octubre 18, 2009

Ballenas

Posted in Uncategorized a 10:06 am por Autor

 

Cuenta la mitología que cuando Odiseo se encontró con las sirenas hizo que sus hombres se taponaran los oídos con cera para que no pudieran escuchar su canto, pero no se taponó los suyos, ordenándole a sus hombres que no le prestaran atención, ni siquiera si les rogaba que remaran hacia ellas. Como medida de precaución, también se hizo atar al mástil logrando de este modo poder al fin escuchar el canto de las sirenas del que tanto se hablaba y sobrevivir en el intento.

Muchos científicos tienen la sospecha de que estas narraciones de marineros tienen su origen en el canto de la ballena jorobada. Existe un hecho muy importante para pensar que esto es así, y es que es muy poco probable que cualquier marinero que en esos tiempos oyese estos cantos los asociase a las ballenas, debido a que estas, al cantar bajo el agua, no se pueden ver y cuando están en la superficie alternado la respiración con el canto, este no es en absoluto perceptible. Además, incluso a pesar de nuestra sofisticada tecnología de registro acústico y de imágenes bajo el agua, en la actualidad aún es un misterio cómo es que la ballena jorobada produce estos cantos y por dónde los emite, siendo incluso muy difícil identificar qué individuo en particular es el que está cantando. El animal no exhibe ningún movimiento de la boca o la garganta (a diferencia, por ejemplo, de un ave), por lo que es imposible para un humano poder “ver” si están cantando. Desde una embarcación sin motor, tal cual eran las embarcaciones a remo y vela de la antigüedad, el canto se puede oír a través del casco y, debido a que el agua en la que flota el barco está vibrando, se produce una vibración en la nave que provoca que el sonido se emita hacia el oyente desde todos los puntos del casco de la embarcación. Esto significa que no se puede determinar cuál es la dirección desde la cual se origina el canto de una ballena, por lo que éste adopta fácilmente un carácter desconocido y fantasmal para cualquiera que lo escuche.

De hecho, las ballenas eran tomadas en la antigüedad como monstruos marinos (la palabra cetáceo proviene de cethus que significa monstruo) ¿Qué mejor que crear un mito aterrador basado en las voces extrañas y hermosas que se escuchaban mientras se estaba cerca de estos monstruos marinos que causaban tanto temor? Los cantos que los marineros describieron a Homero deben haber sido realmente misteriosos y hermosos, como lo son los que escuchamos hoy en día y que nos siguen cautivando y llevándonos a preguntas que aún permanecen sin responder conservando aún, por tanto, muchos de los mismos secretos que guardan desde los albores de los tiempos.

En la actualidad, a pesar de todas nuestras cámaras de video submarinas e hidrófonos, nadie sabe aún cómo hacen las ballenas jorobadas para cantar, ni siquiera se sabe en que parte de su cuerpo buscar el aparato generador de sonidos. Si bien es lógico pensar que utilizan el aire para producirlo, lo cierto es que no lo liberan cuando cantan, no se ven ni burbujas ni nada que indique que éste sale del animal mientras emite su canción. Quizás desvíen el aire hacia el interior del sistema respiratorio y las cavidades de la cabeza, pues se sabe que no es necesario que la ballena abra la boca para cantar.

Tampoco se sabe con certeza si las ballenas que permanecen separadas por miles de kilómetros debajo del agua están comunicadas entre sí, o qué es lo que realmente contienen sus mensajes, pero los datos disponibles apoyan la teoría que se mantiene desde hace ya unos 30 años que sostiene que las voces de las ballenas resuenan de un océano al otro. De hecho, los sonidos de las ballenas son tan fuertes y de tan baja frecuencia, que están “hermosamente diseñados” para viajar a grandes distancias. Por ejemplo, según el experto, Dr. Christopher Clark de la Cornell University, quien ha estado escuchando el océano con la esperanza de descifrar este enigma, los cantos de una ballena que está en el mar cercano a Puerto Rico se pueden escuchar en las costas de Terranova, a 2600 Km. de distancia.

