritual) del alma, hay una entera fisiología del “cuerpo sutil” y por ello del “cuerpo de resurrección”, que Sadra Shirazi discute en este contexto. Por ello reprocha incluso a Avicena que haya identificado estos actos de percepción imaginativa póstuma con lo que ocurre durante el sueño en esta vida, pues aquí durante el sueño, el poder imaginativo se ve obstruido por las operaciones orgánicas que ocurren en el cuerpo físico. Mucho se exige para que disfrute su máximo de perfección y actividad, libertad y pureza. De otro modo el sueño sería simplemente un despertar en otro mundo. Este no es el caso, como se alude en su apunte atribuido a veces al Profeta, y otras veces al Primer Imam de los Chi’itas: “Los Humanos sueñan. Es cuando mueren que despiertan”

Un “segundo postulado”, cuya prueba compele al reconocimiento, es que la Imaginación espiritual es un poder cognitivo, un órgano de verdadero conocimiento. La percepción imaginativa y la conciencia imaginativa tienen su propia función y valor noéticos (cognitivos) en relación al mundo que es suyo – el mundo, hemos dicho, que es el alam al-mithal, el mundus imaginalis, el mundo de las ciudades místicas tales como Hurqalya, donde el tiempo deviene reversible y donde el espacio es función del deseo, puesto que es sólo el aspecto externo de un estado interno.
La Imaginación está así firmemente “equilibradaentre otras dos funciones cognitivas: su propio mundo “simboliza con” el mundo al cual las otras dos funciones (conocimiento sensorial y conocimiento intelectual) corresponden respectivamente. Del mismo modo, hay algo como un control que impide que la Imaginación ande a la deriva y se desperdigue, y que le permite asumir su plena función: provocar por ejemplo la ocurrencia de los acontecimientos que están relacionados por los cuentos visionarios de Sohravardi y todos los del mismo tipo, porque cada acercamiento al octavo clima se hace mediante el sendero imaginativo. Se puede decir que esta es la razón para la extraordinaria gravedad de los poemas épicos místicos escritos en Persa (desde ‘Attar a Jami y a Nur ‘Ali-Shah) que constantemente amplifican los mismos arquetipos en nuevos símbolos. Para que la Imaginación divagara y se desperdigara, para que cesara de cumplir su función, que es percibir o generar símbolos que guían al sentido interno, es necesarios que desaparezca el mundus imaginalis -el dominio adecuado del Malakut, el mundo del Alma. Acaso sea necesario fechar en Occidente el comienzo de esta decadencia en el tiempo en que el Averroismo rechazó la cosmología de Avicena, con sus jerarquía angélica intermedia de las Animae o Angeli caelestes. Estos Angeli caelestes (una jerarquía por debajo de la de los Angeli intellectuales) tenían el privilegio del poder imaginativo en su estado puro. Una vez que el universo de estas Almas desapareció, la función imaginativa quedo desequilibrada y devaluada. Es fácil de entender, entonces, el consejo que más tarde daría Paracelso, previniendo contra cualquier confusión de la Imaginatio vera, como decían los alquimistas, con la fantasía, “esa piedra angular del loco

Esta es la razón por la que ya no podemos evitar el problema de la terminología. ¿Cómo es que no tenemos ni en francés, ni en inglés (ni en castellano), un término común y perfectamente satisfactorio para expresar la idea del ‘alam al-mithal’? He propuesto el “mundus imaginalis” latino para esto, porque estamos obligados a evitar cualquier confusión entre lo que aquí es el objeto de la percepción imaginante o imaginativa, y lo que comúnmente llamamos “lo imaginario”. Esto es así, porque la actitud usual consiste en oponer lo real a lo imaginario como si fuera lo irreal, lo utópico, como si se confundiera símbolo con alegoría, la exégesis del “sentido espiritual” con una interpretación alegórica. Ahora bien, toda interpretación alegórica es inofensiva; la alegoría es un revestimiento o, mejor, un disfraz, de algo que ya se conoce o se puede conocer de otro modo, mientras que la aparición de una Imagen que tiene la cualidad de un símbolo es un fenómeno primordial (Urphänomen), incondicional e irreductible, la aparición de algo que no puede manifestarse de otro modo al mundo en el que estamos.

