agosto 27, 2009

a-CeRCa de la ALQuiMia; eL aMoR y La QuiMeRa deL ALQuiMiSTa;

Posted in Alquimia, Belleza a 3:24 pm por Autor

Acerca de la alquimia
Gastón BACHELARD

La formación del Espíritu Científico.

Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo, capítulo II (ed. Siglo XXI, traducción de José Babini )

Pero, para probar adecuadamente que lo que hay de más inmediato en la experiencia básica, es siempre nosotros mismos, nuestras sordas pasiones, nuestros inconscientes deseos, estudiaremos algo más ampliamente ciertas fantasías relativas a la materia. Trataremos de poner de manifiesto sus bases afectivas y su dinamismo totalmente subjetivo. Para tal demostración estudiaremos lo que llamaremos el carácter psicológicamente concreto de la Alquimia. Más que cualquier otra, la experiencia alquímica es doble: es objetiva; es subjetiva. Es sobre las verificaciones subjetivas, inmediatas y directas, que llamaremos aquí la atención. Daremos así un ejemplo, algo desarrollado, de los problemas que debiera plantearse un psicoanálisis del conocimiento objetivo. En otros capítulos de esta obra, tendremos, por lo demás, ocasión de volver sobre la cuestión para deslindar la influencia de las pasiones particulares sobre el desarrollo de la Alquimia.

La condena de la Alquimia ha sido pronunciada por químicos y por escritores.

En el siglo XIX, todos los historiadores de la Quimica se han complacido en reconocer el FUROR experimental de los alquimistas; han rendido homenaje a algunos de sus descubrimientos positivos; han mostrado finalmente que la Química moderna ha surgido lentamente de los laboratorios de los alquimistas. Pero, de atenernos a los historiadores, parece que los hechos se hubieran impuesto penosamente a pesar de las ideas, sin que se dé jamás una causa y una apreciación de esa resistencia. Los químicos del siglo XIX, animados por el espíritu positivo, han sido llevads a juzgar el valor objetivo, sin tomar en cuenta la notable cohesión psicológica de la cultura alquimista. Del lado de los literatos, de Rabelais a Montesquieu, el juicio ha sido aún más superficial. Se representa al alquimista como a un espíritu trastornado al servicio de un corazón codicioso. Finalmente, la historia erudita y la narración pintoresca nos pintan una experiencia fatalmente desgraciada. Imaginamos al alquimista ridículo como un vencido. Es el amante, jamás satisfecho, de una Quimera.


Una interpretación tan negativa debiera, sin embargo, haber despertado nuestros recelos. Por lo menos debiera habernos asombrado el hecho que doctrinas tan vanas pudieran tener una historia tan larga, pudieran continuar propagándose, en el transcurso mismo del progreso científico, hasta nuestros días. En verdad, su persistencia en el siglo XVIII no escapó a la perspicacia de Mornet. También Constantin Bila ha consagrado su tesis a seguir la acción de esas doctrinas en la vida literaria del siglo XVIII; mas no ve en ellas sino una medida de la credulidad de los adeptos y de la pillería de los maestros. No obstante podría proseguirse ese examen a lo largo de todo el siglo XIX. Se vería la atracción de la Alquimia sobre numerosos espíritus, en el origen de obras psicológicamente profundas, como la de Villiers de l’ Isle Adam. El centro de resistencia debe, pues, estar más oculto de lo que se imagina el racionalismo ingenuo. La Alquimia debe tener, en el inconsciente, raíces más profundas.

Para explicar la persistencia de las doctrinas alquímicas, ciertos historiadores de la Francmasonería, totalmente imbuídos de misterio, han pintado la Alquimia como un sistema de iniciación política, tanto más oculto, tanto más oscuro, cuanto más manifiesto era el sentido que parecía tener en la obra química. Así G. Kolpaktchy, en un interesante articulo sobre la Alquimia y la Francmasonería, escribe: “Había, pues, detrás de una fachada puramente alquímica (o química) muy real, un sistema de iniciación no menos real… ese sistema de iniciación se encuentra en los fundamentos de todo esoterismo europeo, a partir del siglo XI y, por tanto, en los fundamentos de la iniciación de la RosaCruz y en los fundamentos de la Francmasonería”.

Pero esta interpretación, aunque Kolpaktchy reconozca que la Alquimia no es simplemente “una inmensa mixtificación destinada a engañar a las autoridades eclesiásticas”, es aún demasiado intelectualista. Ella no nos puede dar una justa medida de la resistencia psicológica del obstáculo alquímico frente a los ataques del pensamiento científico objetivo.

Después de todos estos intentos de explicación que no tienen en cuenta la oposición radical entre Química y Alquimia, hay, pues, que arribar al examen de las condiciones psicológicas más íntimas, para explicar un simbolismo tan poderoso, tan completo, tan duradero. Tal simbolismo no podia trasmitirse como simples formas alegóricas si no recubría una realidad psicológica incontestable. Precisamente el psicoanalista Jones ha puesto de manifiesto de una manera general que el simbolismo no se enseña como una mera verdad objetiva. Para enseñarse, el simbolismo debe vincularse a fuerzas simbolizantes que preexisten en el inconsciente. Puede decirse con Jones que “cada uno recrea… el simbolismo con los materiales de que dispone y que la estereotipía tiende a la uniformidad del espíritu humano en cuanto a las tendencias particulares que forman la fuente del simbolismo, vale decir a la uniformidad de los intereses fundamentales y permanentes de la humanidad” (1). Es en contra de esta estereotipía de origen afectivo y no perceptivo que debe actuar el espíritu científico.

Examinada a la luz de la convicción personal, la cultura del alquimista se revela entonces como un pensamiento claramente acabado que recibe, a lo largo de todo el ciclo experimental, confirmaciones psicológicas que revelan bien la intimidad y la solidez de sus símbolos. En verdad, el amor por una Quimera es el más fiel de los amores. Para juzgar bien el completo carácter de la convicción del alquimista no debemos perder de vista que la doctrina filosófica que afirma la ciencia como esencialmente inacabada es de inspiración moderna. Y es también moderno, ese tipo de pensamiento en expectativa, de pensamiento que se desarrolla partiendo de hipótesis consideradas mucho tiempo como presuntas y que se mantienen siempre revocables. Por el contrario, en las edades precientíficas, una hipótesis se apoya sobre una profunda convicción: ella ilustra un estado del alma. Por ello, con su escala de símbolos, la alquimia es un memento para un orden de meditaciones íntimas. No son las cosas y las sustancias las que somete aprueba, lo son los símbolos psicológicos correspondientes a las cosas o aun mejor los diferentes grados de la simbolización íntima cuya jerarquía quiere probarse. En efecto, parece que el alquimista “simboliza” con todo su ser, con toda su alma, al experimentar con el mundo de los objetos. Por ejemplo, después de recordar que las cenizas conservan siempre la marca de su origen sustancial, Becker expresa este singular deseo (que por otra parte es aún registrado por la Encyclopédie en el artículo: Cendre) : “Quiera Dios… que yo tenga amigos que me rindan este último favor; que un día conviertan mis huesos secos y degastados por tantas fatigas, en una sustancia diáfana, que la continuada sucesión de los siglos no pueda alterar, y que conserve su color genérico, no el verdor de los vegetales, mas sí el color del tembloroso narciso; lo que puede hacerse en pocas horas”. El historiador de la Química positiva puede ver especialmente en esto una experiencia de Química, más o menos clara, sobre el fosfato de calcio o, como lo llamaba un autor del siglo XVIII, sobre el “vidrio animal”. Nosotros creemos que el deseo de Becker tiene otra tónica. Ya no son los bienes terrestres los que persiguen esos soñadores, es el bien del alma. Sin esta inversión del interés, se juzga mal el sentido y la profundidad de la mentalidad alquimista.

Por otra parte, cuando la esperada acción material fallaba, ese accidente operatorio no destruiría el valor psicológico de la tensión representada por esa esperanza. No se titubearía en despreciar esta experiencia material desafortunada: las fuerzas de la esperanza quedaban intactas, pues la viva conciencia de la esperanza es de por sí un éxito. Claro que no ocurre lo mismo en el espíritu científico: para éste un fracaso material es de inmediato un fracaso intelectual, puesto que aun el más modesto empirismo científico se presenta como implicado en una contextura de hipótesis racionales. La experiencia de Física de la ciencia moderna es un caso particular de un pensamiento general, el momento particular de un método general. Esa experiencia se ha librado de la necesidad del éxito personal, en la medida precisamente en que ella ha sido verificada en el mundo de la ciencia. Toda la ciencia, en su integridad, no tiene necesidad de ser puesta a prueba por el científico. Pero ¿qué ocurre cuando la experiencia desmiente a la teoría? Puede entonces obstinarse a rehacer la experiencia negativa, puede creerse que no es más que una experiencia fallida. Tal fué el caso de Michelson, quien retomó tan a menudo la experiencia que, según él, debía mostrar la inmovilidad del éter. Pero finalmente cuando el fracaso de Michelson se tomó innegable, la ciencia debió modificar sus principios fundamentales. Así nació la ciencia relativista.

Que una experiencia de Alquimia no tenga éxito, se concluye simplemente que no se ha puesto en la experiencia la materia adecuada, los gérmenes requeridos, o también que aún no han llegado los tiempos de la producción. Podría casi decirse que la experiencia alquímica se desarrolla en una duración bergsoniana en una duración biológica y psicológica. Un huevo que no ha sido fecundado no hace eclosión; un huevo que ha sido mal empollado o empollado sin continuidad se corrompe; una tintura alterada pierde su mordiente y su fuerza generadora. Hay para cada ser, para que crezca, para que produzca, su tiempo adecuado, su duración concreta, su duración individual. Por otra parte, mientras se pueda acusar al tiempo que languidece, al vago ambiente que impide madurar, al suave empuje íntimo que retarda, se tiene todo lo necesario para explicar, desde dentro, los accidentes de la experiencia.

Pero hay una manera aún más íntima para interpretar el fracaso de una experiencia alquímica. Es la de poner en duda la pureza moral del experimentador. Fallar en producir el fenómeno esperado apoyándose sobre los símbolos adecuados, no es un simple fracaso, es un déficit psicológico, es una falta moral. Es el signo de una meditación poco profunda, de una vergonzosa flojedad psicológica, de una plegaria menos atenta y menos ferviente. Como lo dijo muy bien Hitchcock en obras demasiado ignoradas, en los trabajos de los alquimistas, se trata mucho menos de manipulaciones que de complicaciones.

¡Cómo purificaría el alquimista la materia sin purificar en primer lugar su propia alma! ¿Cómo entraría el obrero íntegramente, como lo exigen las prescripciones de los maestros, en el ciclo de la obra si se presenta con un cuerpo impuro, con un alma impura, con un corazón ambicioso? No es raro encontrar, bajo la pluma de un alquimista, una diatriba en contra del oro. Escribe el Filaleto: “Desprecio y detesto con razón esa idolatría del oro y de la plata” (2). Y (pág. 115) : “Yo mismo tengo aversión por el oro, la plata y las piedras preciosas, no como criaturas de Dios que como tales las respeto, sino porque ellas sirven de idolatría a los israelitas así como al resto del mundo”. A menudo el alquimista para lograr éxito en sus experiencias tendrá que practicar largas austeridades. Un Faust, hereje y perverso, necesita del auxilio del demonio para saciar sus pasiones. En cambio un corazón honesto, un alma blanca, animado por fuerzas sanas, reconciliando su naturaleza particular y la naturaleza universal, encontrará naturalmente la verdad. La encontrará en la naturaleza porque la siente en sí mismo. La verdad del corazón es la verdad del Mundo. Jamás las cualidades de abnegación, de probidad, de paciencia, de método escrupuloso, de trabajo obstinado han sido tan íntimamente incorporadas al oficio como en la era alquímica. En nuestros días parece que el hombre de laboratorio pueda más fácilmente desligarse de su función. Ya no mezcla su vida sentimental con su vida científica. Su laboratorio ya no está en su casa, en su granero, en su sótano. Por la tarde lo abandona como se abandona una oficina y vuelve a la mesa familiar donde lo esperan otros cuidados, otras satisfacciones.

En nuestra opinión, revisando todos los consejos que abundan en la práctica alquímica, interpretándolos, como parece siempre posible hacerlo, en su ambivalencia objetiva y subjetiva, se llegaría a constituir una pedagogía más cabalmente humana, en ciertos aspectos, que la pedagogía puramente intelectualista de la ciencia positiva. En efecto, la Alquimia, en su conjunto, no es tanto una iniciación intelectual como una iniciación moral. Por eso, antes de juzgarla desde el punto de vista objetivo, sobre los resultados experimentales, hay que juzgarla desde el punto de vista subjetivo, sobre los resultados morales. Este aspecto no ha escapado a Hélène Metzger quien escribe respecto de Van Helmont (3) : “Esta interpretación del pensamiento de Van Helmont no resultará extraña sí se recuerda que nuestro filósofo no consideraba el trabajo de laboratorio, así como las plegarias y los ayunos, ¡sino como una preparación a la iluminación de nuestro espíritu!” De ahí que por encima de la interpretación materialista de la Alquimia, debe encontrar cabida un psicoanálisis anagógico del Alquimista.