De lo poco que se sabe, todo indica que nos enfrentamos a uno de los fenómenos más complejos de comunicación que existen en todo el reino animal. Estudios recientes, como el realizado por Suzuki, Buck y Tyack y publicado en el Journal of the Acoustic Society of America, demuestran que la comunicación en las ballenas está dotada de sintaxis, ya que utilizan unidades de sonido para construir frases que pueden ser combinadas para formar canciones que duran horas. La investigación, aunque no afirma que los cantos de la ballena jorobada cumplan con el rigor lingüístico necesario para poder hablar de un verdadero lenguaje, ofrece un nuevo acercamiento al estudio de la comunicación animal. En dicha investigación los autores aplicaron las herramientas de la teoría de la información para analizar los complejos patrones de los cantos de las ballenas, es decir su estructura y la cantidad de información que estos contienen, desarrollando un programa informático que aisló los elementos del canto de la ballena y asignó un símbolo abstracto a cada uno de estos elementos. Para medir la complejidad de una canción, Suzuki analizó la cantidad media de información acarreada por cada símbolo y luego preguntó a observadores humanos sin conocimiento previo sobre la estructura de los cantos de ballena que los clasificaran en términos de complejidad, redundancia y predictibilidad. El modelo generado por ordenador y los observadores humanos estuvieron de acuerdo en que los cantos están jerarquizados. Estos resultados confirmaron la teoría propuesta por primera vez por los biólogos Roger Payne y Scott McVay en 1971 sobre la estructura jerárquica del canto de la ballena. Si bien los autores encontraron en el canto de la ballena una sintaxis jerarquizada similar a la humana, Suzuki y sus colegas hallaron que los cantos de ballena acarrean menos de un bit de información por segundo. En comparación, los hablantes del inglés generan 10 bits de información por cada palabra dicha. Esto significa que para comenzar a comprender el fenómeno hay que entender que en estos animales, en palabras de Suzuki “su conciencia y su sentido de existencia están basados en los sonidos y no en la vista”, por lo que no es de extrañar que la comunicación sea muy distinta a la de los mamíferos terrestres. Con la vista y el sentido del olfato limitados en el agua, los mamíferos marinos son más dependientes en su comunicación del sonido, el cual viaja al menos cuatro veces más rápido en el agua que en el aire.

Por esta razón, los cetólogos del mundo entero están muy preocupados con la polución sonora o el “smog acústico” que existe en este momento en los océanos. Si pensamos que el ruido que producen los navíos se duplica cada diez años, esto significa que el mundo de una ballena se reduce a la mitad en este período de tiempo, es decir, que se empobrece su “visión acústica” en 20 años de 1600 km. a 400 km. En términos de nuestra especie, que depende principalmente de la visión, sería como si el mundo cada diez años se obscureciera el doble o las imágenes perdieran dos veces su nitidez. Esto hace que para las ballenas, presumiblemente, se limite el área en la que pueden navegar y encontrar tanto su comida cómo a sus compañeras. “Estamos lenta e inexorablemente levantando el tope del sonido ambiental de modo tal que sus mundos se achican hasta el punto en que dejan de ser funcionales”, cree el Dr. Clark. Tanto el ruido crónico de los barcos y los abruptos sonidos provenientes del sonar militar, alteran a la ballena y la llevan a que ésta emerja y se enferme con la descompresión (enfermedad del bends) provocada por los cambios bruscos de presión y que también provoquen su varamiento, es decir, que se desoriente y muera en las costas.

