septiembre 12, 2009

Un Recordatorio… Patch Adams; El Loco; El Genio; Nietzsche; El Jocker

Posted in Belleza, Uncategorized a 9:08 pm por Autor

A lo largo de los años, libros, cómics, chistes, cuadros, frases, y películas se ensamplan en tu interior tocando aquello que no podemos ver. La primera vez que veo una película, admiro el arte que se esconde tras ella, pero es el tiempo que transcurre el encargado de mezclar realidad y ficción. La película en cuestión; Patch Adams.

 

Y en palabras de Nietzsche: 

Nuestras auténticas vivencias no son en modo alguno parlanchinas. No podríamos comunicarlas, aunque quisiéramos. Les falta la palabra, y nosotros ya hemos dejado muy atrás las cosas que se pueden expresar con palabras.

 

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Hunter “Patch” Adams (Washington, DC, 29 de diciembre de 1943), médico estadounidense. Fundó el instituto Gesundheit! en 1971. Su vida fue la base en la cual se inspiró la película Patch Adams (Dr. de la Risa) con el actor Robin Williams interpretando el papel de Hunter.

Adams actualmente vive en Arlington, Virginia, donde promueve medios alternativos de sanación para enfermos en colaboración con el instituto. Es el inventor de la risoterapia con fines médicos y terapéuticos, y el responsable de la inclusión de ésta en la medicina moderna.

Patch Adams es también un activista social, diplomático, payaso profesional, actor y autor. Cada año organiza un grupo de voluntarios, de alrededor de todo el mundo, para viajar a Rusia como payasos, para traer esperanza y diversión a los huérfanos, pacientes y la gente en general. En 1998 también visitó Bosnia-Herzegovina, uno de los países de los Balcanes envuelto en un conflicto bélico. También se manifestó a favor del socialismo tal y como lo vio Albert Einstein. Se mostró muy crítico con la administración Bush, a cuyo presidente y vicepresidente calificó de “genocidas”. En 2005 visitó el Hospital Garrahan de Buenos Aires, Argentina, varios hogares infantiles del partido de San Martín (Buenos Aires) y el Pereira Rossell de Montevideo, Uruguay, en 2007 también se presentó en Ecuador: Quito y Cuenca en donde asistió al Instituto del cáncer SOLCA; visitó Perú con el Dr. Joe Pérez y la Dra. Evelyn Gamarra, Chile, donde ha dado conferencias en algunas universidades y Guatemala donde ofreció una conferencia para jóvenes universitarios y público en general.

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Y que ánimaL acompaña al Loco si no es su GENio…

Extracto de “EL OCASO DE LOS ÍDOLOS”

¿Qué es lo que nos dice de sí mismo el artista trágico? ¿No nos muestra precisamente un estado de ánimo carente de miedo frente a lo terrible y problemático? Ese estado constituye en sí una aspiración elevada; quien lo conoce le tributa los máximos honores; lo transmite, tiene que transmitirlo, si es que se trata de un artista, de un genio de la comunicación. El estado victorioso que el artista elige y glorifica es la valentía y la libertad del sentimiento ante un enemigo poderoso, ante una desgracia sublime, ante un problema que horroriza. Ante la tragedia, lo que hay de guerrero en nuestra alma celebra sus saturnales. El individuo heroico, que está acostumbrado al dolor y que sale a su encuentro, ensalza con la tragedia su existencia. Sólo a él le ofrece el artista trágico la copa de esa crueldad tan dulce.

Los pueblos que han tenido algún valor, que han llegado a valer algo, no lo han conseguido con instituciones liberales: lo que les hizo merecedores de respeto fue el gran peligro, que es el que nos hace tomar conciencia de nuestros recursos, de nuestras virtudes, de nuestras armas de defensa y de ataque, de nuestro ingenio e inteligencia, el que nos impulsa a ser fuertes… Primer principio: hay que tener necesidad de ser fuerte; de lo contrario, nunca llegaremos a serlo.

Mi concepto del genio. Al igual que las grandes épocas los seres superiores son materias explosivas en las que se encuentran acumuladas una fuerza extraordinaria; su condición histórica y fisiológica previa es que durante muchísimo tiempo se haya estado reuniendo, amontonando, ahorrando y acumulando hasta llegar a unos seres así, sin que durante todo ese dilatado proceso se haya producido ninguna explosión. Cuando la tensión existente en la masa ha llegado a ser demasiado grande, basta el estímulo más accidental para hacer que aparezca el «genio», la «acción», el gran destino. ¿Qué importan entonces el medio ambiente, la época, el «espíritu del siglo», la «opinión pública»?