Esta iluminación espiritual y esta iniciación moral no constituyen una simple propedéutica que ha de ayudar a los progresos positivos futuros. Es en el trabajo mismo, en las lentas y suaves maniobras de las materias, en las disoluciones y cristalizaciones alternadas como el ritmo de los días y de las noches, donde se encuentran los mejores temas para la contemplación moral, los símbolos más claros de una escala de íntima perfección. La naturaleza puede ser admirada en extension, en el cielo y en la tierra, La naturaleza puede ser admirada en comprensión, en su profundidad, en el juego de sus mutaciones sustanciales. Pero esta admiración en profundidad, ¡cuán evidentemente es solidaria de una meditada intimidad! Todos los símbolos de la experiencia objetiva se traducen inmediatamente en símbolos de la cultura subjetiva. ¡Infinita simplicidad de una intuición pura! El sol juega y ríe sobre la superficie de un vaso de estaño. El jovial estaño, coordinado a Júpiter, es contradictorio como un dios: absorbe y refleja la luz, su superficie es opaca y pulida, clara y sombría. El estaño es una materia mate que de pronto lanza un hermoso fulgor. Para ello no hace falta más que un rayo bien dirigido, una simpatía de la luz, entonces se revela. Y para un Jacob Boehme, como lo dice tan bien Koyré en un libro al cual hay siempre que recurrir para comprender el carácter intuitivo y subyugador del pensamiento simbólico, eso no es sino “el verdadero símbolo de Dios, de la luz divina, que para revelarse y manifestarse tiene necesidad de lo otro, de una resistencia, de una oposición; que para decirlo de una vez, tiene necesidad del mundo para reflejarse y expresarse en él, para oponerse y separarse de él”.

Si la contemplación de un simple objeto, de un vaso olvidado a los rayos del poniente, nos proporciona tanta luz sobre Dios y sobre nuestra alma, ¡cuán más detallada y más evocadora será la contemplación de los fenómenos sucesivos en las experiencias precisas de la transmutación alquímica! Así interpretada, la deducción de los símbolos no se desenvuelve más sobre un plano lógico o experimental, sino más bien sobre el plano de la intimidad completamente personal. Se trata menos de una comprobación externa que de una comprobación interna. ¿Quién sabrá jamás qué es un renacimiento espiritual y qué valor de purificación tiene todo renacimiento, si no ha disuelto una grosera sal en su mercurio adecuado y si no la ha renovado en una cristalización paciente y metódica, espiando ansiosamente la primera condensación cristalina? Entonces hallar el objeto es verdaderamente hallar el sujeto: es encontrarse en el momento de un renacimiento material. Se tenía la materia en el hueco de la mano. Para que sea más pura y más hermosa, se la ha sumergido en el seno pérfido de los ácidos; se ha arriesgado su tesoro. Un día el ácido apiadado ha devuelto el cristal. El alma toda se regocija por la vuelta del hijo pródigo. El psicoanalista Herbert Silberer, en mil observaciones de singular penetración, ha mostrado así el valor moral de los diferentes símbolos alquímicos. Es significativo que todas las experiencias alquímicas se dejan interpretar de dos maneras: química y moralmente. Mas entonces surge la pregunta: ¿Dónde está el oro? ¿En la materia o en el corazón? Y en seguida, ¿cómo titubear frente al valor dominante de la cultura química? La interpretación de los escritores que describen al alquimista en la búsqueda de la fortuna es un contrasentido psicológico, La Alquimia es una cultura íntima. Es en la intimidad del sujeto, en la experiencia psicológicamente concreta donde ella encuentra la primera lección mágica. Comprender de pronto que la naturaleza obra mágicamente, es aplicar al mundo la experiencia íntima. Hay que pasar por intermedio de la magia espiritual, donde el ser íntimo prueba su propia ascensión, para comprender la valorización activa de las sustancias primitivamente impuras y contaminadas. Un alquimista, citado por Silberer, recuerda que él no hizo progresos importantes en su arte hasta el día en que advirtió que la Naturaleza obra mágicamente. Pero éste es un descubrimiento tardío; hay que merecerlo moralmente para que, según el espíritu, deslumbre a la experiencia.

Esta magia no es taumaturgia. La letra no domina al espíritu. Hay que adherir con el corazón, no con los labios. Y todas las burlas fáciles sobre las palabras cabalísticas que murmura el experimentador, desconocen precisamente la experiencia psicológica que acompaña a la experiencia material. El experimentador se entrega por completo, él en primer lugar. Silberer observa además “que lo que debe ser sembrado en la tierra nueva, se llama habitualmente Amor“. La Alquimia reina en una época en la que el hombre ama a la Naturaleza más que utilizarla. Esta palabra Amor todo lo arrastra. Es la contraseña entre la obra y el obrero. No se puede, sin dulzura y sin amor, estudiar la psicología de los niños. Exactamente en el mismo sentido no se puede, sin dulzura y sin amor, estudiar el nacimiento y el comportamiento de las sustancias químicas. Arder por un tierno amor es apenas una imagen, para quien sabe calentar un mercurio a fuego lento. Lentitud, dulzura, esperanza, he ahí la fuerza secreta de la perfección moral y de la transmutación material. Como dice Hitchcock (4) : “El gran efecto del Amor es el de convertir toda cosa a su propia naturaleza, que es toda bondad, toda dulzura, toda perfección. Es este poder divino el que cambia el agua en vino; el dolor y la angustia en júbilo exultante y triunfante“. Si se acepta esta imagen de un amor más sagrado que profano, no debe asombrar que la Biblia haya sido una obra de práctica constante en los laboratorios de los alquimistas. Sin esfuerzo se pueden encontrar, en las palabras de los Profetas, millares de ejemplos en los que el plomo, la tierra, el oro, la sal expresan las virtudes y los vicios de los hombres. La Alquimia a menudo no hizo sino codificar esta homología. En efecto, todos los grados de la transmutación mágica y material se presentan para algunos como homólogos de los grados de la contemplación mística: “En el Rosarium de Johannes Daustenius los siete grados son objeto de la siguiente descripción:

…De este modo el cuerpo (1) es la causa de que el agua se conserve. El agua (2) es la causa de que el aceite se conserve y que no se inflame sobre el fuego. El aceite (3) es la causa de que la tintura se fije, y la tintura (4) es la causa para que aparezcan los colores, y el color (5) es la causa para que se muestre la blancura; y la blancura (6) es la causa que todo lo fugaz (7) se fije y deje de ser fugaz. Es absolutamente lo mismo cuando Bonaventura describe septem gradus contemplationis y David de Augsburg los siete escalones de la plegaria. Boehme conoce 7 Quellgeister. . . “. Estas escalas homólogas nos indican bastante claramente que una idea de valor está asociada con los productos sucesivos de las manipulaciones alquímicas. En lo sucesivo tendremos muchas ocasiones de mostrar que toda valorización en el orden del conocimiento objetivo debe dar lugar a un psicoanálisis. Será uno de los temas principales de este libro. Por el momento no tenemos sino que retener el carácter directo e inmediato de esta valorización. Ella está hecha de la adhesion apasionada a ideas básicas que en el mundo objetivo no encuentran sino pretextos.

En este largo parágrafo pretendimos totalizar los caracteres psicológicos y los pretextos más o menos objetivos de la cultura alquímica. Esta masa totalizada nos permite en efecto comprender bien lo que hay de demasiado concreto, de demasiado intuitivo, de demasiado personal en una mentalidad precientífica. Un educador tendrá pues que pensar siempre en desligar el observador de su objeto, en defender al alumno en contra de la masa de afectividad que se concentra sobre ciertos fenómenos demasiado rápidamente simbolizados y, en cierto sentido, demasiado interesantes. Consejos semejantes no son quizá tan inactuales como puede parecer a primera vista. Algunas veces, enseñando química, tuve ocasión de seguir los arrastres de alquimia que todavía trabajan a los jóvenes espíritus. Por ejemplo mientras, en una mañana de invierno, preparaba amalgama de amonio, manteca de amonio como decía todavía mi viejo maestro, mientras amasaba el mercurio que crecía, yo leía pasiones en los ojos atentos. Ante ese interés por todo lo que crece y aumenta, por todo lo que se amasa, recordaba estas antiguas palabras de Ireneo Filaleto (5) : “Alegraos si veis vuestra materia hincharse como la masa, porque el espíritu vital está encerrado en ella y a su tiempo, con el permiso de Dios, devolverá la vida a los cadáveres”. Me pareció también que la clase se alegraba tanto más, cuanto esa pequeña novela de la Naturaleza terminaba bien, al restituir al mercurio, tan simpático a los alumnos, su aspecto natural, su misterio primitivo.

Así, tanto en la clase de química moderna como en el taller del alquimista, el alumno y el adepto no se presentan de primera intención como espíritus puros. La materia misma no es para ellos una razón suficiente de tranquila objetividad. Al espectáculo de los fenómenos más interesantes, más chocantes, el hombre va naturalmente con todos sus deseos, con todas sus pasiones, con toda su alma. No debe pues asombrar que el primer conocimiento objetivo sea un primer error.

(1) JONES: Traité théorique et pratique de Psychoanalyse, trad. 1925, p. 218.

(2) Sin nombre de autor, Histoire de la philosophie hermétique, avec le véritable Philalethe, Paris 1742, 3 tomos, t. III p. 113.

(3) HÉLÈNE METZGER: Les doctrines chimiques en France, du début du XVII, a la fin du XVIII siecle, Paris 1923, p. 174

(4) HITCHCOCK: Remarks upon Alchemy and the Alchemists, p. 133.

(5) Sin nombre de autor, Histoire de la philosophie hermétique, avec le véritable Philalethe, loc. cit., t. II, n. 230.

BELEFORONTE Y SU QUIMERA

kimera1

SAN JORGE Y SU DRAGÓN

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BOB Y SU DRAGÓN

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SALQUIMIXTAS COMO MARAVUNTA DESLIZANDOSE BAJO LA TIERRA

TODO VA BIEN… >:D

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agosto 25, 2009

Mutus Liber, tratado Al’CHEmico

Posted in Alquimia, Belleza a 2:17 pm por Autor

El Mutus Liber es una serie de 15 láminas o planchas de un manuscrito de grabados emblemáticos de la Alquimia, publicado en 1677 en La Rochelle (Francia). El autor del MUTUS LIBER es desconocido. El nombre de “Altus”, que figura en la primera plancha, no corresponde a persona alguna y parece ser un seudónimo. Barbier, en su Diccionario de anónimos, basándose en las observaciones de un historiador local, cree que el verdadero autor es un médico de La Rochelle llamado Tollé, opinión considerada errónea por Marc Haven. También se le ha atribuido a Jacob Sullat, basándose en el anagrama del seudónimo Altus (“Alto”).

Fue reeditado en 1967 por Jean_Jacques Pauvert (París), con la adición de una introducción y comentarios. Posteriormente, en 1702, estás láminas fueron re grabadas, versión que se encuentra en la “Mangent´s Biblioteca Chemica Curiosa”.

Mutus Liber

agosto 21, 2009

Mundus Imaginalis; CoNCieNCia iMaGiNaTiVa; iMaGiNaCióN CoGNiTiVa;

Posted in Alquimia, Belleza, Kábala, MAGICK, Psicologia a 1:52 pm por Autor

Mundus Imaginalis: lo imaginario & lo imaginal

por Henri Corbin

(traducción de Enrique Eskenazi)

Al proponer las dos palabras latinas “mundus imaginalis” como título de esta discusión, me propongo tratar un orden preciso de realidad que corresponde a un modo preciso de percepción, porque la terminología latina tiene la ventaja de proporcionarnos un punto técnico y fijo de referencia, con el cual podemos comparar los diversos equivalentes más o menos no resueltos que nuestros modernos lenguajes Occidentales sugieren.
Y haré inmediatamente una concesión. La elección de estas dos palabras se me impuso hace tiempo, porque me resultaba imposible quedar satisfecho con la palabra “imaginario” para aquello que tenía que traducir o decir. Esto no es, bajo ningún aspecto, una crítica dirigida a aquellos de nosotros para quienes el uso del lenguaje nos obliga a recurrir a esta palabra, y que intentamos juntamente reevaluarla en un sentido positivo. Sin tomar en cuenta nuestros esfuerzos, empero, no podemos impedir que la expresión “imaginario”, en su uso corriente y no deliberado, equivalga a significar irreal, aquello que es y permanece fuera de la existencia, en breve: algo ‘utópico’. Me vi obligado a encontrar otra expresión, porque a lo largo de muchos años he sido, por vocación y profesión, un intérprete de textos Arabes y Persas, cuyo propósito seguramente habría traicionado si me hubiera contentado -aún con todas las precauciones – con el término ‘imaginario’. Me vi totalmente obligado a hallar otro término para no confundir al lector occidental, ya que es cuestión de desarraigar hábitos de pensamiento largo tiempo establecidos, a fin de despertarle a un orden de cosas, desvelar cuyo significado es la misión de nuestro coloquio en la “Sociedad de Simbolismo
En otras palabras, si usualmente hablamos de ‘imaginario’ como lo irreal, lo utópico, ésto debe ser síntoma de algo. En contraste con este algo, podemos examinar juntos brevemente ese orden de realidad que designo como “mundus imaginalis” y que los teósofos del Islam designan como el “octavo clima”; luego examinaremos el órgano que percibe esta realidad, es decir, la conciencia imaginativa, la Imaginación “cognitiva”; y finalmente, presentaremos varios ejemplos, entre otros, por supuesto, que nos sugieren la topografía de estos mundos internos, tal como han sido vistos por aquellos que “realmente” han estado allí.

1. “NA-KOJO-ABAD” O EL “OCTAVO CLIMA”
Acabo de mencionar la palabra “utópico”. Es raro, o un ejemplo decisivo, que nuestros autores usan un término en Persa que parece su calco lingüístico: “Na-kojo- Abad”, la “tierra de ningún lugar (No-where)”. Esto, empero, es algo completamente distinto de una “utopía”
Tomemos los hermosísimos cuentos -simultáneamenta cuentos visionarios y cuentos de iniciación espiritual- compuestos en Persa por Sohravardi, el joven sheik que, en el siglo XII, fue quien “revivió la teosofía de la antigua Persia” en el Irán islámico. Cada vez el visionario se encuentra, al comenzar el cuento, en presencia de una figura sobrenatural de gran belleza, a quien el visionario pregunta “quién” es y “de dónde” viene. Estos cuentos esencialmente ilustran la experiencia del gnóstico, vivida como la historia personal del Extranjero, el cautivo que aspira regresar a casa.