Ni los cuentos de Sohravardi, ni los cuentos que en la tradición Chi’ita nos cuentan cómo alcanzar la “tierra del Imam Oculto” son imaginarios, irreales o alegóricos, precisamente porque el octavo clima o la “tierra de ningún lugar (no-where)” no es lo que usualmente llamamos una “utopía”. Es ciertamente un mundo que permanece más allá de la verificación empírica de nuestras ciencias. De otro modo, cualquiera podría encontrar acceso a él y pruebas para él. Es un mundo suprasensorial, en tanto no es perceptible salvo por la percepción imaginativa, y en tanto los acontecimientos que ocurren en él no pueden experimentarse salvo por la conciencia imaginante o imaginativa.
Asegurémonos de entender, de nuevo aquí, que esto no es simplemente cuestión de lo que el lenguaje de nuestro tiempo llama imaginación, sino de una “visión” que es “Imaginatio vera”. Y es a esta Imaginatio Vera que debemos atribuir un valor noético o plenamente cognitivo. Si ya no somos capaces de hablar acerca de la imaginación, excepto como “fantasía”, si no podemos utilizarla o tolerarla salvo como tal, es quizás porque hemos olvidado las normas y las reglas y el “ordenamiento axial” que son responsables de la “función cognitiva” del poder imaginativo (la función que a veces he designado como “imaginatoria”)

Pues el mundo en el cual han penetrado nuestros testigos – encontraremos dos o tres de estos testigos en la sección final de este estudio- es un mundo perfectamente “real”, más evidente incluso y más coherente, en su propia realidad, que el mundo empírico “real” percibido por los sentidos. Esos testigos fueron por tanto perfectamente conscientes de que habían estado “en otra parte”; no son esquizofrénicos. Es cuestión de un mundo que está escondido en el acto mismo de la percepción sensorial, y uno que debemos encontrar bajo la aparente certeza objetiva de ese tipo de percepción. Por ello positivamente no podemos calificarlo de “imaginario”, en el sentido ordinario en que se toma la palabra como significando irreal, inexistente. Así como la palabra latina “origo” nos ha dado el derivativo “original”, creo que la palabra “imago” puede darnos, aparte de “imaginario” y por derivación regular, el término “imaginal“. Tendremos así la palabra “imaginal” como la intermediaria entre el mundo sensorial y el mundo intelectual. Cuando nos encontremos con el término árabe jism mithali que designa el cuerpo sutil que penetra en el “octavo clima” o el “cuerpo de resurrección”, seremos capaces de traducirlo literalmente como “cuerpo imaginal”, pero ciertamente no como “cuerpo imaginario”. Quizás entonces tendremos menos dificultad en ubicar las figuras que no pertenecen ni al “mito” ni a la “historia”, y quizás tendremos una especie de pasaporte para el camino hacia el “continente perdido”

A fin de fortalecernos en este camino, tenemos que preguntarnos qué constituye nuestra “realidad”, lo “real” para nosotros, de modo que si lo abandonamos, tengamos más que lo imaginario, lo utópico. ¿Y qué es lo “real” para nuestros pensadores orientales tradicionales, de modo que pueden tener acceso al “octavo clima”, a Na-koja-Abad, abandonado el lugar sensorial sin por ello dejar lo real o, mejo aún, teniendo precisamente por ello acceso a lo real? Esto presupone una escala de ser con muchos más grados que la nuestra. Pero no nos equivoquemos. No es suficiente conceder que nuestros predecesores, en Occidente, tenían una concepción de la Imaginación que era demasiado racionalista y demasiado intelectualizada. Si no disponemos de una cosmología cuyo esquema pueda incluir la pluralidad de universos en orden ascensional, como la que pertenece a nuestros filósofos tradicionales, nuestra Imaginación permanecerá desequilibrada, y sus recurrentes conjunciones con la voluntad de poder serán una inagotable fuente de horrores. Estaremos continuamente en busca de una nueva disciplina de la Imaginación, y tendremos gran dificultad en hallarla en tanto persistamos en ver en ella sólo un cierto modo de preservar nuestra “distancia” con respecto a lo que llamamos “real”, y a fin de ejercer una influencia sobre eso real. Ahora bien, eso real se nos aparece como arbitrariamente limitado, tan pronto como lo comparamos con lo real que han contemplado nuestros teósofos tradicionales, y esa limitación degrada la realidad misma. En adición, siempre aparece la palabra “fantasía” como una excusa: fantasía literaria, por ejemplo, o preferentemente al gusto y estilo de nuestros días, fantasía social.