Espero que la humanidad sepa salvaguardar los ecosistemas marinos para poder comprender y seguir maravillándonos de uno de los comportamientos más enigmáticos y bellos del reino animal. El canto de la ballena ha inspirado a la humanidad desde los tiempos de los primeros navegantes hasta nuestros días y contribuirá a la mitología cosmológica de las civilizaciones que encuentren nuestras embarcaciones espaciales y escuchen los cantos de nuestro planeta azul recogidos en el disco de oro de las sondas espaciales Voyager, lanzadas en 1977. Estas naves, que tardarán 74.500 años en alcanzar las proximidades de la estrella más cercana a nuestro sistema solar, están llevando el canto de las ballenas al cosmos, junto con otros sonidos e imágenes que retratan la diversidad de la vida y la cultura en nuestro planeta. Este mensaje en la botella, grabado en sus discos de oro, tiene la esperanza de dar a conocer la existencia de vida en la Tierra a alguna posible forma de vida extraterrestre inteligente que lo pudiera encontrar y que cuente con la capacidad de poder descifrar, y aún más probable que eso, de “emocionarse” con el misterio universal de los sonidos de la tierra y entre ellos, el canto de la ballena.

Me atrevería a afirmar, “removido” de alguna u otra manera por la experiencia, que no hay nadie que al escuchar el canto de las ballenas jorobadas o yubartas, haya quedado indiferente. Cuando recién comenzaba a estudiar psicología inventé un pequeño cuestionario para saber qué sensaciones e imágenes experimentaba la gente de distintas edades frente a este canto. Recuerdo que gran parte de la gente aludía a cuestiones relacionadas con la nostalgia, la tristeza o lamento, la inmensidad, la profundidad, la noche, la luna, y el mar, por supuesto. Una vez, cuando trabajamos con niños que habitaban los sectores de extrema pobreza en Chile, utilicé los cantos de las ballenas como música de fondo durante una actividad de artes manuales y fue impresionante cómo se calmaron y concentraron en la actividad, cómo cambiaron y sincronizaron “su ritmo”, quizás con el ritmo lento del canto de la ballena. Roger Payne, el experto mundial y descubridor de estos cantos, no duda en afirmar que las ballenas aprenden o asimilan el ritmo de sus cantos del propio ritmo y sonido de las olas y corrientes del mar.

A pesar de todos estos años de investigación, quedan muchos misterios por resolver frente a este enigmático canto: ¿cómo esta formado?, ¿para qué sirve?, ¿cómo lo adquiere o aprende cada individuo?, ¿cómo habrá surgido y cambiado semejante comportamiento a lo largo de la historia del tiempo?, etc. En definitiva, cuál es su estructura y función, cómo se desarrolla y cuál ha sido su historia evolutiva. A mí, particularmente, me interesa la pregunta de cuál es la pauta o patrón que lo relaciona con la música humana, no solo en qué se diferencia o asemeja su estructura a nuestra música, sino también las razones evolutivas y ambientales de este fenómeno, y sobre todo por qué su canto esta compuesto por las secuencias más largas y complejas comparadas con cualquier otro cetáceo y posiblemente con cualquier otro animal no humano.

Básicamente, su estructura esta compuesta por una secuencia muy clara y diferenciable de sonidos, que pueden ser gemidos, crujidos, rugidos, suspiros, chillidos agudos y trinos, que conforman “frases” de aproximadamente quince segundos de duración. La ballena emite una de estas frases, repitiéndola varias veces antes de cambiar a otra nueva. Con cada una de estas secuencias de diferentes frases repetidas conforma lo que se denomina “tema”. Una serie de temas, finalmente, componen una ”canción”, que puede durar de cinco minutos a más de media hora,