Al comienzo del cuento que Sohravardi titula “El Arcángel Escarlata”, el cautivo, que acaba de huir de la vigilancia de sus carceleros, esto es, que ha abandonado temporalmente el mundo de la experiencia sensorial, se encuentra en el desierto en presencia de un ser al que pregunta, ya que le ve con todos los encantos de la adolescencia, “Oh Joven! ¿De dónde vienes?” Y recibe por respuesta: “¿Qué? Soy el primogénito de los niños del Creador (en términos gnósticos, el “Protoktistos”, el Primer-Creado) y sin embargo me llamas joven?” Ahí, en este origen, está el misterio del color escarlata que reviste su apariencia: aquella de un ser de pura Luz cuyo resplandor se reduce, en el mundo sensible, al escarlata del atardecer. “Vengo de más allá de la montaña de Qaf… Es allí donde estabas tú mismo al comienzo, y es allí adonde retornarás cuando finalmente te liberes de tus ataduras”
La montaña de Qaf es la montaña cósmica constituida de cumbre en cumbre, y de valle en valle, por las Esferas celestes que están encerradas una dentro de otra. ¿Cuál es, entonces, el camino que conduce fuera de ella? ¿Cuán largo es? “No importa cuánto camines” se le responde, “está en el punto de partida el que vuelvas allí”, como la punta del compás que regresa al mismo sitio. ¿Implica esto simplemente dejarse a uno mismo a fin de alcanzarse a uno mismo? No exactamente. Entre los dos, un gran acontecimiento habrá cambiado todo; el “sí mismo” que se encuentra allí es aquél está más allá de la montaña de Qaf, un sí mismo superior, un sí mismo “en segunda persona”. Habrá sido necesario, como Khezr (o Kadir, el misterioso profeta, el eterno viajero, Elijah o alguien como él) bañarse en la Fuente de la Vida. “Aquél que ha encontrado el significado de la Verdadera Realidad ha llegado a esa Fuente. Cuando emerge de la Fuente, ha logrado la Aptitud que le vuelve como un bálsamo, una gota del cual destilas en el hueco de tu mano sujetándolo mientras encaras el sol, y entonces pasa a través del dorso de tu mano. Si eres Khezr, también puedes pasar sin dificultad a través de la montaña de Qaf”

Otros dos cuentos místicos dan nombre a ese “más allá de la montaña de Qaf” y es este mismo nombre el que marca la transformación de montaña cósmica a montaña psicocósmica, esto es, la transición del cosmos físico a lo que constituye el primer nivel del universo espiritual. En el cuento titulado “El murmullo de las alas de Gabriel” reaparece la figura que, en las obras de Avicena, es llamada Hayy ibn Yaqzan (“El Viviente, hijo del Vigía”) y quien, recién ahora, es llamado como el Arcángel Escarlata. Se pregunta la cuestión que ha de ser preguntada, y la respuesta es: Vengo de “Na-koja-Abad”. Finalmente, en el cuento titulado “Vade Mecum del Creyente Enamorado” (Mu’nis al-‘oshshaq) que pone en escena una triada cosmogónica cuyos dramatis personae son respectivamente la Belleza, el Amor y la Tristeza, la Tristeza aparece a Ya’qab llorando por José en la tierra de Canaan. A la pregunta “¿Qué horizonte penetraste para llegar aquí?” se da la misma respuesta: “Vengo de Na-koja-Abad”

“Na-koja-Abad” es un término extraño. No aparece en ningún diccionario Persa, y fue acuñado, por lo que sé, por Sohravardi mismo, a partir de los recursos del más puro lenguaje persa. Literalmente, como he mencionado hace un momento, significa la ciudad, el campo o la tierra (abad) de ningún lugar (no-where): Na-koja. Por ello estamos aquí en presencia de un término que, a primera vista, podría parecer el equivalente exacto de utopía, el cual, a su vez, no aparece en los diccionarios clásicos Griegos, y fue acuñado por Thomas Moro como un término abstracto para designar la ausencia de cualquier localización, de cualquier situs dado en un espacio verificable por la experiencia de los sentidos. Etimológica y literalmente, sería acaso exacto traducir Na-koja-Abad por “utopía”, y sin embargo por lo que refiere al concepto, al sentido, a la intención, creo que sería una mala traducción. Me parece por ello que es de fundamental importancia intentar, al menos, determinar porqué sería ésta una mala traducción.

Es incluso un asunto de precisión indispensable, si queremos entender el significado y la implicación real de la múltiple información referente a las topografías exploradas en el estado visionario, el estado intermedio entre la vigilia y la información del sueño que, por ejemplo, entre los individuos del Islam Chi’ita se refiere como “la tierra del Imam oculto”. Una cuestión de precisión que, al volvernos sensibles a un modo diferente de apreciar una región entera del alma, y por lo mismo a una entera cultura espiritual, nos llevaría a preguntar: ¿qué condiciones hacen posible aquello que ordinariamente llamamos una utopía, y consiguientemente el tipo de un hombre utópico? ¿Cómo y cuándo hace su aparición? Me pregunto, en efecto, si el equivalente se podría encontrar en el pensamiento Islámico en su forma tradicional. No creo, por ejemplo, que cuando Farabi, en el siglo X, describe la “Ciudad Perfecta”, o cuando el filósofo andaluz Ibn Bajja (Avempace) en el siglo XII toma el mismo tema en su “Régimen del Solitario”, no creo que ninguno de ellos tomara en cuenta lo que hoy llamamos una utopía social o política. Entenderlos de este modo sería, me temo, alejarlos de sus propios presuposiciones y perspectivas, a fin de imponerles nuestras propias dimensiones; por encima de todo, me temo que ello implicaría resignarnos a confundir la Ciudad Espiritual con una Ciudad imaginaria.

La expresión Na-koja-Abad no designa algo como un ser inextenso, en un estado sin dimensión. La palabra persa “abad” ciertamente significa una ciudad, una tierra y un pueblo cultivados, y por tanto algo extenso. Lo que Sohravadi significa por estar “más allá de la montaña de Qaf” es lo mismo, y con él toda la tradición teológica del Irán, que representa el compuesto de las ciudades místicas de Jabalqa, Jabarsa, y Hurqalya. Topográficamente, afirma precisamente que esta región comienza “en la superficie convexa” de la Novena Esfera, la Esfera de las Esferas, o la Esfera que incluye la totalidad del cosmos. Esto significa que comienza en el exacto momento en que uno abandona la suprema Esfera, que define toda posible orientación en nuestro mundo (o en este lado del mundo), la “Esfera” a la que se refieren los puntos cardinales celestes. Es evidente que una vez que se cruza este límite, la pregunta “¿dónde?” (ubi, koja) pierde significado, al menos el significado en que se pregunta en el espacio de nuestra experiencia sensible. Así el nombre “Na-koja-Abad”: un lugar fuera del lugar, un “lugar” que no está contenido en un lugar, en un “topos”, que permite una respuesta, con un gesto de la mano, a la pregunta “¿dónde?” Pero cuando decimos “alejarse desde el donde”, ¿qué significa ésto?

Ciertamente no puede relacionarse con un cambio de posición local, un transferir físico de un lugar a otro lugar, como si involucrara lugares contenidos en un simple espacio homogéneo. Como se sugiere, al final del cuento de Sohravardi, por el símbolo de la gota de bálsamo expuesta en el hueco de la mano al sol, es cuestión de entrar, pasar “al interior” y, al pasar al interior, de encontrarse paradójicamente “fuera” o, en el lenguaje de nuestros autores, “en la superficie convexa” de la Novena Esfera, exterior en otras palabras, “más allá de la montaña de Qaf”. La relación involucrada es esencialmente la de lo externo, lo visible, lo exotérico (en Arabe: zahir) y lo interno, lo invisible, lo esotérico (en árabe: batin), o el mundo natural y el mundo espiritual. Alejarse del “donde”, la categoría de ubi, es dejar las apariencias externas o naturales que encierran las realidades internas ocultas, como la almendra está escondida dentro de la cáscara. Este paso se hace a fin de que el Extranjero, el gnóstico, regrese a “casa”- o al menos para emprender a ese regreso.

Pero ocurre algo extraño: una vez se logra esta transición, resulta que a partir de ahora esta realidad, previamente interna y oculta, se revela como envoltura, entorno, conteniendo lo que al principio era del todo externo y visible, ya que mediante la “interiorización” uno ha abandonado esa realidad “externa”. De aquí en adelante, es la realidad espiritual la que encierra, rodea, contiene la realidad llamada material. Por ello la realidad espiritual no está “en el dónde”. Es el “donde” el que está en ella. O, mejor aún, es ella misma el dónde de todas las cosas; no está, por tanto, ella misma en un lugar, no cae bajo la pregunta :”¿dónde?” -al referirse la categoría ubi a un lugar en espacios sensibles. Su sitio (su abad) en relación a esto es Na-koja (ningún lugar, no-where), porque su ubi en relación a lo que está en el espacio sensible, es un ubique (por todas partes). Cuando hemos comprendido ésto, quizás hemos comprendido qué es esencial para seguir la topografía de las experiencias visionarias, para distinguir su significado (esto es, el significado y la dirección simultáneamente) y también para distinguir algo fundamental, o sea: lo que diferencia las percepciones visionarias de nuestros individuos espirituales (Soharavardi y muchos otros) con respecto a cualquier cosa que es subsumida por nuestro vocabulario moderno bajo el sentido peyorativo de invenciones, imaginaciones, incluso locura utópica.

Pero lo que debemos comenzar a destruir, hasta el límite en que podamos, aún a costa de una lucha retomada diariamente, es lo que puede llamarse la “reflexión agnóstica” en el hombre occidental, que ha consentido al divorcio entre “pensar” y “ser”. Cuántas teorías recientes se originan tácitamente en esta reflexión (entendida también como reflejo), gracias a la cual esperamos eludir la “otra realidad” ante la cual ciertas experiencias y evidencias nos colocan- y eludirla, en el caso donde secretamente nos sometemos a su atracción, dándole todo tipo de explicaciones ingeniosas, excepto una: aquella que verdaderamente permitiría que signifique para nosotros, por su existencia, lo que es! Para que signifique eso para nosotros, debemos, en todos los casos, disponer de una cosmología de tal tipo que hasta la más sorprendente información de la ciencia moderna respecto al universo físico es inferior a ella. Por que, en tanto sea una cuestión de ese tipo de información, permanecemos ligados a lo que está “de este lado de la montaña de Qaf”. Lo que distingue la cosmología tradicional de los teósofos del Islam, por ejemplo, es que la estructura en la cual los mundos e intermundos “más allá de la montaña de Qaf”, es decir, más allá de los universos físicos, están arreglados en niveles sólo es inteligible para una existencia en la cual el acto de ser esté de acuerdo con su presencia en aquellos mundos, ya que recíprocamente, es de acuerdo con este acto de ser que estos mundos se le presentan. ¿Qué dimensión, entonces, tiene que tener este acto de ser, a fin de ser o de devenir en el curso de sus futuros renacimientos, el sitio de estos mundos que están fuera del sitio de nuestro espacio natural? Y antes que nada, ¿qué son esos mundos?

Sólo puedo referirme aquí a pocos textos. Un número mayor se encontrará traducido y agrupado en el libro que he titulado “Cuerpo Espiritual y Tierra Celestial”. En su “Libro de Conversaciones” Sohravardi escribe: “Cuando aprendes en los tratados de los antiguos sabios que existe un mundo provisto con dimensiones y extensiones, distinto del pleroma de Inteligencias (esto es, un mundo por debajo de aquél de las puras Inteligencias arcangélicas)” y distinto del mundo gobernado por las Almas de las Esferas (esto es, un mundo que, mientras tiene dimensión y extensión, es diverso del mundo de los fenómenos sensoriales y superior a él, incluyendo el universo sideral, los planetas y las estrellas fijas), un mundo donde hay ciudades cuyo número es imposible de contar, ciudades entre las cuales nuestro Profeta mismo nombró a Jabalqa y Jabarse, no te precipites en llamarlo una mentira, pues los peregrinos del espíritu pueden contemplar ese mundo y allí encuentran todo lo que es objeto de su deseo

Estas pocas líneas nos remiten a un esquema sobre el cual están de acuerdos todos nuestros teósofos místicos, un esquema que articula tres universos, o mejor aún, tres categorías de universo. Está nuestro mundo sensorial físico, que incluye tanto nuestro mundo terrenal (gobernado por almas humanas) y el universo sideral (gobernado por las Almas de las Esferas); éste es el mundo sensible, el mundo de los fenómenos (molk). Hay el mundo suprasensorial de el Alma o Angeles-Almas, los Malakut, en el cual están las ciudades místicas que acabamos de nombrar, y que comienza “en la superficie convexa de la Novena Esfera“. Está el universo de las puras Inteligencias arcangélicas. A estos tres universos les corresponden tres órganos de conocimiento: los sentidos, la imaginación y el intelecto, una triada a la que corresponde la triada de la antropología: cuerpo, alma, espíritu -una triada que regula el triple crecimiento del hombre, extendiéndose desde este mundo a las resurrecciones en los otros mundos.