Mientras que los grandes hombres son necesarios, la época en la que aparecen es contingente. El hecho de que casi siempre terminen adueñándose de ella se debe sólo a que son más fuertes y más antiguos, a que se han ido acumulando energías durante un mayor período de tiempo para que se concentren en ellos. Entre un genio y su época se da la misma relación que hay entre lo fuerte y lo débil, o que entre lo joven y lo viejo: la época es siempre, en comparación, mucho más joven, más floja, menos madura, más insegura, más infantil.

El peligro que hay en los grandes hombres y en las grandes épocas es inmenso, porque a ellos les sigue muy de cerca un agotamiento de todo tipo y una esterilidad. El gran hombre es un final; la gran época, como el Renacimiento, por ejemplo, es un final. El genio se derrocha por necesidad en su obra, en su acción; su grandeza radica en entregarse enteramente… El instinto de autoconservación queda en suspenso, por así decirlo; la arrolladora presión de las fuerzas que se desbordan le impide ponerse a salvo y hacer previsiones de cualquier tipo. A esto la gente le llama «holocausto», y alaba en ello el «heroísmo» del gran hombre, su indiferencia frente a su provecho personal, su entrega a una idea, a una causa grande, a una patria…; pero todo esto es fruto de un malentendido. El genio se derrama, se desborda, se gasta, no se ahorra, y ello de una manera fatal, irremediable, involuntaria, al igual que un río que se desborda y se sale de su cauce. Ahora bien, como es tanto lo que se les debe a estos seres explosivos, se les ha concedido también mucho a cambio: por ejemplo, una especie de moral superior. Así es como obra la gratitud humana: malentendiendo a sus benefactores.

El tipo del criminal es el de un hombre fuerte situado en unas condiciones desfavorables, un hombre fuerte que se ha puesto enfermo. Hubiera necesitado una selva virgen, una naturaleza y un modo de vida más libres y peligrosos, donde no hubiese habido más leyes que las armas de defensa y de ataque que adornan el instinto del hombre fuerte. Sus virtudes han sido condenadas por la sociedad; los instintos más enérgicos que son innatos a él se han mezclado pronto con las emociones depresivas, con el recelo, el miedo, el deshonor. Ahora bien, ésta es prácticamente la receta para degenerar fisiológicamente.

En nuestra sociedad domesticada, mediocre y castrada, un hombre que viene de la naturaleza, de las montañas o de correr aventuras por los mares, degenera fácilmente en criminal. O casi necesariamente ya que hay veces en que dicho hombre se muestra más fuerte que la sociedad.

Generalicemos el caso del criminal: pensemos en seres a los que, por cualquier motivo, les falta la aprobación pública, que saben que no se les considera ni beneficiosos ni útiles, que sienten al igual que el chandala, que no les tratan como a iguales, sino como a alguien que se le ha de marginar porque es indigno y mancha a quien se relacione con él. Los pensamientos y los actos de todos esos individuos tienen el color de quien vive bajo tierra; en ellos todo es más pálido que en quienes viven a la luz del día. Sin embargo, casi todas las formas de existencia que hoy veneramos, vivieron en otros tiempos en esa atmósfera casi sepulcral: el hombre de ciencia, el artista, el genio, el espíritu libre, el actor, el comerciante, el gran descubridor… Mientras se estuvo considerando que el tipo superior era el sacerdote se desvalorizó toda clase valiosa de hombres. Pero yo aseguro que ya está cerca el tiempo en que el sacerdote será considerado como el hombre más bajo, como nuestro chandala, como la clase de hombre más falaz e indecente de la tierra. Reparemos en el hecho de que todavía hoy, bajo el régimen de costumbres más suaves que haya existido jamás en la tierra, al menos en Europa, todo el que vive separado de los demás, todo el que está durante mucho tiempo por debajo, todo el que lleva una existencia extravagante e incomprensible, se parece al tipo que encuentra su máxima expresión en el criminal. Todos los innovadores del espíritu llevan durante algún tiempo en la frente la señal pálida y fatídica del chandala; y no porque se les considere así, sino porque ellos mismos notan el abismo que les separa de todo lo tradicional y respetado. Casi todos los genios atraviesan, como una etapa de subdesarrollo, una «existencia catilinaria», caracterizada por un sentimiento de odio, de venganza y de rebelión contra todo lo que ya es, es lo que ya no está en vías de ser. Catilina es la forma de existencia previa de todo César.

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