Uno de los aspectos más interesantes es que la canción varía constantemente, ya sea cambiando el orden de los temas, excluyendo algunos o agregando otros nuevos. Se ha documentado que las ballenas conservan la última versión de su tema al finalizar la estación reproductora para la próxima temporada (en términos humanos sería la última canción de moda). Si bien la canción varía, existen temas que tienden a conservarse y que son compartidos por los individuos de todo el grupo, aunque se han encontrado individuos que cantan sus propias variaciones individuales sin tomar ningún tema perteneciente a la población de la cual provienen. De igual modo, se ha encontrado que cada población tiene un canto totalmente diferente y particular. Si bien las canciones cambian constantemente, conservan temas comunes y en la mayoría de los casos gran parte de los cambios introducidos por un individuo se transmiten al resto del grupo, por lo que las ballenas de Hawai cantan un tipo de canción y las de Bermuda otro totalmente distinto. Estos cambios se han observado a lo largo de estudios de más de veinte años, descubriendo que para una población en particular, la ultima versión de su canción no tenía nada en común con la de veinte años atrás, diferenciándose de la misma manera en la que se diferencian las canciones pertenecientes a distintas poblaciones.

Explicar un fenómeno siempre es más complejo que su sola descripción. Referente a la explicación sobre la variación de los temas, no cabe la posibilidad simplista de que esto se deba al olvido, puesto que la última versión se mantiene intacta hasta la siguiente temporada y los cambios ocurren durante el proceso de vocalización grupal. Además, últimamente se han encontrado cantores en zonas de alimentación y no de reproducción, como tradicionalmente se pensaba, por lo que las verdaderas funciones que cumplen los cantos aún son materia de discusión (incluso la división entre zonas de apareamiento, crianza y alimentación, no están tan claras como antes, debido a recientes estudios que grafican una gran variación y falta de correspondencia con lo esperado). También se ha visto que el canto llama la atención y atrae a otros machos y no solamente a hembras. A pesar de esto, las teorías mas aceptadas tienen que ver con la función reproductiva. Las ballenas jorobadas cantan generalmente en las aguas cálidas. Éstas latitudes bajas se han asociado a las zonas de crianza y reproducción y, ya que los cantores han sido identificados como machos, se deduce que una de las funciones más importantes del canto es atraer a la hembra con fines reproductivos. En este sentido, al igual que algunas aves, insectos, peces, anfibios y mamíferos, las jorobadas utilizarían este sistema para atraer a la pareja. Otra teoría, relacionada con este mismo hecho, es que la función principal de los cantos es la de desafiar a otros machos. Los machos familiarizados con la voz del cantor podrían decidir si es aconsejable arriesgarse a librar una pelea (de hecho los machos de jorobadas se pelean mucho, incluso hasta llegar a sangrar cuando compiten por las hembras). Una tercera teoría postula que los cantos sirven conjuntamente a ambas funciones.

Profundizando un poco más, el caso de la ballena jorobada puede compararse perfectamente con el del urogallo de la salvia, que supone un modelo mucho mas fácil de estudiar y que los etólogos han bautizado como sistema de arena (o lek). Éste consiste en la formación grupos de machos que se reúnen en territorios de cortejo, donde cada individuo realiza un despliegue de habilidades especificas que atraen a las hembras. Éstas acuden a estos territorios para elegir al macho con el cual van a copular, un macho fuerte y sano portador de genes que al ser transmitidos influirán en una crianza más exitosa. Si el caso de la ballena jorobada consistiera en este sistema de arena, entonces, el tipo de canto, su localización, entonación y duración serían factores que influirían en la decisión que tomaría una hembra para copular con un macho en particular. Quizás solo los machos sanos y fuertes (con los mejores genes) pueden cantar largas y complejas canciones. En este sentido, las hembras han seleccionado por siglos al macho que elabora las canciones más complejas y esto sirve como refuerzo social para que los machos creen y produzcan canciones cada vez más complejas. También serviría como refuerzo social el copiar la canción del compañero con más éxito reproductivo, de ahí la atención y atracción de otros machos hacia el cantante. Roger Payne cree que la imitación de los machos exitosos explicaría la convergencia de los machos pertenecientes a un mismo grupo en una canción similarmente parecida. Ahora, un aspecto importante que se descubrió en el urogallo es que la base sobre la cual la hembra juzga cuál de los machos del lek será el mejor padre para sus crías tiene que ver no solamente sus vocalizaciones y despliegues sino también, y en gran medida, con cuál es el macho más popular entre las hembras, aumentando con ello la probabilidad de que los genes de la cría de la hembra en cuestión estén “de moda” entre las crías de la generación siguiente (en términos humanos solamente basta con comprobar la atracción sexual y el éxito reproductivo que consiguen los músicos de rock, a pesar de los muchos casos en que es evidente su mal estado físico producto del abuso a las drogas y la alta posibilidad para las fans de contraer una enfermedad de transmisión sexual).