Observamos inmediatamente que ya no estamos reducidos al dilema de pensamiento y extensión, al esquema de una cosmología y una gnoseología limitada al mundo empírico y al mundo del entendimiento abstracto. Entre los dos está ubicado un mundo intermedio, al cual nuestros autores llaman “alam al-mithal”, el mundo de la Imagen, mundus imaginalis: un mundo tan ontológicamente real como el mundo de los sentidos y el mundo del intelecto, un mundo que requiere una facultad de percepción que le pertenece, una facultad que es una función cognitiva, de valor noético, tan plenamente real como las facultades de percepción sensorial o la intuición intelectual. Esta facultad es el poder imaginativo, que hay que evitar confundir con la imaginación que el hombre moderno identifica con “fantasía” y que, de acuerdo a él, produce sólo lo “imaginario”. Aquí estamos simultáneamente en el corazón de nuestra investigación y de nuestro problema terminológico.

¿Qué es este universo intermedio? Es aquél que mencionamos hace un momento como “el octavo clima”. Para todos nuestros pensadores, de hecho, el mundo de la extensión perceptible a los sentidos incluye los “siete climas” de su geografía tradicional. Pero hay aún otro clima, representado por este mundo que, empero, posee extensión y dimensiones, formas y colores, sin que sean perceptibles a los sentidos, como lo son cuando son propiedades de cuerpos físicos. No, estas dimensiones, formas y colores son el objeto propio de la percepción imaginativa o “los sentidos psico-espirituales”; y es mundo, plenamente objetivo y real, donde todo lo que existe en el mundo sensorial tiene su análogo pero no perceptible para los sentidos, es el mundo designado como “el octavo clima”. El término es suficientemente elocuente por sí mismo, ya que significa un clima “fuera” de los climas, un lugar “fuera” del lugar, fuera del “donde” (Na-koja-Abad!)

El término técnico que lo designa en Arabe: alam a mithal, puede también traducirse acaso como mundus archetypus, evitando la ambigüedad. Pues es la misma palabra que sirve en Arabe para designar las Ideas Platónicas (Interpretadas por expresiones de la angeleología Zoroastriana en Sohravardi)
Empero, cuando el término se refiere a las Ideas Platónicas, casi siempre está acompañado por esta precisa cualificación: mothol (plural de mithal) aflatuniya nuraniya, los “arquetipos Platónicos de la luz”. Cuando el término se refiere al mundo del octavo clima, designa técnicamente, por un lado, las Imágenes-Arquetipos de las cosas individuales y singulares: en este caso, se relaciona con la región “oriental” del octavo clima, la ciudad de Jabalqa, donde estas imágenes subsisten preexistentes y ordenadas antes del mundo sensorial. Pero por el otro lado, el término también se relaciona con la región “occidental”, la ciudad de Jabarsa, como el mundo o intermundo en el que se encuentran los Espíritus después de su presencia en el mundo terrestre natural y como un mundo en el cual subsisten las formas de todas las obras realizadas, las formas de nuestras ideas y nuestros deseos, de nuestros presentimientos y nuestra conducta. Es esta composición lo que constituye alam al-mithal, el mundus imaginalis.

Técnicamente, nuevamente, nuestros pensadores lo designan como el mundo de “Imágenes en suspenso” (mothol mo’allaqa)- Sohravardi y su escuela entendían por esto un modo de ser propio de las realidades de ese mundo intermediario, al que designamos como Imaginalia. La naturaleza precisa de este status ontológico resulta de la visión y las experiencias espirituales, en las cuales Sohravardi exige que confiemos plenamente, exactamente como en la astronomía confiamos en las observaciones de Hiparcos o Ptolomeo. Debiera reconocerse que las formas y configuraciones en el mundus imaginalis no subsisten del mismo modo que las realidades empíricas del mundo físico; de otro modo, cualquiera podría percibirlas. También hay que advertir que no pueden subsistir en el puro mundo inteligible, ya que tienen extensión y dimensión, una materialidad “inmaterial”, ciertamente, en relación a aquella del mundo sensorial, pero de hecho, tienen su propia “corporalidad” y espacialidad (uno podría pensar aquí en la expresión usada por Henry More, un platónico de Cambridge: “spissitudo spiritualis”, expresión que tiene su equivalente en el trabajo de Sadra Shirazi, un platónico persa). Por la misma razón, quedaría excluido que sólo podrían tener unas ideas como un substrato, como también que pudieran ser irreales, nada; de otro modo, no podríamos discernirlas, clasificarlas en jerarquías, o hacer juicios sobre ellas. La existencia de este mundo intermedio, mundus imaginalis, parece así metafísicamente necesaria; la función cognitiva de la Imaginación se ordena hacia él; es un mundo cuyo nivel ontológico está por encima del mundo de los sentidos y por debajo del mundo puramente inteligible; es más inmaterial que el primero y menos inmaterial que el último. Siempre ha habido aquí algo de gran importancia para todos nuestros teósofos místicos. De esto depende, para ellos, tanto la validez de los informes visionarios que perciben y relacionan “los acontecimientos en el Cielo” y la validez de los sueños, los rituales simbólicos, la realidad de los lugares formados por intensa meditación, la realidad de visiones inspiradas imaginativamente, cosmogonías y teogonías, y por ello, en primer lugar, la verdad del sentido espiritual percibido en los datos imaginativos de las revelaciones proféticas.

En resumen, ese mundo es el mundo de los “cuerpos sutiles”, cuya idea resulta indispensable si uno quiere describir un lazo entre el espíritu pura y el cuerpo material. Esto es lo que relaciona a la designación de su modo de ser como “en suspenso” o sea, un modo de ser tal que la Imagen o la Forma, ya que es ella misma su propia materia, es independiente de cualquier substrato en cual sería inmanente al modo de un accidente. Esto significa que no subsistiría como el color negro, por ejemplo, subsiste mediante el objeto negro en el cual es inmanente. La comparación a la que recurren usualmente nuestros autores es el modo de aparición y subsistencia de Imágenes en suspenso en un espejo. La substancia material del espejo, el metal o el mineral, no es la substancia de la imagen, una substancia cuya imagen sería un accidente. Es simplemente el “lugar de su aparición”. Esto conduce a una teoría general de sitios y formas epifánicos (mazhar, plural mazahir) tan característico de la Teosofía Oriental de Sohravardi.

La Imaginación activa es el espejo preeminente, el sitio epifánico de las Imágenes del mundo arquetípico; por ello la teoría del mundus imaginalis está vinculada con una teoría del conocimiento imaginativo y la función imaginativa -una función realmente central y mediadora, a causa de la posición media y mediadora del mundus imaginalis. Es una función que permite que cada universo se simbolice en otro (o existan en relación simbólica el uno con el otro) y esto nos conduce a captar, experimentalmente, que las mismas realidades substanciales asuman formas correspondientes relativas a cada universo (por ejemplo, Jabalqa y Jabarsa corresponden en el mundo sutil a los Elementos del mundo físico, mientras Hurqalya corresponde allí al Cielo). Es la función cognitiva de la imaginación la que permite el establecimiento de un riguroso “conocimiento analógico“, evitando el dilema del racionalismo corriente, que deja sólo una elección entre los dos términos de un dualismo banal: o “materia” o “espíritu”, un dilema que la socialización de la conciencia resuelve substituyéndola por otra elección no menos fatal: o bien “historia” o bien “mito”
Este es el tipo de dilema al que nunca han sucumbido aquellos familiarizados con el “octavo clima”, el “reino de los cuerpos sutiles”, confín del Malakut o mundo del Alma. Entendemos que cuando dicen que el mundo de Hurqalya comienza “en la superficie convexa de la Esfera suprema”, quieren decir simbólicamente que este mundo está en el límite donde hay una inversión de la relación de interioridad expresada por la preposición “en” o “dentro”, “en el interior de”. Los cuerpos espirituales o las entidades espirituales ya no están “en” un mundo, ni siquiera “en” su mundo del mismo modo que un cuerpo material está en su lugar, o está contenido en otro cuerpo. Es más bien su mundo el que está “en” ellos. Por ello la Teología atribuida a Aristóteles, la versión árabe de las últimas tres Eneadas de Poltino, que Avicena comentó y que fueron leídas y meditadas por todos nuestros pensadores, explica que cada entidad espiritual está “en la totalidad de las esferas de su Cielo”; cada una subsiste, ciertamente, independientemente de la otra, pero todas son simultáneas y cada una está está dentro de la otra. Sería completamente falso describir ese otro mundo como un cielo indiferenciado, informal. Hay multiplicidad, por supuesto, pero las relaciones del espacio espiritual se diferencian de las relaciones de espacio entendido “bajo” los Cielos estrellados, tanto como el hecho de estar “en” un cuerpo difiere del hecho de estar “en la totalidad de su Cielo”. Es por ello que puede decirse que “detrás de este mundo hay un Cielo, una Tierra, un océano, animales, plantas y hombres celestiales; pero cada ser allí es celestial; las entidades espirituales allí corresponden a los seres humanos allí, mas no hay cosa terrenal allí”

La formulación más exacta de todo esto, en la tradición teosófica de Occidente, se encuentra acaso en Swedenborg. No se puede sino sorprenderse por la convergencia o concordancia de las afirmaciones del gran visionario sueco con aquellas de Sohravardi, Ibn Arabi o Sadra Shirazi. Swedenborg explica que “todas las cosas en el cielo parecen, así como en el mundo, estar en el sitio y en el espacio, y sin embargo los ángeles no tienen noción o idea de lugar o espacio” Esto es porque “todos los cambios de espacio en el mundo espiritual son efectuados por cambios de estados interiores, lo que significa que el cambio de sitio no es nada más que el cambio de estado… Aquellos que están cerca el uno del otro, están en estados semejantes, y los que están lejos están en estados (modos de ser) diferentes; y los espacios en el cielo son simplemente las condiciones externas que corresponden a los estadios internos. Por la misma razón los cielos son distintos el uno del otro…. Cuando alguien va de un sitio a otro, llega más rápidamente cuando lo desea con ansiedad, y menos rápidamente cuando no es así, alargándose o acortándose el camino de acuerdo con el deseo… Esto lo he visto con frecuencia para mi sorpresa. Todo esto nuevamente aclara cómo las distancias, y consiguientemente los espacios están plenamente de acuerdo con los estados del interior de los ángeles; y siendo así, ninguna idea o concepto de espacio puede entrar en su mente, aunque hay espacios entre ellos igualmente como en el mundo”

Tal descripción es eminentemente apropiada para Na-koja-Abad y sus Ciudades misteriosas. En breve, se sigue que hay un sitio espiritual y un sitio corpóreo. La transferencia de uno a otro no se efectúa de acuerdo a las leyes de nuestro espacio físico homogéneo. En relación al sitio corpóreo, el sitio espiritual es un “ningún lugar (no-where) y para el que alcanza Na-koja-Abad todo ocurre inversamente a los hechos evidentes de la conciencia ordinaria, que permanece orientada hacia el interior de nuestro espacio. Pues de aquí en adelante es el “donde”, el lugar, el que reside en el alma; es la substancia corpórea la que reside en la sustancia espiritual; es el alma la que envuelve y contiene al cuerpo. Por ello no es posible decir “donde” está situado el lugar espiritual; no está situado, es más bien aquello que sitúa, es situativo. Su “ubi” es un ubique. Ciertamente, puede haber correspondencias topográficas entre el mundo sensorial y el mundus imaginalis, uno simbolizado en el otro. Pero no hay pasaje sin ruptura del uno al otro. Muchos informes nos muestran esto. Uno parte; en un momento dado, hay un corte con las coordenadas geográficas que pueden ubicarse en nuestros mapas. Pero el “viajero” no es consciente del momento preciso; no se da cuenta de ello, con inquietud o sorpresa, hasta más tarde. Si se diera cuenta de ello, podría cambiar su camino a voluntad, o podría indicárselo a los demás. Pero sólo puede describir adonde estuvo; no puede mostrar el camino a nadie.

2. LA IMAGINACIÓN ESPIRITUAL

Tocaremos ahora el punto decisivo para el cual nos ha preparado lo que precede, es decir, el órgano que permite la penetración en el mundus imaginalis, la migración al “octavo clima”. ¿Cuál es el órgano por medio del cual ocurre esa migración, la migración que es el retorno ab extra ad intra (del exterior al interior), la inversión topográfica (la intussusception)?
No son ni los sentidos ni las facultades del organismo físico, ni el puro intelecto, sino que es aquél poder intermedio cuya función aparece como la mediación preeminente: la Imaginación activa. Seamos muy claros al hablar de ésto. Es el órgano que permite la transmutación de los estados espirituales internos en estados externos, en acontecimientosvisiones que simbolizan esos estados internos. Es por medio de esta transmutación que se cumple toda progresión en el espacio espiritual o, mejor, esta transmutación es ella misma lo que espacializa ese espacio, lo que hace que el espacio, la proximidad, la distancia y la lejanía estén allí.

Un “primer postulado” es que esta Imaginación es una facultad puramente espiritual, independiente del organismo físico, y consiguientemente es capaz de subsistir después de la desaparición de este último. Sadra Shirazi, entre otros, se ha expresado repetidamente sobre este mundo con particular énfasis.
Dice que así como el alma es independiente del cuerpo físico material al recibir las cosas inteligibles en acto, de acuerdo a su poder intelectual, el alma es igualmente independiente con respecto a su poder imaginativo y sus operaciones imaginativas. En adición, cuando está separada de este mundo, puesto que continúa teniendo la Imaginación activa a su servicio, puede percibir por sí misma, por su propia esencia y por esa facultad, las cosas concretas cuya existencia, en tanto se actualiza en su conocimiento y en su imaginación, constituye eo ipso la misma forma de la existencia concreta de aquellas cosas (en otras palabras: la conciencia y su objeto son aquí ontológicamente inseparables). Todos estas potencias están reunidas y concentradas en una sola facultad, que es la Imaginación activa. Como entonces ha dejado de dispersarse en las diversas fronteras que son los cinco sentidos del cuerpo físico, y ha dejado de ser requerida por los intereses del cuerpo físico, propicio a las vicisitudes del mundo externo, la percepción imaginativa puede finalmente mostrar su superioridad esencial sobre la percepción sensorial.