Pero es imposible evitar preguntarse si el mundus imaginalis, en el adecuado sentido del término, se perdería necesariamente y sólo dejaría lugar para lo imaginario, si no se requiriría algo así como una secularización de lo imaginal en lo imaginario para que triunfe lo fantástico, lo horrible, lo monstruoso, lo macabro, lo miserable y lo absurdo. Por otra parte, el arte y la imaginación de la cultura islámica en su forma tradicional se caracterizan por lo hierático y lo serio, por la gravedad, estilización y el significado. Ni nuestras utopías ni nuestras ciencia ficción, ni el siniestros “punto omega” – nada de ese tipo consigue dejarnos acceder a ese mundo o realizar Na-koja-Abad. Aquellos que han conocido el “octavo clima” no han inventado utopías, tampoco es una fantasía social o política la idea última del Chi’ismo, porque es una “expectación” la cual, como tal, es “una Presencia real” aquí y ahora de otro mundo, y un testimonio de ese otro mundo.

alchemy23

talismánarbolsephirotico

agosto 18, 2009

Steve Jobs; PaRa LoS GRaDuaDoS;

Posted in Belleza a 9:41 pm por Autor

agosto 15, 2009

THe iMaGiNaRiuM; JohNny DeeP; aLiCia; El PRoTeGiDo; ObliVion; NeuRoLoGía; RoBeRT ANTson WilSON;

Posted in Alan Moore, Belleza, MAGICK a 11:17 am por Autor

Terry Gilliam conocido comercialmente por 12 monos o olvidado y masacrado por películas como Tideland, presenta un nuevo avance de su ultima película titulada The Imaginarium of Doctor Parnassus, en el que podremos vislumbrar una gran cantidad de simbología de todo tipo, y en que algunos solo verán oscuridad Illuminati, y otros verán pistas o señales muy interesantes.

Otro Deep;

La vida real no cabe

en las viñetas que se

dibujarón para ella.

Si todo la magia, todo los momentos, todos los recuerdos de tu infancia, estuvieran en otra dimensión o al otro lado del espejo ?

Y si te dijera que hay un mundo que persiste y es construido a partir de eso ?

Esa es la premisa de esta interesante película en la que una chica llamada Haruka descubre una nueva dimensión a la que todos conocen como la isla del olvido, en la cual todo tipo de criaturas se dedican a recolectar nuestros recuerdos de infancia, desde nuestros juguetes, hasta nuestros amigos imaginarios…..

TEORIA NEURO-LÓGICA DE TIMOTHY LEARY

“Para comprender el espacio neurólogico, el doctor Leary asume que el sistema nervioso consiste en ocho circuitos potenciales, o “mecanismos”, o minicerebros. Cuatro de esos cerebros se hallan en el lóbulo izquierdo, usualmente activo, y tienen que ver con nuestra supervivencia terrestre; cuatro son extraterrestres, residen en el “silencioso” o inactivo lóbulo derecho, y existen para ser usados en nuestra evolución futura. Esto explica por qué el lóbulo derecho está normalmente inactivo en este estadio de nuestro desarrollo, y por qué llega a ser activo cuando la persona ingiere psiquedélicos.

Explicaremos cada uno de los ocho “cerebros” brevemente.

I-El circuito de biosupervivencia. Este cerebro invertebrado fue el primero en evolucionar (hace de 2 a 3 miles de millones de años) y es el primero en activarse cuando nace una criatura humana. Programa la percepción en una especie de encasillamiento dividido en cosas buenas-nutritivas (hacia las que se siente atraído) y cosas peligrosas-tóxicas (de las que huye o a las que ataca).