Pero todo esto deja sin explicar, en gran medida, el tema de la variación y es ahí donde aparece uno de los argumentos más polémicos, el cual sugiere que el modo de adquisición de estos cantos se debe a la transmisión cultural, es decir, a la información adquirida y mantenida vía aprendizaje social ya sea a través de la imitación o la enseñanza. Esto deja al canto de las ballenas jorobadas como uno de los mejores candidatos a la hora de encontrar rasgos semejantes al fenómeno de la “cultura” en otra especie animal distinta a la humana, una cultura que habita bajo el mar y que probablemente tiene 50 millones de años más de antigüedad con respecto a la nuestra.

Para finalizar todas estas reflexiones en relación al canto de la ballena y profundizando en su análisis desde el punto de vista musical, tanto en lo que concierne a su estructura como a sus funciones, me gustaría retomar la pregunta inicial que nos planteábamos al principio: ¿qué es lo que realmente diferencia y asemeja esta expresión vocal al canto y la música humana? Desde un punto de vista funcional, está claro que existen grandes y variadas diferencias. Por ejemplo, las ballenas, hasta donde sabemos, no tienen un lenguaje referencial, es decir, no emplean patrones acústicos específicos o fonemas para designar objetos. Esto implica básicamente que, a diferencia de los cantores populares, no podrían referirse a la injusticia social, al sentido de la vida, contar historias reales o ficticias o hablar del amor, entre otras cosas. A pesar de estas limitaciones, creo que quizás las ballenas puedan perfectamente expresar a través de su canto las emociones básicas que subyacen universalmente a la música humana y que según los biólogos modernos compartimos, al menos, con todos los mamíferos. Si el canto de la ballena cumpliera las dos principales funciones que se le atribuyen, la de cortejar a la hembra y la de competir con sus rivales, entonces, imagínense la cantidad de emociones expresadas implicadas en tales interacciones (piense en todas las emociones que siente y expresa cuando esta involucrado de alguna manera en un cortejo o en una pelea).

Por otro lado, en cuanto a la competencia directa entre machos, éstos no sólo presentan patrones de lucha entre ellos (intentos de hacer oír su canto por encima de los demás, tal como hacen algunas aves) sino que se dan comportamientos únicos en esta especie de “escucha” y no interrupción hacia los cantos de otros machos. Quizá el objetivo sea aprender esa melodía y posiblemente migrar a otra población vecina y cantar una canción o emplear algún tema o frase que ya probó atraer a otras hembras y que, por lo tanto, tiene mayor probabilidad de gustar y asegurar el éxito reproductivo en un nuevo grupo.

Si nos centramos en su estructura musical, ésta también presenta características muy interesantes en relación con la música humana. A modo de resumen:

  1. Emplean ritmos similares a los humanos.

  2. Constan de frases musicales de longitud similar a las nuestras y crean temas a partir de unas pocas frases antes de cambiar a un tema nuevo.

  3. La duración de los temas se halla entre una balada moderna y el movimiento de una sinfonía.

  4. Emplean intervalos entre sus notas que son similares a los humanos.

  5. Mezclan elementos de percusión o de ruido con tonos relativamente puros en proporciones matemáticas similares a la música sinfónica.