“Todas las facultades del alma” escribe Sadra Shirazi, “se han vuelto como si fueran una sola facultad, que es el poder de configurar y tipificar (taswir y tamthil); su imaginación se ha vuelto ella misma como una percepción sensorial de lo suprasensorial: su visión imaginativa es ella misma como su visión sensorial. Similarmente, sus sentidos de oído, olfato, gusto y tacto – todos estos sentidos imaginativos – son ellos mismos como facultades sensoriales, pero reguladas por lo suprasensorial. Pues aunque externamente las facultades sensibles son cinco en número, cada una con su órgano localizado en el cuerpo, internamente en efecto todas ellas constituyen una única syn-aisthesis (hiss moshtarik)”
Al ser la Imaginación por tanto como el currus subtilis (en griego okhema, vehículo o – en Proclo, Jámblico, etc – cuerpo espiritual) del alma, hay una entera fisiología del “cuerpo sutil” y por ello del “cuerpo de resurrección”, que Sadra Shirazi discute en este contexto. Por ello reprocha incluso a Avicena que haya identificado estos actos de percepción imaginativa póstuma con lo que ocurre durante el sueño en esta vida, pues aquí durante el sueño, el poder imaginativo se ve obstruido por las operaciones orgánicas que ocurren en el cuerpo físico. Mucho se exige para que disfrute su máximo de perfección y actividad, libertad y pureza. De otro modo el sueño sería simplemente un despertar en otro mundo. Este no es el caso, como se alude en su apunte atribuido a veces al Profeta, y otras veces al Primer Imam de los Chi’itas: “Los Humanos sueñan. Es cuando mueren que despiertan”

Un “segundo postulado”, cuya prueba compele al reconocimiento, es que la Imaginación espiritual es un poder cognitivo, un órgano de verdadero conocimiento. La percepción imaginativa y la conciencia imaginativa tienen su propia función y valor noéticos (cognitivos) en relación al mundo que es suyo – el mundo, hemos dicho, que es el alam al-mithal, el mundus imaginalis, el mundo de las ciudades místicas tales como Hurqalya, donde el tiempo deviene reversible y donde el espacio es función del deseo, puesto que es sólo el aspecto externo de un estado interno.
La Imaginación está así firmemente “equilibradaentre otras dos funciones cognitivas: su propio mundo “simboliza con” el mundo al cual las otras dos funciones (conocimiento sensorial y conocimiento intelectual) corresponden respectivamente. Del mismo modo, hay algo como un control que impide que la Imaginación ande a la deriva y se desperdigue, y que le permite asumir su plena función: provocar por ejemplo la ocurrencia de los acontecimientos que están relacionados por los cuentos visionarios de Sohravardi y todos los del mismo tipo, porque cada acercamiento al octavo clima se hace mediante el sendero imaginativo. Se puede decir que esta es la razón para la extraordinaria gravedad de los poemas épicos místicos escritos en Persa (desde ‘Attar a Jami y a Nur ‘Ali-Shah) que constantemente amplifican los mismos arquetipos en nuevos símbolos. Para que la Imaginación divagara y se desperdigara, para que cesara de cumplir su función, que es percibir o generar símbolos que guían al sentido interno, es necesarios que desaparezca el mundus imaginalis -el dominio adecuado del Malakut, el mundo del Alma. Acaso sea necesario fechar en Occidente el comienzo de esta decadencia en el tiempo en que el Averroismo rechazó la cosmología de Avicena, con sus jerarquía angélica intermedia de las Animae o Angeli caelestes. Estos Angeli caelestes (una jerarquía por debajo de la de los Angeli intellectuales) tenían el privilegio del poder imaginativo en su estado puro. Una vez que el universo de estas Almas desapareció, la función imaginativa quedo desequilibrada y devaluada. Es fácil de entender, entonces, el consejo que más tarde daría Paracelso, previniendo contra cualquier confusión de la Imaginatio vera, como decían los alquimistas, con la fantasía, “esa piedra angular del loco

Esta es la razón por la que ya no podemos evitar el problema de la terminología. ¿Cómo es que no tenemos ni en francés, ni en inglés (ni en castellano), un término común y perfectamente satisfactorio para expresar la idea del ‘alam al-mithal’? He propuesto el “mundus imaginalis” latino para esto, porque estamos obligados a evitar cualquier confusión entre lo que aquí es el objeto de la percepción imaginante o imaginativa, y lo que comúnmente llamamos “lo imaginario”. Esto es así, porque la actitud usual consiste en oponer lo real a lo imaginario como si fuera lo irreal, lo utópico, como si se confundiera símbolo con alegoría, la exégesis del “sentido espiritual” con una interpretación alegórica. Ahora bien, toda interpretación alegórica es inofensiva; la alegoría es un revestimiento o, mejor, un disfraz, de algo que ya se conoce o se puede conocer de otro modo, mientras que la aparición de una Imagen que tiene la cualidad de un símbolo es un fenómeno primordial (Urphänomen), incondicional e irreductible, la aparición de algo que no puede manifestarse de otro modo al mundo en el que estamos.

Ni los cuentos de Sohravardi, ni los cuentos que en la tradición Chi’ita nos cuentan cómo alcanzar la “tierra del Imam Oculto” son imaginarios, irreales o alegóricos, precisamente porque el octavo clima o la “tierra de ningún lugar (no-where)” no es lo que usualmente llamamos una “utopía”. Es ciertamente un mundo que permanece más allá de la verificación empírica de nuestras ciencias. De otro modo, cualquiera podría encontrar acceso a él y pruebas para él. Es un mundo suprasensorial, en tanto no es perceptible salvo por la percepción imaginativa, y en tanto los acontecimientos que ocurren en él no pueden experimentarse salvo por la conciencia imaginante o imaginativa.
Asegurémonos de entender, de nuevo aquí, que esto no es simplemente cuestión de lo que el lenguaje de nuestro tiempo llama imaginación, sino de una “visión” que es “Imaginatio vera”. Y es a esta Imaginatio Vera que debemos atribuir un valor noético o plenamente cognitivo. Si ya no somos capaces de hablar acerca de la imaginación, excepto como “fantasía”, si no podemos utilizarla o tolerarla salvo como tal, es quizás porque hemos olvidado las normas y las reglas y el “ordenamiento axial” que son responsables de la “función cognitiva” del poder imaginativo (la función que a veces he designado como “imaginatoria”)

Pues el mundo en el cual han penetrado nuestros testigos – encontraremos dos o tres de estos testigos en la sección final de este estudio- es un mundo perfectamente “real”, más evidente incluso y más coherente, en su propia realidad, que el mundo empírico “real” percibido por los sentidos. Esos testigos fueron por tanto perfectamente conscientes de que habían estado “en otra parte”; no son esquizofrénicos. Es cuestión de un mundo que está escondido en el acto mismo de la percepción sensorial, y uno que debemos encontrar bajo la aparente certeza objetiva de ese tipo de percepción. Por ello positivamente no podemos calificarlo de “imaginario”, en el sentido ordinario en que se toma la palabra como significando irreal, inexistente. Así como la palabra latina “origo” nos ha dado el derivativo “original”, creo que la palabra “imago” puede darnos, aparte de “imaginario” y por derivación regular, el término “imaginal“. Tendremos así la palabra “imaginal” como la intermediaria entre el mundo sensorial y el mundo intelectual. Cuando nos encontremos con el término árabe jism mithali que designa el cuerpo sutil que penetra en el “octavo clima” o el “cuerpo de resurrección”, seremos capaces de traducirlo literalmente como “cuerpo imaginal”, pero ciertamente no como “cuerpo imaginario”. Quizás entonces tendremos menos dificultad en ubicar las figuras que no pertenecen ni al “mito” ni a la “historia”, y quizás tendremos una especie de pasaporte para el camino hacia el “continente perdido”

A fin de fortalecernos en este camino, tenemos que preguntarnos qué constituye nuestra “realidad”, lo “real” para nosotros, de modo que si lo abandonamos, tengamos más que lo imaginario, lo utópico. ¿Y qué es lo “real” para nuestros pensadores orientales tradicionales, de modo que pueden tener acceso al “octavo clima”, a Na-koja-Abad, abandonado el lugar sensorial sin por ello dejar lo real o, mejo aún, teniendo precisamente por ello acceso a lo real? Esto presupone una escala de ser con muchos más grados que la nuestra. Pero no nos equivoquemos. No es suficiente conceder que nuestros predecesores, en Occidente, tenían una concepción de la Imaginación que era demasiado racionalista y demasiado intelectualizada. Si no disponemos de una cosmología cuyo esquema pueda incluir la pluralidad de universos en orden ascensional, como la que pertenece a nuestros filósofos tradicionales, nuestra Imaginación permanecerá desequilibrada, y sus recurrentes conjunciones con la voluntad de poder serán una inagotable fuente de horrores. Estaremos continuamente en busca de una nueva disciplina de la Imaginación, y tendremos gran dificultad en hallarla en tanto persistamos en ver en ella sólo un cierto modo de preservar nuestra “distancia” con respecto a lo que llamamos “real”, y a fin de ejercer una influencia sobre eso real. Ahora bien, eso real se nos aparece como arbitrariamente limitado, tan pronto como lo comparamos con lo real que han contemplado nuestros teósofos tradicionales, y esa limitación degrada la realidad misma. En adición, siempre aparece la palabra “fantasía” como una excusa: fantasía literaria, por ejemplo, o preferentemente al gusto y estilo de nuestros días, fantasía social.

Pero es imposible evitar preguntarse si el mundus imaginalis, en el adecuado sentido del término, se perdería necesariamente y sólo dejaría lugar para lo imaginario, si no se requiriría algo así como una secularización de lo imaginal en lo imaginario para que triunfe lo fantástico, lo horrible, lo monstruoso, lo macabro, lo miserable y lo absurdo. Por otra parte, el arte y la imaginación de la cultura islámica en su forma tradicional se caracterizan por lo hierático y lo serio, por la gravedad, estilización y el significado. Ni nuestras utopías ni nuestras ciencia ficción, ni el siniestros “punto omega” – nada de ese tipo consigue dejarnos acceder a ese mundo o realizar Na-koja-Abad. Aquellos que han conocido el “octavo clima” no han inventado utopías, tampoco es una fantasía social o política la idea última del Chi’ismo, porque es una “expectación” la cual, como tal, es “una Presencia real” aquí y ahora de otro mundo, y un testimonio de ese otro mundo.

alchemy23

talismánarbolsephirotico

agosto 14, 2009

REALIDAD O FICCIÓN; Re-LOVEuZIÓN; Era de Acuario; Eones; Aleister Crowley; Kraken; Usain BOLT; AniMatrix;

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acuario

La astrología plantea que así como cada individuo está regido por un signo zodiacal, del mismo modo cada Era o Etapa de la Historia está dominada por una de tales casas cósmicas. Esto quiere decir que, según el peculiar aspecto del Zodíaco que esté influyendo, cada ciclo histórico tendrá un ritmo físico o espiritual diferente.

Aries: La Era de la Acción Heroica

Según el criterio antes esbozado, la época del culto al Minotauro, que se desarrolló en la isla de Creta hacia el año 600 a.C., pertenecía a la Era de Aries primer signo de fuego.

Esta casa zodiacal abre la puerta de comunicación de las fuerzas cósmicas que, una vez liberadas, fluyen con todo su poder vivificante hacia el Hombre. Es a través de Aries que el mandato divino entra en nosotros: no obstante, el ser humano que prosperó en aquella época aún no estaba consciente de esta gran potencialidad. Por ello, los hijos e hijas de la Era de Aries fueron grandes hombres y mujeres de acción, más dotados para la lanza y la hazaña que para la meditación y la plegaria.

La energía simbolizada en Aries resulta esencial en toda empresa que se inicia, porque aporta a ella su inquebrantable entusiasmo, su confianza en el resultado final, su formidable voluntad de triunfo. Aries fue la Era de la Acción Heroica, donde se construyeron algunos de los más grandes imperios guerreros de la historia, como los de Alejandro Magno (Grecia), Rómulo y Remo (Roma) y Darío (Persia).

La Era de Piscis llegó con el cristianismo

Luego, con la llegada del cristianismo, se inició la Era de Piscis, encarnada en el símbolo del Pez que tanto usaron los perseguidos discípulos de Jesús en su código privado.

Una de las principales características de este signo es su profunda emotividad y la búsqueda de sabiduría a través de las profundas aguas que sumergen al Pez. Por tal motivo, la humanidad perteneciente a la Era de Piscis buscó la manera de llegar al conocimiento través de la actividad espiritual formal (las grandes religiones monoteístas, el acentuado misticismo de la Edad Media) y la ciencia (el Renacimiento, el Siglo de las Luces, la Revolución Industrial), pero ciertamente no logró manejar adecuadamente sus emociones y, por ello, muchas circunstancias escaparon a su discernimiento.

De esta manera, la Era de Piscis, que se inició con el amoroso apostolado de Cristo, desembocó en la intolerancia de la Inquisición, continuó con el severo deterioro del medio ambiente que causaron los excesos de nuestra tecnología y finalizó con sendas guerras mundiales.