II-El circuito emocional. Este segundo y más avanzado biocomputador se formó cuando aparecieron los vertebrados y empezaron a competir por el territorio (quizás unos 500.000.000 de años antes de Cristo). En el individuo este enorme túnel de realidad es activado cuando las cintas maestras del ADN disparan la metamorfosis del arrastrarse hacia el andar. Como saben todos los padres, el niño que empieza a caminar ya no es una criatura pasiva (orientada a la biosupervivencia) sino un mamífero político, lleno de exigencias territoriales físicas (y psíquicas), rápido en entrometerse en los asuntos familiares y en la toma de decisiones.

III-El circuito de agilidad–simbolismo. Este tercer cerebro se formó cuando los homínidos empezaron a diferenciarse de los demás primates (unos 4-5 millones de años antes de Cristo), y es activado cuando el niño, ya más mayor, empieza a manejar utensilios y a emitir/recibir señales laríngeas (unidades humanas de habla).

Según el habla popular, el túnel de realidad del primer circuito es llamado generalmente “conciencia” per se: la sensación de estar aquí y ahora, en este cuerpo, orientado a la supervivencia corporal. (Cuando uno está “inconsciente”, el primer circuito está anestesiado, y los médicos pueden practicar cirugía sobre ti o los enemigos pueden atacarte, y no podrás evadirles ni huir.) El segundo circuito, en el mismo lenguaje vulgar, es llamado “ego”. El llamado “ego” es el segundo circuito sensorial mamífero del status (importancia-no importancia) en el grupo o tribu. El tercer circuito es lo que generalmente llamamos “mente”–la capacidad de recibir, integrar y transmitir señales producidas por la mano homínida (artefactos) o por los 9 músculos laríngeos homínidos (habla).

La impresión de esos tres circuitos determina, aproximadamente a la edad de 3 años y medio, el grado y el estilo básicos de confianza/desconfianza que colorearán la “conciencia”, el grado y estilo de agresividad/sometimiento que determinarán el status del “ego”, y el grado y estilo de habilidad/torpeza con que la “mente” manejará instrumentos o ideas.

En términos evolutivos, la “conciencia” o primer cerebro es básicamente invertebrada, flotando pasivamente hacia la alimentación y la protección del peligro. El “ego” o segundo cerebro es mamífero, siempre luchando por el status dentro del orden tribal del grupo. La “mente” o tercer cerebro es paleolítico, aferrado a la cultura humana y enfrentándose con la vida a través de una matriz de utensilios hechos por humanos, y de simbolismos creados por el ser humano.

El cuarto cerebro es post-homínido, específicamente característico del Homo sapiens, el hombre-mujer “domesticados”. Éste es:

IV-El circuito socio-sexual. Este cuarto cerebro se formó cuando los grupos de homínidos evolucionaron a sociedades y programaron papeles sexuales específicos para sus miembros, unos 30.000 años antes de Cristo. Es activado en la pubertad, cuando las señales de ADN desencadenan la liberación glandular de productos neuroquímicos sexuales y se inicia la metamorfosis al estado adulto. Los primeros orgasmos o experiencias de acoplamiento imprimen un rol sexual característico que, nuevamente, queda fijado de forma bioquímica y permanece constante durante toda la vida, a menos que alguna forma de lavado de cerebro o reimpresión bioquímica lo altere.

En lenguaje vulgar, las impresiones dejadas por el cuarto circuito y su túnel de realidad son conocidas como la “personalidad adulta”.

Esos cuatro circuitos constituyen normalmente todas las redes del cerebro que se consigue activar. Con ello debería quedar claro por qué Leary las llama terrestres. Han evolucionado y han sido moldeadas por las condiciones gravitatorias, climáticas y energéticas determinantes de la supervivencia y la reproducción en este tipo de planeta orbitando en torno a esta variedad de estrella tipo G.

El cuarto cerebro, enfrentándose con la transmisión de la cultura tribal o étnica a través de generaciones, introduce la cuarta dimensión, el tiempo.

Puesto que cada uno de esos túneles de realidad consiste en impresiones bioquímicas o matrices en el sistema nervioso, cada uno de ellos es activado específicamente por neurotransmisores y otras sustancias.