  6. La estructura se compone de presentación, desarrollo y retorno a una versión levemente modificada del tema original.

  7. La calidad de las notas muchas veces es la misma que las notas humanas.

  8. Emplean rima en sus cantos.

Todas estas similitudes entre el canto de la ballena y la música humana dan mucho que pensar, sobre todo porque ambas especies están lejanamente emparentadas (las líneas filogenéticas de seres humanos y ballenas han estado separadas durante decenas de millones de años) y viven en ambientes muy distintos. Tomando todo esto en consideración, sería esperable una mayor divergencia y, por lo tanto, grandes diferencias entre sus cantos y los nuestros. ¡Pero es justamente lo contrario!

Una explicación podría ser que una especie haya influido de alguna manera en la otra, lo cual es prácticamente imposible en este caso, ya que humanos y ballenas hace muy poco en términos evolutivos (solo unos centenares de años) que nos hemos escuchado cantar. Nuestra interacción con ellas es bastante reciente y lo más probable es que ambas especies permaneciésemos bastante tiempo ignorantes de la existencia del otro (las ballenas más bien conocían nuestras embarcaciones, no realmente a nosotros).

Esto deja como única explicación plausible al fenómeno de convergencia evolutiva, es decir, dos caminos muy distintos en espacio y tiempo que convergen en adaptaciones, formas o conductas muy similares (piense en el caso de los ratones marsupiales de Australia y los ratones del resto del mundo). Si esto fuera así, ¿cuáles son las fuerzas principales que afectan a la vida de las ballenas y de los humanos y que provocan que ambos cantos sean tan parecidos? Cualquiera que sea la respuesta, las ballenas nos dejan claro que estas fuerzas son bastantes más antiguas de lo que habitualmente se piensa, ya que por los registros fósiles es probable que las ballenas hayan estado cantando hace al menos 50 millones de años. Las ballenas seleccionaron los mismos sonidos y leyes básicas de composición musical millones de años antes que nosotros, y luego los humanos, de forma independiente, llegamos convergentemente a un camino similar de expresión sonora. Esto implica que muchas leyes de composición musical, y por lo tanto de simetría o matemáticas, atribuidas solamente a productos del intelecto humano, son millones de veces más antiguas que nosotros.

Quizás por estas similitudes es que nos emocionamos tanto, o al menos prestamos interés y curiosidad, al escuchar el canto de una ballena. Roger Payne, el descubridor de los cantos, compuso un disco denominado Whales Alive, junto a Paul Winter y Paul Halley, basado en la transcripción de estos cantos a las notas musicales que los componían, intentando armonizar con sus escalas, melodías y ritmos. El resultado es sorprendente: obras compuestas por ballenas pero arregladas e interpretadas por seres humanos.

Pero ¿y acaso al contrario no podría ocurrir algo similar? Nadie ha comprobado cómo reaccionan las ballenas si escuchan estas composiciones. Se ha probado con la Música acuática de Haendel con ballenas Francas pero estas no demostraron ningún interés. Quizás las jorobadas si lo hagan, quizás lo hagan ante música rock como se ha demostrado con tiburones o quizás lo hagan ante la música de Messiaen, músico que componía algunas de sus obras basándose en los cantos de los pájaros. De hecho, si uno acelera el canto de la ballena jorobada suena como un ave y, por el contrario, si uno disminuye la velocidad del canto de un ave, suena como una ballena. Parece que humanos, ballenas y aves compartimos una estética bastante similar a pesar de nuestro parentesco lejano.

Existen físicos que piensan que las galaxias provienen de la música, ya que lo que organizó las galaxias fueron “patrones de energía”, es decir, patrones de vibración, como los que se producen al hacer vibrar una cuerda o un instrumento de percusión o los que produce una ballena en el océano. ¿Llegaremos gracias a las ballenas a descubrir que estas leyes son compartidas con otras especies y quién sabe, con otras manifestaciones y la totalidad del universo? Quizá el canto de la ballena nos ayude a poder encontrar, o más bien reconocer el lenguaje universal, “la música universal” de la cual formamos parte y dejemos así de sentirnos tan aislados y fragmentados del resto de la creación.

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