El Hombre de la Era de Piscis fue un individuo que intentó por todos los medios plasmar sus sentimientos –buenos o malos; benignos o feroces- y si bien fue capaz de los actos más altruistas también causó graves desastres. Como sentimental, vivió en un mundo donde prevalecieron las desbordadas emociones del alma sobre los equilibrios psico-espirituales, como aguas de un tsunami abatiendo a ciudades balnearias. Adquirió enormes cantidades de conocimiento… ¡pero no supo manejarlas!

La Era de Acuario: un umbral para el ser humano que sirve a sus semejantes

De acuerdo a diversos especialistas, desde el año 1954 nos encontramos en la Era de Acuario. Este signo está representado por la figura del aguador, quien, según la mitología griega, es Ganímedes, un hermoso joven raptado por Zeus para que sirviera a los dioses.

A través de esta simbología, se puede especular acerca de diversas ideas: si en la Era de Piscis el hombre se encontraba inmerso en las profundidades del conocimiento –representado por el agua– ahora, en Acuario, es capaz de asirlo en una amplia vasija, sirviéndolo mesuradamente según la ocasión.

En Acuario, el pensamiento ha penetrado en el interior del individuo, instaurando en él la ley de la mente y atenuando la ley meramente sentimental que hasta ahora había regido sus actos. Al llegar a Acuario, estamos más cerca de la armonía psíquica y espiritual… ¡pero aún falta mucho trabajo!

En la figura del aguador se puede observar otro elemento clave: los fines del ego no son los más importantes para este nuevo ser humano, porque él es un siervo que está en capacidad de dar y compartir las abundantes aguas del conocimiento.

En ninguna Era precedente, el conocimiento se ha democratizado tanto y en tan poco tiempo como en Acuario. El fenómeno de INTERNET, la mundialización de las comunicaciones y los negocios, revelan un creciente e indetenible proceso de interconexión planetaria.

En los tiempos que corren, todas las culturas se mezclan; las disciplinas científicas y humanísticas se acercan; el saber mágico y el saber tecnológico se funden en armonioso mestizaje; y las religiones y credos espirituales empiezan a ver más sus similitudes que sus diferencias.

Podríamos describir la figura del Hombre de Acuario con estas palabras del maestro Jesús: El que quiera ser grande entre ustedes, sea servidor de los demás; el que quiera ser el primero, hágase servidor de todos, igual que yo. No he venido a que me sirvan, sino para servir” (Mateo, 10:16).

De esta manera, los seres de Acuario, integradores, eclécticos, poseedores de conocimiento, son además, hombres y mujeres de servicio, capaces de asistir a sus semejantes y manejar inteligentemente sus emociones… como el agua que fluye y es capaz de adaptarse a cualquier espacio.

El ánimo de servicio y la sed de conocimiento del Hombre de Acuario no sólo se reflejan en su necesidad de interrelacionarse con el prójimo, sino en una profunda búsqueda espiritual que le acerque a Dios. Poco a poco, el ser acuariano va supeditando sus deseos a los del Yo Superior… hasta que su voluntad y la del Creador se tornen una sola.

Casi cuatro milenios le ha tomado a la Humanidad armonizar el fuego heroico de Aries, el rigor sentimental de Piscis y el espíritu profundamente cooperador de Acuario.

El Mejor enlace de Astrología que he podido encontrar.

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Los Eones

Eon : Un periodo o ciclo de tiempo de unos dos mil años de duracion, que cambia cuando en el equinoccio vernal el Sol aparece sobre el primer grado de otra constelacion. A este cambio de Eon se le llama tecnicamente el Equinoccio de los Dioses.

Los eones son Siete y estan numerados del 0 al 6 :

Los 3 primeros eones son pre-evales y sin nombre, cubrieron inmensos periodos de tiempo, sus ciclos no estaban limitados a periodos de dos mil años o el equivalente al cambio de coluro equinoccial, miticamente dominados por los ‘Dioses Antiguos’, teoricamente se considera que la consciencia humana se desarrollo a partir del segundo eon.

  1. Eon 0 : Vacio, Oscuridad, Naditud, el Gran Abismo, Sueño Primordial, su simbolo es el bindu o punto (Tao).

  2. Eon 1 : Caos, fase de evolucion pretotemica, dioses ‘los profundos’, recuerdos de estos Dioses ancestrales se filtraran en posteriores mitologias (Dagon, Neptuno, Poseidon, Nodens), su simbolo el falo (Yang).

  3. Eon 2 : la Tierra o Caos estable, Amenta, el submundo, los ‘dioses Cthonicos’ Cultos Estelares, Lunares y Catonicos, su simbolo el Circulo o Vagina (Ying).

  4. Eon 3 : el Eon de Isis, Matriarcal, Paganismo, Diosas Madres, Agua, cultos luni-solares, Partenogenesis.

  5. Eon 4 : Eon de Osiris, Patriarcal, Dioses Padres y Monoteismo, la Cruz y el Cuadrado, cultos solares, Autosacrificio, la Divinidad es un concepto exterior (dual) al Hombre.

  6. Eon 5 : Eon de Horus, el Hijo, no hay mas Dios que el Hombre (identidad con la Divinidad), el Pentagrama simbolo del Hombre (Cuatro elementos mas el Espiritu), Thelemico, Cultos Atomicos, Analisis y Desintegracion.

  7. Eon 6 : Eon de Maat, la Hija, el Hexagrama, Sintesis y Reintegracion.

Se considera esta fase de evolucion que nos toca vivir como dual o poseyendo una ‘doble corriente’ ya que se manifiestan conjuntamente el Eon de Horus (5) y el de Maat (6). Curiosamente la suma de los eones nos vuelve a dar el numero 11.

Segun la sucesion de los eones desde un punto de vista astrologico, el Eon de Osiris seria la Era de Piscis (simbolo importante en el Cristianismo), al Eon de Horus se le atribuye el simbolo de Acuario, el Onceavo (de nuevo) signo del Zodiaco y su simbolo es el Hombre.

La Magia(k) del Eon de Horus consiste en la realizacion de la identidad de Kether o Nuit y Malkuth o Hadit, los numeros de estos Sephiroth son de nuevo el 1 y el 10 respectivamente, es decir 11, su union en la conciencia del mago produce a Tiphereth, el Hijo Solar u Horus el Señor del Eon.

….se debe destacar que el paso de un Eon a otro implica cambios a muchos niveles tanto individuales como colectivos, tambien en cuanto a las formulas de desarrollo o evolucion a nivel mistico-magico.

a Sangre y la agonia caracterizaron las formulas del Eon de Osiris cuando se consideraba que la Divinidad era un factor externo separado del Hombre y esta Divinidad era adorada por medio del autosacrificio o del derramamiento de Sangre (como lo tipificaron Osiris, Witoba o Cristo). El sufrimiento y la agonia eran una prueba o una demostracion del culto a la divinidad, como puede comprobarse todavia hoy en dia en la mayoria de estas religiones, en las que todavia perduran los autoflageladores y los estigmas sangrientos de misticos, santos o gente comun. A un nivel mas individual todavia tenemos arraigado profundamente en nuestro subconsciente este ‘concepto’ de sufrimiento para la redencion, para obtener la ‘salvacion’, de que hay que ser un ‘sufridor’ en la vida para poder merecer la ‘vida eterna’.

En el Eon de Horus la dualidad Hombre-Dios ya no existe, Dios queda abolido por medio de su Union con el Hombre, el Hombre se identifica con Dios, de aqui viene la afirmacion de Crowley de que “no hay mas Dios que el Hombre”, otra de las sentencias comunmente malinterpretadas.

Segun Kenneth Grant :

“La formula del Nuevo Eon comprende el uso magico del Semen y del Extasis (Sexualidad) culminando en la apoteosis de la Materia. El Hombre no marchitara por mas tiempo su cuerpo para experimentar la Vida Eterna, el realizara que nunca fue el cuerpo y realizando esto, realizara tambien que el nunca nacio y por tanto que nunca puede morir, que el cuerpo es un simple juego del Espiritu que sufre transformaciones incesantes, que el Espiritu perdura para siempre triunfante, sin cambios. Sujeto y Objeto realizaran que son Uno. La Muerte como es entendida o mas bien incomprendida sera experimentalmente transcendida y abolida.”

La Doctrina de la Voluntad Verdadera encarnada en las Once palabras ‘Do What thou Wilt, shall be the Whole of the Law’ o ‘Hacer tu Voluntad, sera Toda la Ley’ no incita al libertinaje ni al hedonismo como comunmente se malinterpreta, sino que comporta la mas severas de las disciplinas, la auto-disciplina.

*

Extracto de: introduccion a la Qabalah magica de Aleister Crowley el culto de thelema o la corriente 93”

Ultimo articulo de Rabbi ‘Yelder’ & Leng que asi quisieron honrar a las Gunas.

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Y RECORDAD:

Es bien saVido que las muestras de liVertad no son bien acogidas y son Vistas con recelo por quien aún mantiene entre sus dientes la llaVe de sus cadenas, asi que, si es necesario, jugad con magiak y lanzad un hechizo de invisiVilidad, pasad inadVertidos, no os preocupeis, nos reconoceremos por lo que somos, es así de fácil, seguid las instrucciones del Video y TODO SALDRÁ BIEN.

Y Cuidao con los CONCEPTOS: XD

Y en el culmen de toda obra se presenta El Principito…

REALIDAD O FICCIÓN

AMBAS

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Usain Bolt (n. 21 de agosto de 1986 en Trelawny Parish, Jamaica), apodado “Lightning Bolt

Según los más antiguos textos de los que disponemos, la alquimia se conceptúa como un arte, y en la terminología griega todo lo artístico tiene carácter “divino”, tal como nos lo presenta Olimpiodoro entre otros, al calificar de “divino y sagrado” el arte de la “lapis” o piedra de los filósofos, es decir, de hierático, en un intento por parte de los griegos para adoptar la cultura egipcia.

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Algo sobre; Aleister Crowley

Esta vez la Rosa es Pluma, o incluso un Lápiz, espada que blande con efectos mágicKos, y digo esto como que los Elefantes Vuelan. Que poder tienen las palabras, que poder tiene nuestra forja.

Y quien tenga OjOs para Ver, que Vea, quien tenga oidos para oir, que oiga… xD

Allá Vamos

“Cada vez que los seres humanos se han puesto de acuerdo han logrado cosas asomVrosas.

Le han cortado la cabeza a Luis XVI.”

Robert Anton Wilson

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agosto 13, 2009

AlejandrO JOd’OROwsky; Apocalypsis, Milenarismo;

Posted in Alejandro Jodorowsky, Alquimia, Belleza, Sánchez Dragó a 12:57 pm por Autor

http://planocreativo.wordpress.com/

Hay muchos y variados motivos por los que la sexualidad y la creatividad se bloquean. Todo ello provoca neuroticismo, síntomas físicos, enfermedades e infelicidad. ¿Podemos lanzar una lluvia de ideas para lograr que este ego alcance su finalidad, es decir la satisfacción?

De los artículos anteriores extraemos lo siguiente:

-Reconoceremos que todos tenemos dentro una parte femenina y otra masculina. Respetaremos en nuestro mundo interior y en el mundo exterior, la existencia de diferentes formas de sexualidad, aceptando, tanto para nosotros, como para los demás que la mayor felicidad es ser lo que uno es.

-En nuestras relaciones, entenderemos que los sexos son complementarios y no incompatibles.

-Tenderemos a la colaboración entre hombre y mujer. Nos alejaremos de la competencia, la invasión, la dominación o la posesión,

-Bendeciremos el semen, el fluido vaginal, la menstruación, el pene, el clítoris, los labios, los testículos, la vagina, el aparato reproductor al completo, la piel que lo rodea y todo nuestro cuerpo, como un gran organismo destinado al placer.

-Sabremos detectar que ego (intelectual, emocional o material) está invadiendo el libidinal, para saber como liberarlo.

-Así mismo, sabremos cuando es el ego libidinal el invasor, bloqueando el desarrollo sano de los otras dimensiones de nuestra personalidad

-Nos daremos permiso para explorar y gozar de la sexualidad, sin los límites morales que impone el árbol genealógico.

-No temeremos sobrepasar a nuestros padres en la sexualidad, si ellos no estaban satisfechos, nosotros sí podemos estarlo.

-Como artistas, no buscaremos la perfección, sino ser sublimes. No pensaremos en el fruto, sino en la obra, sin olvidar que el arte si no sana, no es arte.

-Obviaremos de la edad del calendario y buscaremos un placer libre de todo condicionamiento cultural.

-Cuando el ego libidinal mande señales de insatisfacción, nos pondremos en marcha para analizar las causas y actuar para solucionarlo y no caeremos en la crítica en la queja ni en la depresión.

-Cuando el ego libidinal mande señales de satisfacción, lo compartiremos con los demás. Crearemos una onda de creatividad sanadora que beneficie a todo lo que nos rodee.

Como dice Alejandro Jodorowsky, “nada para mí que no sea para los otros”

-Tengo miedo a salir de mi casa-pecera, ¿podré respirar fuera?

-Tus pulmones están hechos para respirar en libertad.

-¿Y si el mundo no es tal como lo veo a través del cristal?

-Tal como lo ves encerrado en “tu mundo”, no es el mundo real.

-¿Y si no sé caminar sin este agua que me envuelve?

Dentro de la pecera tus piernas no te llevan a ningún sitio donde no hayas estado antes.

El hombrecillo alcanzó con gran esfuerzo la escalera y lleno de temor salió de la tulipa de cristal. Tanto cambió su vida, que se hizo constructor de escaleras para peceras.

El nudo incestuoso te encierra en una pecera psicológica y cuanto más grande es el nudo, más grueso es su cristal.