Ninguna sustancia terrestre cambia las impresiones bioquímicas básicas. Las conductas que se desencadenan son las que quedaron grabados en el sistema nervioso durante los primeros estadios de vulnerabilidad a la impresión. El circuito II, el “ego”, exhibe los juegos o condicionamientos aprendidos de los padres en la infancia. El circuito III “mente” nunca va más allá de las permutaciones y combinaciones de los túneles de realidad impresos originalmente, o de abstracciones asociadas con las impresiones a través de condicionamientos posteriores. Y así sucesivamente.

Pero todo este robotismo pavloviano-skinneriano cambia drástica y dramáticamente cuando volvemos hacia el lóbulo derecho, los circuitos futuros y las sustancias químicas extraterrestres.

Los cuatro “cerebros” de evolución futura son:

V-El circuito neurosomático. Cuando este quinto “cerebro-corporal” es activado, se produce una conexión hedonista, una diversión extática, un desapego de todos los anteriores mecanismos compulsivos de los primeros cuatro circuitos. Yo conecté este circuito con la hierba y el Tantra.

Este quinto cerebro empezó a aparecer hace unos 4.000 años en las primeras civilizaciones del ocio, y ha ido incrementándose estadísticamente en los últimos siglos. Más recientemente, Ornstein y su escuela han demostrado con electroencefalogramas que este circuito representa el primer salto del lóbulo izquierdo lineal del cerebro al lóbulo derecho analógico.

La apertura e impresión de este circuito ha sido la preocupación de los “técnicos de lo oculto”–chamanes tántricos y hatha yoguis. Mientras que el quinto túnel de realidad puede ser alcanzado mediante privación sensorial, aislamiento social, estrés fisiológico o una severa impresión, tradicionalmente ha sido reservado a la educada aristocracia de las sociedades ociosas que han resuelto los cuatro problemas terrestres de la supervivencia.

Hace unos 20.000 años, el neurotransmisor específico para el quinto cerebro fue descubierto por los chamanes en el área asiática del mar Caspio, y se esparció rápidamente a otros brujos a través de Eurasia y África. Se trata, naturalmente, del cannabis.

El significado extraterrestre de estar “arriba” es confirmado por los propios astronautas; el 85 % de aquellos que han experimentado la caída libre de la gravedad cero describen “experiencias místicas” o estados de éxtasis típicos del circuito neurosomático. “Ninguna foto puede mostrar lo hermosa que se ve la Tierra”, se entusiasma el capitán Ed Mitchell, describiendo su Iluminación en caída libre. Suena como cualquier yogui o consumidor de marihuana exitoso. Ninguna cámara puede mostrar esta experiencia porque está dentro del sistema nervioso.

Leary cree que la caída libre, en el momento evolutivo adecuado, desencadena la mutación neurosomática. Previamente, esta mutación ha sido conseguida “artificialmente” mediante entrenamiento yóguico o chamánico o mediante el estimulante del quinto circuito, el cannabis. Practicar surf o submarinismo, esquiar y la nueva cultura sexual (masaje sensual, vibradores, artes tántricas importadas, etc.) han evolucionado al mismo tiempo como parte de la conquista hedonista de la gravedad. El estado de estar conectado es siempre descrito como “flotar” o, en la metáfora zen, “un pie por encima del suelo”.

VI-El circuito neuroeléctrico. El sexto cerebro consiste en el sistema nervioso siendo consciente de si mismo, independientemente de los mapas de realidad impresos de modo gravitacional (circuitos I-IV), e incluso independientemente del éxtasis corporal (circuito V). El conde Korzybski, el semántico, llamaba a este estado “la conciencia de abstraer”. El doctor John Lilly lo llama “metaprogramación”, es decir, conciencia de programar la propia programación. Esta conteligencia (conciencia-inteligencia) einsteiniana, relativista, reconoce por ejemplo, que los mapas de realidad euclidiano, newtoniano y aristotélico son simplemente tres entre miles de millones de programas posibles o modelos que experimentar. Yo conecté este circuito con el peyote, la LSD y los metaprogramas “mágickos” de Crowley.

Este nivel de funcionamiento cerebral parece haber sido constatado por primera vez aproximadamente unos 500 años antes de Cristo entre varios grupos “ocultistas” conectados gracias a la Ruta de la Seda (Roma-Norte de la India). Está tan más allá de los túneles de realidad terrestres que aquellos que lo han alcanzado apenas pueden comunicarlo a la humanidad ordinaria (circuitos I-IV) y difícilmente también pueden ser comprendidos ni siquiera por los Ingenieros del Éxtasis del circuito quinto.

Las características del circuito neuroeléctrico son alta velocidad, elección múltiple, relatividad y la fisión-fusión de todas las percepciones en universos paralelos de ciencia ficción de posibilidades alternativas.

Los políticos mamíferos que controlan la lucha por el poder entre la humanidad terrestre son aquí transcendidos, es decir, son vistos como estáticos, artificiales o una elaborada farsa. Uno no es tampoco coercitivamente manipulado dentro de la realidad territorial de otro ni obligado a luchar contra ella con un juego recíproco emocional (el habitual melodrama). Uno simplemente elige, conscientemente, si compartir o no el modelo de realidad del otro.

Las tácticas para abrir e imprimir el sexto circuito son descritas y raramente experimentadas en el raja yoga avanzado, y en los manuales herméticos (codificados) de los alquimistas e Iluminados medievales y renacentistas.

Ningún producto químico especifico para el sexto circuito está aún disponible, pero las sustancias psiquedélicas fuertes como la mescalina (extraída del “cacto sagrado”, peyotl) y la psilocibina (del “hongo mágico” mexicano, teonanacatl) abren el sistema nervioso a series entremezclada de canales del circuito V y del circuito VI. Esto es lo que se denomina apropiadamente “viajar”, distinguiéndolo del directo “conectarse” o “estar arriba” del circuito quinto.

La supresión de la investigación científica en esta área ha tenido el desafortunado resultado de conducir la ilegal cultura de la droga de vuelta hacia el hedonismo y los precientíficos túneles de realidad (el renacimiento de lo oculto, el solipsismo, el orientalismo pop) del circuito quinto. Sin disciplina científica y metodología, pocos pueden descodificar con éxito las a menudo aterradoras (pero filosóficamente cruciales) señales metaprogramadoras del sexto circuito. Los científicos que siguen estudiando este tema no se atreven a publicar sus resultados (que son ilegales), y comunican sus cada vez más amplios túneles de realidad tan sólo en conversaciones privadas–como los eruditos de la época inquisitorial. (Voltaire anunció la Era de la Razón dos siglos demasiado pronto. Nosotros estamos aún en las Eras Oscuras.)

Cuando los seres humanos hayan trepado fuera de su pozo atmosférico-gravitatorio de vida planetaria, la acelerada conteligencia del sexto circuito hará posible las comunicaciones de alta energía con las “Inteligencias Superiores”, es decir, con nosotros-en-el futuro y otras razas post-terrestres.

Una vez nos damos cuenta de que las experiencias neurales intensificadas son realmente extraterrestres, resulta encantadoramente simple y obvio afirmar que estar “arriba” y “lanzado” son adecuadas metáforas. El éxtasis neurosomático del circuito V es una preparación para el próximo paso en nuestra evolución, la migración fuera del planeta. El circuito VI es la preparación para el paso siguiente, la comunicación interespecies con entidades avanzadas que posean túneles de realidad electrónicos (post-verbales).

El circuito VI es el “traductor universal” imaginado a menudo por los escritores de ciencia-ficción, incorporado ya en el interior de nuestros cerebros por la cinta grabada del ADN. Igual que los circuitos de la futura mariposa están ya incorporados en la oruga.

VII-El circuito neurogenético. El séptimo cerebro entra en acción cuando el sistema nervioso empieza a recibir señales desde el interior de la neurona individual, por medio del diálogo ADN-ARN. Los primeros en conseguir esta mutación hablaron de “recuerdos de vidas pasadas”, “reencarnación”, “inmortalidad”, etc.