Jodorowsky-Alejandro-La-Danza-de-La-Realidad

Jodorowsky-Alejandro-Psicomagia

Cómic, Los Tecnopadres. Alejandro Jodoroswky

Apocalypsis, Milenarismo;

agosto 11, 2009

Kábala y Astrologia;

Posted in Alquimia, Kábala a 4:14 pm por Autor

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Aunque la Biblia suele ser peyorativa cuando no exageradamente crítica con la Astrología tal y como podemos leer en Daniel 1:20, optando por los intérpretes de sueños o los profetas como el personaje del libro homónimo, en cuyo texto figuran casi todas las menciones que las Escrituras hacen de los astrólogos, los cuales llevan el extraño nombre de jartom, jartumim, vocablo que, a su vez, procede de la raíz proa, junta, pico,(señalando, con ello, la connotación de cronistas y escribas que tenían los profesionales del cielo),lo cierto es que a partir de los siglos III o IV y en la Alejandría gnóstica los kabalistas hebreos que compilen o editen el Séfer Yetzirá o Libro de la formación, tal y como veremos, no pueden dejar de considerarla una vía de acceso al conocimiento simbólico o, cuanto menos, una de las grandes esferas de correspondencia entre el macro y el microcosmos. No hacerlo, en esa época, hubiese sido insistir en un provincianismo que los judíos, insertos en la ciudad-eje de la cultura helenística, no querían de ninguna manera asumir. Y, sin embargo, a pesar de ello, la postura de Daniel se mantendrá a lo largo de los siglos, pese a un Ibn Ezra o un Najmánides, al margen de las sugestivas menciones del reputado Maimónides a propósito de la salud y la Rueda de los Signos.

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Ciertamente la Astrología tiene ese doble impacto sobre nuestro intelecto, y mucho más en los últimos siglos, desde el Renacimiento para acá, en los que el conocimiento empírico y el racionalismo han despejado el camino a los números exactos depositando el mapa emblemático y su entramado de relaciones y analogías-en medio del cual había vivido el hombre medieval-,en el trastero arqueológico de lo meramente imaginario. Si no hubiese sido porque un genio de la grandeza de Jung, en la década del treinta, y bajo la tutela nada sospechosa del físico Pauli, al demostrar su interés en la Astrología afianzó así su teoría de los arquetipos, probablemente ningún psicólogo serio le prestaría la atención que merece en tanto huella cosmobiológica de nuestras pautas culturales. Dicho esto, parece obvio que la Astrología resulta más interesante como modelo de conocimiento que como metro patrón, pues si por algún lado hace aguas es en su credibilidad matemático-predictiva. Hitler y Churchill tuvieron, durante la última gran guerra, sus astrólogos, y ninguno de ellos acertó más allá de la configuración de una burda imagen de lo que podía e iba a suceder, a pesar de lo cual sí es posible entender la mentalidad de uno y de otro a la luz de las tipologías astrológicas. Poco más.


La primera semejanza que podríamos hallar entre la Kábala y la Astrología nace del hecho de constatar que los treinta y dos senderos que fluyen y confluyen a lo largo y ancho del Arbol de la Vida, los cuatro mundos(de hecho los cuatro elementos clásicos)y los tres ejes verticales, constituyen un equivalente, en lo que al tablero de juego místico se refiere, de los doce signos, sus correspondencias ígneas o aéreas, las casas, las oposiciones y conjunciones. Incluso hay quien ve correspondencias entre los sefirots un esferas virtuales de poder y los planetas, pero como las escuelas y los kabalistas no se ponen de acuerdo acerca de cuál es el lugar exacto de Marte o de Júpiter en el esquema sefirótico, es mejor no surcar esos mares de dudosa turbulencia. Daremos, no obstante, el cuadro que menciona el Yetzirá en la versión del maestro Kaplan. En cuanto a la diferencia más notable, radica, a mi juicio, en que mientras la Kábala es y se esfuerza por ser transpersonal, la Astrología fascina precisamente por sus referencias a lo personal. Eso hace, desde luego, que también astrólogos y kabalistas difieran, y que, en la citada línea tradicional de Daniel, prefieren verse a sí mismos como intérpretes antes que como alzadores de cartas, o bien lectores de sueños y prodigios antes que como calculadores de eclipses y de tránsitos. La Kábala va hacia la anonimia y, en definitiva, hacia la libertad, incluso cuando se explica un suceso tras recurrir a un texto. Lo prefigura su tendencia, semítica después de todo, anicónica y cierto rechazo visceral al determinismo. La Astrología, por el contrario, no puede no ser mínimamente determinista e intentar, mediante su conocimiento, coordinar o intentar ajustar el destino del sujeto al diorama cósmico y estelar de un determinado momento de su vida.


En aquello que está ´´grabado´´ o jarut, en las Tablas de la Ley y según el Exodo 32:16, los maestros querrán leer jerut, la ´´libertad´´, pues ´´libre es-dice la Mischná-el hombre si trabaja para la Ley´´. Podríamos argumentar que también los estudiantes de Astrología buscan la libertad a través del conocimiento, pero la verdad es que, grosso modo, los personajes que uno encuentra por aquí y allí, en el mercadillo de la predicción, son lo menos libres y desprejuiciados que podamos suponer: viven del cuento y de cierto criptosimbolismo adecentado para amas de casa desocupadas y desaprensivos de escasa voluntad. En pocas palabras, la Astrología parece prestarse más fácilmente al engaño y a la falsificación precisamente por su tendencia a buscar soluciones íntimas y privadas al revés que la Kábala, que sumerge al estudiante en un océano o en un mar(la Torá)sin más requisitos que la atención y la devoción, y no le ofrece nada de valor hasta que su ego no esté lo bastante reblandecido como para poder iluminarlo a través. Incluso en la voz de un gran maestro como Jesús resuena el mismo inconformismo danielino, cuando nos dice que ´´ el shabat ha sido creado para el hombre y no el hombre para el shabat´´. Siendo el día sábado el consagrado a Saturno, Saturno-Cronos, Señor del Tiempo, al enfatizar el Nazareno un independencia de criterio no ritual, y por lo tanto la sustancia indeterminada de la realidad, alude indirectamente a que nada hay prefigurado para siempre, a que todo es, de hecho, una proyección del alma del creyente sobre el damero de sus actos. La Kábala, y no hay razón para dudar de que Jesús estuviera iniciado en sus misterios, se mueve siempre en pos de una libertad interpretativa e intertextual, incluso a riesgo de no coincidir con la verdad cósmica, incluso transgrediendo lo clásico. Dudo mucho que la Astrología aspire a transgredir nada. Antes bien desea ajustarse a las leyes del espacio exterior, a sus simetrías y resonancias, en lo cual hay mucho de loable y de noble, pero también de peligrosamente abstracto. La Astrología o itztagninut tiene la misma raíz que utztab, aquello que está hecho de cajones, anaqueles, estrados, repisas, es decir lo que es jerárquico por naturaleza propia y aquello que se ajusta a un marco. Por el contrario, me parece que lo que la Kábala ansía es salirse del cuadro, ver los márgenes aún no determinados de la realidad. Desde luego que no será así ni del todo a partir de la composición del Yetzirá, pero desde luego sí para el Bahir y el Zohar, textos posteriores.


Cuando, paso a paso, consideramos el concepto de signo astrológico o mazal , y calculamos su valor numérico, que totaliza 77, es decir 14, cuyo equivalente verbal es la palabra mano, descubrimos-dado que mazal significa también fortuna, fortuna a secas-que cada uno de nosotros tiene su suerte en las manos, y que la hace buena o mala según sepa aprovechar sus circunstancias vitales. A su vez, la cifra 77 puede leerse directamente como oz, vocablo que tiene ese valor y significa poder, escudo, protección; de donde, conocer el signo de cada quien, vislumbrar sus características y sus límites, puede concedernos la facultad de protegernos de sus propias debilidades a la par que potenciar sus secretas virtudes. Puesto que también puedo convertir ese 77 en la expresión halel bi, el salmo en mi, la loa, la alabanza en mi, parece obvio que mi suerte contiene, en cada instante de mi vida, la ocasión de una música, la configuración secreta de una melodía, poco importa si triste o alegre, ya que siempre habrá un hel o aura de revelaciones sobre mi corazón, libi. Tal es mi poder y fortuna más allá de todo determinismo astral, pues, como escribió San Juan de la Cruz en su prisión de Toledo, ´´sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía´´.


También el Corán(Sura XLI-37)nos indica:´´No os prosternéis ante el sol o la luz. Inclináos ante Alláh, que los creó´´, señalando que lo invisible consciente es más poderoso que lo visible inconsciente, entendiendo esto último como la naturaleza discernible por nuestros sentidos exteriores. Lo cual no impidió, en el seno del Islam, la existencia de astrólogos y maestros de predicción hasta el día de la fecha. Se trata, obviamente, en la citada frase , de un llamado a la libertad individual y mística por encima de la configuración astral de cada momento histórico. Una exhortación a la responsabilidad del sujeto frente al mundo objetivo de los astros que, si bien lo influyen, modelan y cuajan, no lo coercionan del todo ni lo limitan en la acción. Mahoma limpió la Ka’aba de la Meca de lo que, sospechaba, eran ídolos a las estrellas y los duendes, pero la misma piedra metéorica inscrita en ese monumento, con el correr de los siglos, acabó por convertirse en el cubo de la rueda terrestre cuyo par celeste tiene por cubo a la Estrella Polar. Así es como no podemos, nunca, nunca, alejarnos demasiado de las leyes estructurales del cielo. Por otra parte, mientras más de la mitad de la nomenclatura de nuestras estrellas lleva nombre árabe, los sufíes o místicos del Islam cantan a la libertad absoluta del universo humano en el núcleo de su propio corazón. Del juego entre lo libre y lo determinado depende nuestra salud, tal y como lo han visto siempre los filósofos taoístas. Cuando los kabalistas se dedican a estudiar, según el Yetzirá, la rueda zodiacal o galgal ha-mazalot, no pueden separarla de las doce tribus, las fuerzas complementarias u opuestas del universo, y la idea de que todo, cada partícula de lo real perceptible, es una chispa solar del fuego divino.


Veamos ahora detenidamente el diagrama que El libro de la formación establece a la manera astrológica para ver hasta qué punto es un esquema de trabajo espiritual que puede sernos útil. En el centro, pues, el Tetragrama o Nombre Supremo de Dios asimilado al Sol o shemesh. Partiendo de ese centro que es, por otra parte, el de nuestro sistema planetario, vemos en el círculo más íntimo los signos del zodíaco: de Aries a Piscis; inmediatamente después, los meses del año, que en el calendario hebreo son lunares, a pesar de lo cual se cuentan por doce. Después tenemos las tribus y sus nombres; luego las virtudes o polaridades-amor/odio, amistad/enemistad,etc-, y, por último, en el círculo más externo, todas las posibles permutaciones del Nombre Inefable, lo que nos señala que el Creador está tanto fuera como dentro de nosotros mismos; en el centro y en la periferia. De este modo, siguiendo la cosmogénesis, el Sol engendra o da realidad primero al zodíaco, luego a los meses que se corresponden con sus signos, más tarde a la tribu que cada signo tutela; después a una tendencia o un emergente caracterológico y, por fin, deposita, candente ceniza de maravillas, una pequeña huella de Si-Mismo en nuestro camino, es decir en la parte de la rueda que toca, como los pies, el suelo que pisamos. Para que, ante ella, frente al hallazgo y el milagro de sabernos inscritos en un universo prodigioso, comencemos a buscar la correspondencia de la parte con el todo. Entonces¿qué deberé conocer primero si aspiro llegar al centro de mi mismo, que no es otro que el Creador creándome, el Dador de Vida dándome su resplandor viviente en cada célula y átomo, en cada partícula y latido? Obviamente el mundo emocional. Las relaciones que tengo con los demás y conmigo mismo; tal es el espacio psicológico por antonomasia o lo que podríamos llamar el primer nivel de determinación kármica: los padres, los amigos y enemigos; la pareja, los hijos, los ancestros, y las vocaciones. Después, en el segundo nivel de determinación kármica o el tercer círculo de fuera hacia adentro, tal y como diría Jung, deberé conocer mi inconsciente colectivo cultural, es decir la matriz tribal de la que procedo: los cristianos de los Evangelios, los Judíos de la Torá; los budistas del Tripitaka; los musulmanes del Corán, pues en términos espirituales ´´nuestra tribu´´no es otra cosa que la familia simbólica de la que descendemos, su tesoro verbal y anímico, por cuya ventana veré mejor el mundo de los valores cósmicos que si me esfuerzo por mirar desde una perspectiva ajena. Tras esa asimilación vendrán el mes que considero propicio y luego, por fin, muy cerca de Dios pero también del Sol, los signos del zodíaco.


De este modo tan sugerente el Yetzirá considera que para acercanos a lo divino es preciso antes hallar un vestigio de él en nuestro camino. Como decían en su época los alquimistas: ´´Para hacer oro hay que tener un gramo de oro´´. Y, tal como puede verse, el dibujo y texto de la Kábala pone muy alto el listón de la Astrología, aunque lo hace de manera transpersonal, ya que en el círculo que más cerca está de la solar luz central, los nombres propios parecen evaporarse ante lo que indican Tauro o Virgo, Acuario o Géminis. La Astrología es, en verdad, un espejo asombroso para quienes se saben mirar en él, pero también puede ser el pienso de peor calidad para quienes renuncien a investigar y reflexionar por si mismos más allá de la tabla de las efemérides, la fantástica zoología china de Año del Mono o del Caballo, la Balanza de Libra o la Flecha de Sagitario. Decididamente la Kábala no nos permite esa superficialidad, no porque sea mejor o más profunda. Sencillamente no se presta, en su manantial más hondo, al mismo comercio y vulgarización. Dicen los sabios hebreos:´´¿Con qué pueden compararse las palabras de la Ley? Las palabras de la Ley pueden compararse al fuego. Como el fuego, vienen del cielo, y como el fuego son perdurables. Si un hombre se acerca mucho a ellas se quema, y si se aleja se hiela. Si son instrumento para su trabajo, salvan al hombre. Si se sirve de ellas para arruinar a otros, lo destruyen y pierden. El fuego deja la marca en todos los que lo usan. Eso mismo hace la Ley. Cada ser humano dedicado al estudio de la Enseñanza lleva impreso el sello de fuego en sus hechos y en sus palabras.´´ Resulta casi innecesario agregar que quien se dedica a la Astrología para servir a los demás y ayudarse a sí mismo se halla en idéntico contexto, mientras que aquellos que, desprestigiándose la desprestigian y afean, acaban, ya se sabe, encerrados en el hielo de su sideral distancia, aislados en su vanidad de vanidades y cazados por su propia red.

agosto 10, 2009

Seres de BaRRo y MieDo; BoB DYLaN; CoNSTaNTiNe; aLQuiMia;

Posted in Alan Moore, Alquimia, Belleza, Palabras ardientes a 2:55 pm por Autor

Crecen allí, oh! triste suerte,

es su hogar el frío cementento inerte,

en el se pierden, en el se sienten,

tambien son gente!

despojados sin esperanzas,

huelen a olvido,

mezcla de piel y de dolor

son…

ángeles mutilados…

hombres ignorados,

seres de barro y miedo,

los que nunca han sido… sociedad,

hablan como espejo!

Han cortado sus alas,

violencia y tormento,

el sistema asi habla,

su don es ser ciego,neociego

ángeles mutilados,

flores de invierno,

de un sembrado que ha creado mi nación.

Que indiferente,

todo lo pierde,

y poco a poco, igual su gente,

yo… soy la gente!

ser mutilados son los hombres que huelen a olvido,

con el derecho negado,

siempre han sido y seran…

… sociedad.

keanu-reeves-constantine_l

Uish!! que simbolico más majo lleva el mozo… De que me suena?? xD

YA LO SAA… YA LO SAAV.V.V.V.V. 5 LoVeiToS tiene la LoVah! Bob Dy-LaN, WAS V. !!! oooh xxiitt!! xD

bob-dylan copia

agosto 9, 2009

El FUEGO Secreto; EL LoCo; EL CLuV de la LUCHA; JaVóN; CAOS; DARK KNIGHT;

Posted in Alquimia a 1:24 pm por Autor

Vamos, pues, a tratar de determinar la materia fundamental que constituye el
Fuego Secreto:
Es nuestro CAOS (y aquí habrá que prestar atención a la fonética del nombre, que
encierra en sí mismo la llave de su conocimiento…), llamado por muchos filósofos
“Agente Primordial”, el “Gran Alkaest”, los “dientes del lobo” (debido a su
forma de agujas, cuando cristaliza), el “Agente Secreto”, el “Veneno”, la
Serpiente”. Es también el “León Verde” (no porque su color sea verde, sino
porque ha sido comparado a un fruto acerbo y verde por oposición a un fruto
maduro y rojo) y además por que tiene su origen en el roble verde. Su nombre
vulgar y la familia a la que pertenece tienen el mismo significado, sólo que el
primero procede del alemán y el segundo del árabe, pero ambos se refieren a la
ceniza.
Su densidad es de 2,04, sus cristales son blancos, con un reflejo vidrioso, frágiles,
fusibles a 360º, volátiles al rojo y solubles en agua con desprendimiento de calor.
Con estos datos, no tendréis problemas para determinar la naturaleza de esta
materia.

HIDROXIDO DE POTASIO

Otros Nombres: Hidrato de potasio, potasa cáustica, lejía de potasa.

Fórmula: KOH

Peso molecular: 56,1

Código armonizado: 2815.20.0000.

Densidad: 2,04

Punto de fusión: 360¼C; 380¼C, la forma anhidra

Propiedades: Terrones, barras o nódulos blancos o ligeramente amarillentos, que absorben la húmedad y el dióxido de carbono cuando se exponen al aire.

Peligros: Es sumamente corrosivo para los ojos, la piel y las membranas mucosas; destruye los tejidos rapidamente; es tóxico si se ingiere.

Usos comúnes: Fabricación de jabón líquido, quitapinturas y quitabarnices; en galvanoplastia y fotograbado; alcalificante (en farmacia); para tintas de imprenta; absorbente del CO2; mordiente de la madera.


Obtención: Por electrólisis del cloruro potásico.

Fight Club jabon

El_Club_De_La_Lucha

Esta es mi carta de presentación;

loco

Y fueron, son, y serán muchos y muchas, por siempre jamás… xDD

Tú eres la otra parte de Mi…

Yo no soy un mounstro, solo sé quien soy…

ROMPER LAS REGLAS DEL JUEGO

…nuestro CAOS, representado aquí como León Verde, será capaz de extraer la sangre del León Rojo, simbolizado por el Sol. Existen otros dibujos en los que se muestra la lucha de ambos leones, verde y rojo o, también, como en León Verde devora al Dragón Rojo. En otros, se simboliza la lucha entre dos dragones o serpientes.

NeoSmithdescargar-pelicula-matrix-reloadedLa bella y la bestiaLa Fuerza

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agosto 8, 2009

ReSPiRaCióN HoLoNéRiCa

Posted in Alquimia, MAGICK, Psicologia a 8:23 pm por Autor

Son diversas las tradiciones milenarias que han descubierto que el aire que re-spiramos es un alimento más importante que los alimentos sólidos o líquidos. Una persona puede permanecer viva durante días sin beber y semanas sin comer, pero no puede estar más que unos pocos minutos sin respirar. De ahí que los cambios en el ritmo, intensidad, frecuencia y orden de las cuatro fases de la respiración pueden producir modificaciones en el estado general de las personas con mayor rapidez que los cambios que pueden producir la ingesta de substancias. Por medio de un cierto control de la respiración, las personas podemos modificar nuestro estado de ánimo, el estado de la consciencia, los procesos fisiológicos, el tono energético del cuerpo, etcétera.

La Respiración Holorénica es una técnica de respiración rápida que produce estados modificados de consciencia de carácter catártico y extático. Tales estados especiales de la mente y del cuerpo favorecen la capacidad para revisar la propia vida a niveles profundos y, además de la descarga de presiones emociones implícita en toda catarsis, ayuda a tomar consciencia de los propios límites existenciales y a atravesarlos.

Se sitúa dentro de las técnicas de respiración rápida como el milenario Kapalabhati yóguico, ciertas técnicas sufis de próximo Oriente, o técnicas modernas como la respiración holotrópica. La diferencia de la respiración holorénica respecto de otras técnicas reside en la mayor velocidad de las fases de respiración, en la preparación previa hacia un objetivo específico y en la orientación de los estados de consciencia para activar los arquetipos inconscientes.

Se han realizado diversos estudios universitarios sobre el efecto terapéutico permanente de la respiración holorénica en las personas que han pasado por alguno de los talleres en que se practica.

“Holorénica” es un neologismo acuñado por el Dr. Josep Mª Fericgla que apareció por primera vez en un escrito del año 1989 (FERICGLA, 1989, El sistema dinámico de la cultura y los diversos estados de la mente humana, ed. Anthropos, Barcelona) para referirse a un estado específico de consciencia humana ampliada.

La etimología proviene del conocido término griego holós (“globalidad”, “totalidad”) y del verbo griego arcaico renicós (“buscar algo” pero en el sentido específico de buscar justamente en un lugar donde se sabe que está aquello que se está buscando). La acepción etimológica, pues, indica una acción, la de buscar la totalidad (de la consciencia) en la dirección en que se sabe o intuye que se encuentra.

La Respiración Holorénica es una forma de respirar inspirada en varias fuentes previas: las milenarias técnicas de respiración yóguica conocidas por Kapalabhati, la respiración holotrópica creada por el Dr. Stan Grof, las respiraciones chamánicas de algunos grupos altaicos como técnica para buscar la catarsis y las forma de respirar que descubren los púberes y adolescentes de forma espontánea en cada generación para perder la consciencia. Además de las fuentes citadas hay aportaciones propias y específicas, por lo que se ha nominado con esta denominación propia: Respiración Holorénica.

Técnicamente consiste en respirar rápido en extremo, siguiendo secuencias crecientes de 13 a 16 minutos y con un ritmo de respiración también creciente de 140 a 160 tiempos/minuto. Cada etapa de respiración rápida es seguida por un intermedio de descanso de 3 a 5 minutos. Por este procedimiento, más la posible ayuda de manipulaciones corporales especiales, se consigue que los respirantes imploten y luego exploten en una profunda catarsis de liberación emocional seguida de una etapa de apnea que puede durar entre una y dos horas. Durante esta segunda etapa de la sesión, la música especial que guía la Respiracion Holorénica conduce por un recorrido biográfico que permite a los participantes en las sesiones revisar su vida y, muy a menudo, descubrir los episodios de su vida en los que están atrapados tanto desde el punto de vista emocional como de relaciones sociales.

Para una información técnica más extensa se puede consultar el artículo del Dr. Josep Mª Fericgla “Las respiraciones catárticas, entre la biología y la cultura” también disponible en esta misma web.

La técnica de respiración empleada en los Talleres Vivenciales de Integración de la Propia Muerte, la respiración holorénica (también denominada holotrópica), es una técnica de respiración rápida que induce una hiperventilación y una hipoxia final no dañina, que posibilita a la persona entrar en contacto con el material que hay depositado en su inconsciente profundo, tanto personal como arquetípico. No se trata tan sólo de recordar o ver cosas, aunque ello se suele dar, sino que la experiencia es un auténtico retornar a las fuentes de nuestra vida actual, a veces al origen de algún trauma de nuestro pasado que nos condiciona el presente, reviviéndolo y permitiendo así comprenderlo e integrarlo. También ayuda a entrar en contacto inmediato con las fuentes espirituales o energéticas que aportan al individuo una mayor armonía en su existencia cotidiana, entendiéndolo todo ello como un proceso simbólico dotado de significado.

Se trata de una delicada técnica cuyo origen étnico se halla en los trances chamánicos de diversos pueblos, especialmente entre los innuit. En la actualidad occidental, se podría considerar la respiración holorénica como la principal herramienta de la psicología transpersonal, ya que permite al individuo un reencuentro real con su pasado por medio de abrirse a la experiencia espiritual primaria, común a toda la humanidad. En este sentido, la usamos en los TM en tanto que técnica eficaz que permite el encuentro frontal con los miedos que nos mantienen atados al pequeño ego cotidiano.

El acceso al mundo del imaginario profundo a través de la respiración holorénica puede llevarse a cabo en un marco individual, caso en que el terapeuta acompaña a la persona dándole soporte en todo momento; o bien puede realizarse dentro de una estructura de grupo, como en los TM, donde cada persona que se sumerge en la experiencia catártica tendrá un compañero/a que le atenderá de forma permanente en todo aquello que sea de menester, y le ayudará en el su proceso de autodescubrimiento interior y en el momento de enfrentarse a sí mismo por medio de la experiencia disolutoria y catártica.

http://www.etnopsico.org/

agosto 7, 2009

Alquimia en cuatro

Posted in Alquimia a 9:53 pm por Autor

Después de la MaGiaK del señor Moore, algo para picotear con respecto al ARTE de la ALQuiMia, esa CienCia OCulTa, si si, OCULTA A OJOS DE TODOS >:D.

Las-Moradas-Filosofales-Fulcanelli

EL-FUEGO-SECRETO

Jung-C-G-Psicologia-y-alquimia

CURSO-DE-ALQUIMIA-1-VIA-HUMEDA-CLASICA

CURSO-DE-ALQUIMIA-2-VIA-HUMEDA-CLASICA-Unidad-Didactica-2

CURSO-DE-ALQUIMIA-Unidad-3-Via-Humeda-Clasica

La-Medula-de-la-Alquimia-Ireneo-Filaleteo

http://www.alchemywebsite.com/

ALQUIMISTA RE-EVOLUCIONARIO POR EXCELENCIA

DEJA QUE EL VERSO ACTUE, PENETRE Y TE TATUE…

HACER DEL VERSO ESPADA…

MI PADRE EL SOL MI MADRE LA LUNA,

MI HERMANO ES EL VIENTO

Y EL PLANETA TIERRA MI CUNA

Hermes TRImegistro

Preceptos de Hermes Trismegisto:

I. Lo que digo no es ficticio, sino digno de crédito y cierto.

II. Lo que está más abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo. Actúan para cumplir los prodigios del Uno.

III. Como todas las cosas fueron creadas por la Palabra del Ser, así todas las cosas fueron creadas a imagen del Uno.

IV. Su padre es el Sol y su madre la Luna. El Viento lo lleva en su vientre. Su nodriza es la Tierra.

V. Es el padre de la Perfección en el mundo entero.

VI. Su poder es fuerte si se transforma en Tierra.

VII. Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, pero sé prudente y circunspecto cuando lo hagas.

VIII. Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez.

IX. Esto tiene más virtud que la Virtud misma, porque controla todas las cosas sutiles y penetra en todas las cosas sólidas.

X. Éste es el modo en que el mundo fue creado.

XI. Éste es el origen de los prodigios que se hallan aquí [¿o, que se han llevado a cabo?].

XII. Esto es por lo que soy llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la filosofía cósmica.

XIII. Lo que tuve que decir sobre el funcionamiento del Sol ha concluido.

Tres-Iniciados-El-Kybalion

GLOSARIO ALQUIMICO

La CAJA de MÚSICA MAGIKA


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