Los “registros akásicos” de la Teosofía, el “inconsciente colectivo” de Jung y el “inconsciente filogenético” de Grof y Ring, son tres metáforas modernas de este circuito. Las visiones de la evolución pasada y futura descritas por aquellos que han tenido experiencias “fuera del cuerpo” durante episodios cercanos-a-la-muerte describen también el túnel de realidad del transtemporal circuito VII.

Los ejercicios específicos para disparar el circuito VII no pueden encontrarse en las enseñanzas yóguicas; normalmente se producen, si llegan a producirse, después de varios años del tipo de raja yoga avanzado que desarrolla la facilidad para el circuito VI.

El neurotransmisor específico para el circuito VII es, por supuesto, la LSD. (El peyote y la psilocibina producen también algunas experiencias correspondientes al circuito VII. )

El circuito VII está más oportunamente considerado, en términos de la ciencia de 1977, como el archivo genético, activado por proteínas antihistonas. La memoria del ADN girando en espiral hacia atrás hasta el amanecer de la vida. Una sensación de inevitabilidad e inmortalidad y simbiosis entre las especies acude a todos los mutantes del circuito VII; ahora podemos ver que esto es, también, una anticipación evolutiva, puesto que nos hallamos ahora mismo en el umbral de una longevidad prolongada que conduce a la inmortalidad.

El papel exacto de los circuitos del lóbulo derecho y la razón de su activación en la revolución cultural de los 60 resulta ahora claro. Como escribe el sociólogo F. M. Esfandiary en Upwingers, “Hoy, cuando hablamos de inmortalidad y de llegar a otros mundos, ya no lo decimos en un sentido teológico o metafísico. La gente está viajando ahora a otros mundos. La gente está esforzándose ahora hacia la inmortalidad. La trascendencia ya no es un concepto metafísico. Ha llegado a ser una realidad.”

La función evolutiva del séptimo circuito y de su evolutivo túnel de realidad, que abarca eones, es prepararnos para la inmortalidad consciente y la simbiosis entre especies.

VIII-El circuito neuroatómico. Sujeten sus sombreros e inspiren profundamente– esto es lo más lejos que se ha aventurado hasta ahora la inteligencia humana:

La conciencia precede probablemente a la unidad biológica o al registro en espiral del ADN. “Experiencias fuera del cuerpo”, “proyección astral”, contacto con “entidades” extrañas (¿extraterrestres?) o con una supermente galáctica, etc., como las que yo he experimentado, han sido todas descritas desde hace miles de años, no solamente por el ignorante, el supersticioso, el crédulo, sino a menudo por las mejores mentes entre nosotros (Sócrates, Giordano Bruno, Edison, Buckminster Fuller, etc.). Los parapsicólogos son informados diariamente de tales experiencias, y han sido experimentadas por científicos tales como el doctor John Lilly o por Carlos Castaneda. El doctor Kenneth Ring ha atribuido tales fenómenos a lo que él llama, muy apropiadamente, “el inconsciente extraterrestre” .

El doctor Leary sugiere que el circuito VIII es literalmente neuroatómico–infra, supra y meta-fisiológico–un sistema de comunicación basado en la mecánica cuántica que no requiere un contenedor biológico. El intento de construir un modelo cuántico de conciencia y/o un modelo consciente de mecánica cuántica por parte de los físicos que han experimentado con sustancias psicoactivas, y de los que ya hemos hablado (el profesor John Archibald Wheeler, Saul-Paul Sirag, el doctor Fritjof Capra, el doctor Jack Sarfatti, etc.) indica claramente que la “conciencia atómica”, sugerida en primer lugar por Leary en “Las siete lenguas de Dios” (1962), es la conexión explicativa que unirá la parapsicología y la parafísica en la primera teología científica, empírica y experimental de la historia.

Cuando el sistema nervioso es conectado a su circuito de nivel cuántico, el espacio-tiempo es eliminado. La barrera einsteiniana de la velocidad de la luz es transcendida; en la metáfora del doctor Sarfatti, escapamos del “chovinismo electromagnético. La conteligencia dentro de la cabina de proyección cuántica es el “cerebro” cósmico entero, tal y como la hélice micro-miniaturizada del ADN es el cerebro local guiando la evolución planetaria. Como dijo Lao-tse desde su propia perspectiva del circuito VIII, “Lo más grande está dentro de lo más pequeño.”

El circuito VIII se activa mediante la ketamina, un producto neuro-químico investigado por el doctor John Lilly, que es administrado también (según un rumor muy extendido, pero no confirmado) a los astronautas para prepararles para el espacio. Altas dosis de LSD producen también alguna conciencia cuántica del circuito VIII.

Esta conteligencia neuroatómica está cuatro mutaciones más allá de la domesticidad terrestre. (El forcejeo ideológico se halla actualmente entre los moralistas-o-colectivistas del circuito IV y los individualistas hedonistas del circuito V.) Cuando nuestra necesidad de una inteligencia superior, de una implicación más rica en el diseño cósmico, de una trascendencia ulterior, ya no sean satisfechas por nuestros cuerpos físicos, ni siquiera por unos cuerpos inmortales que esperen saltar a través del espacio-tiempo por la malla 9, el circuito VIII abrirá nuevas fronteras. Nuevos universos y realidades. “Más allá de la teología: la ciencia y el arte de convertirse en Dios”, como escribió Alan Watts en una ocasión.

Es por consiguiente posible que las misteriosas “entidades” (ángeles y extraterrestres) monótonamente referidas por los visionarios del circuito VIII sean miembros de razas evolucionadas ya hasta dicho nivel. Pero es también posible, como sugieren Leary y más recientemente Sarfatti, que Ellos/as sean nosotros-mismos-en-el-futuro.

Los circuitos terrestres del lóbulo izquierdo contienen las lecciones aprendidas de nuestro pasado (y presente) evolutivo. Los circuitos extraterrestres del lóbulo derecho son el anteproyecto evolutivo de nuestro futuro.

Sin respaldar totalmente el misticismo tecnológico de Charles Fort (“La máquina de vapor llegará cuando venga el tiempo de la máquina de vapor”), es obvio que el metaprograma del ADN para la evolución planetaria es mucho más sagaz que cualquiera de nuestros sistemas nerviosos individuales–que son en cierto sentido grandes robots o sensores del ADN. Los pulps de ciencia ficción; las crudezas de Buck Rogers; la sofisticada ciencia ficción de brillantes escritores como Stapledon, Clarke, Heinlein; el 2001 de Kubrick–todo ello son señales cada vez más claras del ADN transmitidas a través del intuitivo lóbulo derecho de sensitivos artistas, preparándonos para la mutación extraterrestre.

Como dijo la revista Time el 26 de noviembre de 1973: “Dentro de diez años, según los farmacólogos, se habrán perfeccionado píldoras y electrodos craneales capaces de proporcionar éxtasis que duren toda una vida para toda la población de la Tierra”. La histeria de los años sesenta sobre la hierba y el ácido fue solamente la obertura para la ruptura de ese quinto circuito. Nathan S. Kline predice auténticos afrodisiacos, sustancias que aceleren el aprendizaje, sustancias para favorecer o terminar con cualquier esquema de comportamiento. Aquellos que fueron quemados o encarcelados a principios del siglo XVII (Bruno, Galileo, etc.) fueron los adelantados de la Revolución de la Tecnología Exterior. Aquellos que fueron encarcelados o golpeados por los policías en los años sesenta fueron los adelantados de la Revolución de la Tecnología Interior.

En pocas palabras, los distintos niveles de conciencia y circuitos que hemos estado discutiendo, e ilustrando, constituyen todos ellos impresiones bioquímicas en la evolución del sistema nervioso. Cada impresión crea un túnel de realidad mayor. En la metáfora sufí, el burro en el cual cabalgamos se convierte en un burro diferente tras cada impresión. El metaprogramador aprende constantemente más, y es cada vez más capaz de ser consciente de sí mismo, de su modo de operar. Así, estamos evolucionando hacia la inteligencia- estudiando-la-inteligencia” (el sistema nervioso estudiando el sistema nervioso) y somos más y más capaces de acelerar nuestra propia evolución.”

Robert Anton Wilson
(Extractos de Cosmic Trigger I)

“…SoMoS LeGioN”

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